ENTREVISTAS EN LA NOR-PAMPA | CARLOS VALLE

"EL PERONISMO SE HIZO CARNE EN EL PUEBLO"

Carlos Valle (Buenos Aires, 1938). Economista, docente, historiador. Actualmente es el presidente de la Confederación General de Jubilados, Retirados y Pensionados.

A través de su vida militante sufrió el exilio (1962-1964), encarcelamientos (Rosario y Córdoba), allanamientos (1962, 1966, 1974, 1978) y distintas amenazas de muerte (1974, 1975, 1990, 2016 y en seis oportunidades en 2019). Sin embargo, nunca esas acciones amedrantaron en un ápice su espíritu de lucha y su amor, sin fisuras, al peronismo.

Nos encontramos con Carlos Valle en las intensas jornadas que se desarrollaron a lo largo de tres días (22, 23, 24 de agosto) en las instalaciones de MOJUPER. En ese espacio de tiempo entre cálidos saludos, intensos diálogos y el humo de los diferentes asados que se realizaron, concretamos esta entrevista. No fue fácil, ya que sus 84 años se desmoronaban ante la pasión para recordar a escritores, poetas, artistas plásticos, políticos, sindicalistas, estadistas, que conoció a lo largo de su vida. Si bien supo detenerse en el Dr. Ramón Carrillo, en Raúl E. Sampay, en Eduardo Galeano o en la figura del poeta cubano José Martí de quien demostró saber gran parte de los Versos Sencillos, hicimos eje en quien él considera como uno de los grandes hombres de la humanidad: Juan Domingo Perón.

 

¿Cómo conoció a Perón?
En realidad fue Perón quien me conoció a mí ¡No se ría! El me conoció en mi casa paterna, en ese solar natal ubicado en el Barrio de Flores en la calle José Martí 113. A ese lugar mi padrino el coronel Raúl Reyes lo había convertido en un lugar de encuentro en el que venían jóvenes oficiales “argentinistas”, es decir aquellos que no estaban dentro de la línea nazi o cipayos de Inglaterra. No eran nacionalistas como se los supo denominar, sino que se rotulaban argentinistas. Entre ellos el más joven, Juan Domingo Perón a quien mi padrino señalaba como «el de mayor porvenir». Allí me conoció este Hombre del Destino y me tuvo entre sus brazos cuando tenía dos o tres años.

¿Esa relación continuó?
Sí que continuó. Es que mi padrino Reyes fue de los primeros en saber que ese hombre estaba destinado a grandes cosas y también mi padre que provenía del yrigoyenismo y militaba en FORJA. Ellos hicieron que los hijos, sobrinos, los tíos se pusieran inmediatamente a su lado. Debido a eso yo visitaba continuamente la residencia presidencial ubicada en Agüero y Del Libertador, donde se encuentra en la actualidad la Biblioteca Nacional. Perón me tenía un gran cariño. Esto no pasó desapercibido al biógrafo Enrique Pavón Pereyra, quien me consultó si podía decir que yo era el hijo que Perón no tuvo. Le dije que no, que yo sólo tenía un padre a quien amaba a pesar de que lo conocí muy poco, ya que murió joven.

¿Sentía que era alguien especial ese Perón en el poder?
La verdad que no. Fue un Perón al que vi vestirse, peinarse, ensayar algún discurso. Seguramente, debido a la cercanía, no tenía noción de que era uno de los hombres más importantes de la humanidad. Tardé un buen tiempo en darme cuenta de que fuera alguien tan especial. Alguien que nos hizo sentir la Patria Grande, la Patria de San Martín, de Miranda, de Belgrano, de Moreno, de Bolívar, de Fidel. Alguien que fue considerado por los grandes estadistas del mundo, pero, por sobre todo, alguien que llegó de esa manera culminante al corazón mismo del pueblo.

