LA PLAZA. EL SUCESO. LA MEMORIA.

LA PLAZA

Cuando el jueves terminé de cenar, me empezaron a entrar mensajes al teléfono. Prendo la computadora y pongo algunos canales de TV en vivo.

La imagen el loop del intento de magnicidio contra CFK me conmueve hasta el aturdimiento. Aturdimiento que siguió hasta el día siguiente.

La convocatoria al feriado que propuso el presidente me pareció acertada. Nada más y nada menos, porque permitía darle cauce a una convocatoria que ya se venía oliendo en las horas previas: aquella que busca, aunque sea rudimentariamente, intentar simbolizar lo sucedido (digo rudimentario, porque creo que aún no termina de conformarse la real dimensión del suceso y sus posibles repercusiones, que pueden tender hilos hacia innumerables sentidos y que quizá no caben ni siquiera en las hipótesis del hoy).

En la plaza, en el cuerpo del otro, en el estar con otro, hay algo de mi y algo de cada uno de nosotros que se recompone.

EL SUCESO

Creo que la línea de análisis no tiene que quedar situada en la patologización del autor material ni tampoco creo que sea menos difusa la autoría intelectual del hecho.

Esos dos puntos se cruzan en el mismo sitio de la responsabilidad: porque la patologización individual desresponsabiliza a la trama colectiva que opera como marco que legitima esa práctica. Por otro lado, porque por Foucault y por Deleuze sabemos que el ejercicio de poder se vuelve cada vez menos disciplinar (que era la forma típica de la modernidad) para mezclarse con otros modos de captura de los sujetos. Esos nuevos modos se direccionan hacia la invisibilización de los puntos y sitios que manejan los hilos que modelan nuestras subjetividades, para aparentar que las acciones son «por motus propio».

Una pregunta que me parece central es: ¿cuáles son los discursos que legitiman esos sucesos?

LA MEMORIA

CFK está hace días en el centro de la escena, entre otras cosas, por el mamarracho de enjuiciamiento y las «pruebas» en su contra.

Desde las derechas (que parecen avanzar sobre el «sentido común») se intentó plantear un puente con el juicio a las juntas. Desde hace un largo tiempo, la disputa por el sentido de la historia reciente se ha acrecentado y aquello que considerábamos un piso democrático post dictatorial, se vio tambaleado por estas prácticas que deslegitiman ese piso de convivencia. Incluso, en ese puente que se buscó tender desde los medios concentrados de comunicación, se dijo que el fiscal Luciani era el nuevo Strassera.

El cierre del alegato de Strassera en ese juicio es el conocido: «Quiero utilizar una frase que no me pertenece, porque pertenece ya a todo el pueblo argentino. Señores jueces. Nunca más». En esa operatoria, Strassera lleva al espacio jurídico una frase que proviene del campo popular. Y «Nunca más» es la frase que esgrimió la gente que salió a la calle el viernes: nunca más a dirimir las diferencias políticas así.

Pero mientras que el movimiento desde los sectores populares es, desde las significaciones sociales hacia la institución judicial, el movimiento filo-derechoso se hace eco de las significaciones instituidas por la esfera jurídica. Son dos movimientos inversos: uno va desde el pueblo con su propia historia hacia la interpelación de las instituciones. El otro, desde lo instituido recalcitrante hacia la población.

Podemos pensar allí, en esa nueva parábola, la tensión en la disputa por el sentido de los acontecimientos.

Lirio Rocha

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