ENTREVISTAS EN LA NOR-PAMPA | GUSTAVO PÉREZ RUÍZ

“Dejar testimonio de una pasión como obrero de la comunicación social libre y democrática”.

El periodista Gustavo Pérez Ruíz nació en Pergamino el 21 de julio de 1960. Es hijo de Maria Erminia Gilli y José Pérez Ruíz. Sus hermanas son Mónica (Melliza) y Cecilia (Menor). Tuvo dos hijos con Susana Pagani: Nicolás y Luciana. En la actualidad su esposa es Bettina Biagi.

Cursó sus estudios primarios en el Colegio San José de los Hnos. Maristas y en la Escuela Normal Superior. En la Escuela Industrial hizo sus estudios secundarios. En la Universidad de la Plata desarrolló la carrera de Técnico Superior en Periodismo y Comunicación Social.

Desarrolló su profesión periodística por distintos medios llevando siempre bien alto el claro objetivo de un periodismo de derechos: derechos humanos, civiles, económicos, sociales, laborales, culturales, ambientales, originarios. En ese lugar se paró desde que supo la importancia de una profesión que puede comprometerse con una sociedad más justa, con seres humanos más dignos y naciones más libres y soberanas con desarrollo hacia la igualdad.   

¿Qué te fue llevando al Periodismo y a la Locución? ¿Quién o qué incidió en tu vocación? ¿A quiénes considerás tus maestros?

Durante la adolescencia experimenté un deseo y una necesidad de comunicación basada en el uso de la voz, prestar atención a los actos patrióticos y que se decía sobre la historia argentina, la lectura de libros, revistas y diarios, escuchar música y programas de radio, ver programas de TV periodísticos, concurrir a actividades culturales de la ciudad. Creo que fue una atmosfera, un medio ambiente que me estimuló en esas cuestiones intelectuales y humanísticas. Mis recuerdos me llevan a mi padre y su diversa colección de discos que incluía música clásica, jazz, zarzuelas, orquestas melódicas folklore, tango y modernos. Fuerte magnetismo sentía el escuchar los programas de Larrea («Rapidísimo») cuando me llevaba a la escuela a la mañana, a Antonio Carrizo («La vida y el canto») en la entrada al turno tarde al mediodía. Me llamaban la atención poderosamente más adelante Hugo Guerrero Martineitz. Juan Alberto Badía, Miguel Merellano, Omar Cerasuolo, Nora Perlé, Eduardo Aliverti… voces maestras cadenciosas, dulces, emotivas, reflexivas, heterogéneas, de distintos timbres y colores que improvisaban y leían con una calidad técnica impresionante. Mi vida estaba impregnada de los programas de TV de Pipo Mancera que se llamaba «Sábados circulares», hasta «Cosa Juzgada» de Gené, el teatro de Darío Vittori, y los noticieros infaltables de Mónica y Cesar Maseti y el Reporter ESSO a las once y media de la noche. Las visitas de mi abuela Juana (Catalana, de donde vino con mi padre a los catorce años desde España con el abuelo José), eran un ritual de espera. Llegaba martes y jueves a las nueve de la noche a cenar con «El Gráfico», «Antena» y «Billiken»… ah! y alguna historieta. A la noche leía La Razón Séptima Edición. La deducción de ese gusto por la lectura vino en la primaria con la exigencia de la lectura oral de las obras de narrativa, poesía e historia argentina que nos proponía la Sra. de Meuci, maestra de sexto de lengua. Y también de hacer la locución de los actos patrios en la Escuela Industrial, convocado por el gran profesor de dibujo Luis Digilio. Ya elegida la carrera de periodismo en los ochenta me marcaron las lecturas de Tomás Eloy Martínez, Rogelio García Lupo, Rodolfo Walsh y Juan Pablo Feimann, Rodolfo Matarollo. Y libros como las Venas Abiertas de Eduardo Galeano, El Diario del Ché, Jauretche, Andrés Rivera, Scalabrini Ortiz, Ernesto Sábato, Julio Cortázar, El Eternauta. Mi duda vocacional pasó por tres campos del conocimiento profesional: docencia, sociología y comunicación. Me decidí por esta última.

¿Tus primeros trabajos, los miedos, las incertidumbres, tus mejores notas?