Después de esos años de construcción en todo sentido, vino el golpe perpetrado por los enemigos de siempre. ¿Cómo le tocó vivir esos momentos?
Realmente fue algo muy, pero muy duro. Fue mi primer exilio en el cual conjuntamente Pablo Vicente, Luis María Albamonte, el escritor que escribía con el seudónimo de «Américo Barrios»; el periodista Guillermo Barrera Guzman, John W. Cooke, Andrés Framini, lo acompañamos al exilio. Con Pablo Vicente y Barrera Guzmán dormíamos con Perón en la misma habitación de hotel. Él lo hacía en una cama de dos plazas y nosotros en la de una. Ahí teníamos charlas interminables y Perón rompió la rutina de su vida que era la de no trasnochar y estar siempre en actividad a primera hora, repitiendo su conocida frase «al pedo, pero temprano»

En estos días de interminables mates, cebados por Pablo Vicente, Perón se lamentó de que esa hermosa rosarina, esa tenista incomparable, que fuera Mary Terán no aceptara compartir el amor que le tenía. Le había ofrecido casamiento ya en 1954. Personalmente creo que hubiese sido otro el destino del General, ya que esta mujer tenía ese carácter que la acercaba a Evita. Estoy seguro de que ella podía haber evitado que quedara envuelto en esa telaraña, en ese entorno miserable, en ese clima de conjura, que privó al pueblo de su guía.

¿Qué otros personajes solían presentarse a lo largo de ese exilio?
Entre los amigos que nos visitaban se encontraba de manera infaltable Cooke, una personalidad clave del Frente Nacional Popular y Revolucionario, los sindicalistas Sebastián Borro y Lorenzo Pepe entre tantos gremialistas y políticos. Uno que recuerdo fue Galimberti de quien el General supo decir «él no sabe que yo sé».  Lo dijo en referencia a que muchos espías y mercenarios lo visitaban, desconociendo que él los estaba sobrando y que les informaba lo que quería él que repitieran. Todo esto en ese largo periplo latinoamericano y del Caribe, antes de Madrid. Aquí fue donde aparecieron ese grupo de mediocres como Lastiri quien tocaba el piano, López Rega cantando boleros y la Chabela, que se metió en la cama del General.

Luego vendrá la etapa de Madrid en la Quinta «17 de Octubre». ¿Usted es en ese tiempo enlace de la Resistencia Peronista?
En 1956, fui designado por Perón enlace de la Resistencia, combinando tareas de información. Estuve en la clandestinidad hasta 1962, año en que nació mi hijo Carlos Alberto. En diciembre de ese año parto a Madrid, destino al que había viajado varias veces, desde que Perón se alojara en la calle Arce 13 y después definitivamente en la Quinta 17 de Octubre con María Estela Martínez. Perón estaba tomado por esa gavilla que tenían una misión guionada desde la CIA, tenía una libertad vigilada, sin embargo, pudimos hablar varias veces. En una de ellas le dije que Frondizi no, de ninguna manera.

–¿Por qué Pelusa?– me preguntó. (Perón fue el único que me supo llamar de esa manera).

Se lo fundamenté y le dije que era preferible Balbín porque si bien estaba equivocado decía lo que pensaba, lo decía de frente, mientras que Frondizi estaba dispuesto a la puñalada trapera, y le aseguré –¡Yo no lo pienso votar! Él me contestó con una sonrisa socarrona. –¡Y lo bien que hace!.

Después vinieron los años setenta. ¿Qué papel le tocó jugar dentro del peronismo en esos caldeados días del 73?
Fueron años de mucha lucha. De mucho movimiento en todo sentido. Fui Consejero Metropolitano y Nacional del encuentro Nacional de los Argentinos y participé del Movimiento de Defensa del Patrimonio Nacional junto al Dr. Raúl Sampay, milité contra Onganía, sufrí atentados, amenazas de todo tipo; y en el 73, apoyado por instituciones, partidos políticos, Unidades Básicas fui candidato a Intendente de Morón en la lista que llevaba a candidato a gobernador de Buenos aires a Luis F. Herrera (Alianza Popular Federalista).

A lo largo del 1974, fueron numerosas las amenazas, se produjo el saqueo a mi domicilio realizado por elementos de las AAA, sufrí persecución y la cárcel. Todo después de julio, del fallecimiento de Perón.

Después vienen esos años aciagos de la dictadura de 1976 a 1983, donde continúa esa metodología de la antipatria: asesinatos, secuestros, encarcelamientos, exilios, cesantías. Esa antipatria donde están los Martínez de Hoz, los Blaquier, los Videlas, los Magnetto, los Macri; sin embargo, no pueden erradicar del pueblo al peronismo ¿Por qué?
Es que, a pesar de todos esos mercenarios, los que vacían, los que entregan, los que fugan. A pesar de esos sicarios, de esos cipayos inmundos que hacen gala de la impunidad, de que todo lo pueden; no podrán jamás con el pueblo, que es decir no podrán con el peronismo, porque el peronismo está encarnado en el pueblo, se hizo carne en el pueblo.

Rafael Restaino

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