Mis miedos profesionales tenían que ver con hacer buenas preguntas, respetar al entrevistado, no equivocar datos, ser exacto con las noticias, redactar con la mayor claridad y precisión. Y tener un buen lenguaje con riqueza de vocabulario. Eran muy técnicas mis incertidumbres. Y cuando llego la libertad de opinar, argumentar, fundamentar, cotejar fuentes, el mandato de ser veraz y honesto. O sea, la ética y la responsabilidad eran una voz extraña y profunda que sentía adentro mío. Arranque en Radio de Circuito Cerrado Más de Pololo Masagué. Leía noticias y hacia un programa de música y cultura general. Después se me abrieron las puertas (después de Malvinas), llegado de La Plata en LT 35 Radio Mon, para pasar por todos los roles, menos operador técnico desde l984. Informativista, locutor comercial, deportes, programa de música en FM, de folklore en AM, conducción de programas de interés general. El periodístico llamado Puertas Abiertas en la recuperación de la democracia con todos los aires de libertad y revisión de la dictadura cívico-militar tuvo los primeros contenidos de mi orientación hacia el periodismo político. Generó conflictos que se instalaron en la sociedad y el poder político y concitó acciones de defensa y solidaridad. Fue levantado del aire, por inconveniencias ideológicas y de época, aún en democracia. La falta de programa de radio produjo un movimiento social-político-cultural e intelectual para darle continuidad a la libre expresión mediante la versión revista «PUERTAS ABIERTAS» donde creo logré un salto en la madurez y profundidad de mis pensamientos editoriales y mis posicionamientos ideológicos sobre la realidad local y nacional donde no faltaban análisis de contexto histórico. Recuerdo esa etapa como la de mis mejores notas que dichas por radio hubieran tenido más alto impacto, pero la elaboración escrita de esos editoriales como «LOS JOVENES CONTRA LA PÁLIDA», «LA IGLESIA SE DIVORCIÓ», «EN ESTE PUEBLITO NUNCA PASA NADA», réplicas a la postura de Bernardo Neustad llamado «NO LO DEJAMOS AHÍ» por las privatizaciones. Fue una experiencia cargada de utopías, rupturista, autogestionaria y participativa de lectores y ciudadanos, además de periodistas. Mostrar el Pergamino que el periodismo no mostraba. Revelar, lo que no se quiere ver. Luego se abrieron otros horizontes y comencé mis experiencias en Canal 4, Canal 2, el quincenario «Viceversa», colaboraciones en los semanarios «La posta» y «El ciudadano». En radio me resultaron inolvidables las entrevistas al Dr. Julio Maiztegui coinvestigador de la vacuna contra la fiebre hemorrágica (la primera formal que hice y dos veces, porque no apreté bien la tecla del grabador), Estela de Carloto, Osvaldo Bayer, las coberturas y editoriales sobre los Juicios por la Verdad sobre los desaparecidos de Pergamino llamado Saint Amant II, el caso de la Familia Pomar, la primera concentración, movilización y marcha a Plaza Merced del movimiento «Ni una Menos», el primer juicio por Femicidio, y el Juicio oral y público por el primer caso de Trata de Personas.

¿Cuándo y cómo comprendiste la importancia de tu profesión?

Cuando supe la diferencia entre hablar de los otros, sobre los otros, y empezar a sentir y estar con los otros en los tensionantes momentos de dolor humano e injusticias sociales. La importancia de la profesión como poder en un juego de poderes, como responsabilidad social y política y como servicio humano en un sistema mediático-cultural en un contexto de intereses lo descubrí en mi conciencia primero como ciudadano histórico y luego traducido a un ¿para qué de la profesión?… con momentos complejos y fuertes, positivos y duros. El significado de un periodismo influyente en dialéctica con el poder o los poderes tuvieron que ver con el hecho Malvinas, la salida de la dictadura, la búsqueda de memoria verdad y justicia.

¿Qué momentos buenos o complejos te toco vivir como periodista?

Entre los momentos buenos o complejos se encuentran el levantamiento del programa de radio, el levantamiento carapintada, el enojo de los intendentes a un periodismo crítico que ejercíamos, las crisis económicas-sociales-laborales de los noventa, el 2001, las inundaciones en Pergamino, el nacionalizado Caso Pomar, familia fallecida en un accidente, las audiencias de Juicio Saint Amant II en el Concejo Deliberante, donde se reconstruyó la vida y la lucha de nuestros desaparecidos. El espejo retrovisor me devuelve mi estar ahí, en esos lugares, en esos momentos, para informar, pero también para decir de qué lado estás en esos acontecimientos. En mi profesión hay quienes están del lado del periodismo de intereses y quienes están en el periodismo de derechos, derechos humanos, civiles, económicos, sociales, laborales, culturales, ambientales, originarios. En este último me paré desde que supe la importancia de una profesión que puede comprometerse con una sociedad más justa, seres humanos más dignos y naciones más libres y soberanas con desarrollo hacia la igualdad.

Pérez Ruíz íntimo

¿Cuáles son los temas musicales que más te han emocionado o que más te sensibilizan?

Federic Chopin, obras para piano; Astor Piazzolla, «Las cuatro estaciones”, «Suite Troileana», «Libertango»; «Un día de paz», «Jeanne y Paul»; «Pynandi» Chango Spasiuk; «Electroplano», Jaime Torres; «Solo» Jorge Fandermole; «Amapola» Duende Garnica; Franco Luciani. «Ese amigo del alma» Lito Vitali; «Celador de sueños» Mercedes Sosa; Piazzola–Mulligan «Años de soledad»; «Cinema» Peteco Carabajal; Joan Manuel Serrat «Uno de Aquellos», »Romance del Curro, el palmo»; la cantante de jazz Diana Krall; «Padre e hijo» Cats Stevens; Aurorita Feliu ”Aurora de los Andes»… entre otros…

¿Una película?

La profesora de piano, El pianista, La vida es bella, El árbol de los suecos, El sabor de las cerezas, Lo que queda del día, Lo que se llevo el viento (Turca), El hijo de la novia, Garaje Olimpo, El niño con pijamas a rayas.

¿Un pintor?

Osvaldo Guayasimin, Antonio Berni, Ricardo Juárez.

¿Un actor, una actriz del teatro nacional?

Julio Chávez «Yo soy mi propia mujer». Érica Rivas «Escenas de la vida conyugal».

¿Un libro?

«Patas para arriba» Eduardo Galeano, «Rayuela» Julio Cortázar.

¿Te reconoces a esta altura un maestro en lo tuyo?

Si hay discípulos que así lo crean y lo digan será la respuesta a ésta pregunta. No fue, ni es mi objetivo enseñar. Fue vivir intensamente y dejar testimonio de una pasión como obrero de la comunicación social libre y democrática.

Rafael Restaino

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