MUJER MIRANDO AL SUDESTE

 “¿Quién mejor que las locas, sin duda las más crueles de las brujas, las que más castigo han recibido, las que menos tienen que perder?” Kate Millet

Al inolvidable Hugo Soto (Rantes) (1)

En 1986 el cineasta Eliseo Subiela(2) estrenó su obra maestra Hombre mirando al sudeste, en la que esboza una mirada crítica al mundo deshumanizado del manicomio y muestra una sociedad que emergía tras años de represión de la dictadura más atroz. Beatriz, la única conexión de Rantes con el mundo exterior, para ingresar al templo del dios loco se quitaba los zapatos y los cambiaba. Les invito a quitarse los zapatos y calzarse los de Ada, Camille y Virginia, porque vamos a estar un tiempo con ellas abrazando los sentimientos de sus universos interiores, cuyos destinos se entrecruzan por sus sensibilidades, experiencia loca y producción creativa.

Ada Falcón

Ojos brujos

Nace en 1905, hija de una madre sobreprotectora y un padre al que no conoció. Con un registro de mezzosoprano, se distinguía de las voces agudas y finitas que estaban de moda. Se convirtió en una de las precursoras que pusieron voz de mujer al tango. Discépolo decía que “era tan hermosa que daba miedo mirarla”, tenía unos enormes ojos verdes y llorosos que el propio Gardel besaba mientras le decía “piba, piba hermosa enséñame a cantar”. Se la conoció como “La joyita argentina” a los 5 años y luego «Emperatriz» y «Sacerdotisa» del tango imponiéndose a fuerza de talento en un territorio conquistado por los hombres.

“Recordaré la noche azul en que te vi en el jardín primaveral de la ilusión”(3)

En el 29, conoce al hombre de su vida, Francisco Canaro, compositor de tangos, violinista y director de orquesta, ella tenía 24 años y él 41. Formaron un dúo inigualable, grabaron más de 180 canciones y tuvieron un apasionado romance que duró más de 10 años. Escribió un vals para Ada al borde del amor, el encanto y la eternidad, «Yo no sé qué me han hecho tus ojos».

La agonía de Ada fue que Canaro estaba casado. El mito coloca más de una versión sobre la separación de la pareja en el 38: Canaro nunca dejaría a “la francesa” por no repartir el dinero, el engaño con la hermana mayor de Ada, Adhelma, y la francesa apuntándole con un revolver. Ahí comienza el doloroso proceso de su temprano retiro, los largos encierros.  No actuaría más ante el público, las fobias no se lo permitían y grababa sus canciones con un velo que la tapaba, no podía ver sus propios músicos. Sin comprender su declive la trataban de “excéntrica vanidosa y arrogante”. Por entonces se refugiaba en la iglesia de Pompeya y hablaba con las imágenes religiosas.

A los 37 años, graba sus últimas canciones, el tango “Corazón encadenado” y el vals “Viviré con tu recuerdo” (ambos de Canaro). Ada ensombreció para siempre. Malvendió su casa, repartió sus bienes y se recluyo junto a su madre en Salsipuedes, un pueblito de Córdoba, entregada al misticismo -en Sal si puedes-. Nadie volverá a oírla cantar, nadie volverá a ver sus ojos verdes.  Puta a los 20 y monja a los 40, así se hablaba de Ada en una Argentina mucho más patriarcal que la actual, en la que la culpa de una mujer por ser libre podía convertirse en condena a la soledad perpetua. El gran amor hacia Canaro devino en odio, pensamientos persecutorios, locura. Paso 60 años de su vida en ese ostracismo y muere a los 96 años en un geriátrico religioso cerca de Cosquín. El cementerio de la Chacarita aloja sus restos, a metros de Canaro.

“Viviré de las horas pasadas mi sublime novela de amor…Recordaré de tu querer la inmensidad…me cubrirá un velo gris de desazón”

Camille Claudel

“Me he hundido en un abismo”

Su madre, tras el duelo de su primogénito, no acepta la llegada de Camille aquel 8 de diciembre de 1864. Empeñada en dedicarse a una disciplina aún menos feminizada que la pintura, elije esculpir con un deseo arrasador. Se instala en París y es admitida en la Academia Colarussi. Se destaca por un talento desbordante y por mujer. No pasa desapercibida en aquel París iluminado con el sol impresionista de Monet y la noche alocada de Toulouse Lautrec. La ciudad empezaba a parecer muy loca, pero Camille aún no sospechaba que iba a estar en línea con ese desorden.

El escultor Auguste Rodin ya había presentado El pensador y trabajaba en Las puertas del Infierno cuando llega a Colarussi.  Poso sus ojos en Camille. Él tenía 43 años, ella 19. A los pocos meses, ella formaba parte del equipo de ayudantes, hombres, de Rodin. A la vez ella trabajaba por fuera en piezas como El eterno ídolo, El beso, La aurora y El pensamiento. Se convierten en amantes y cada uno en el modelo del otro. Generan obras poderosas de una extraordinaria pureza. La relación entre ellos alcanzó la fiebre del naufragio. El desprecio, las falsas promesas de establecerse juntos, el aborto inducido, las suspicacias de los otros, todo era tormento y deseo. Rodin, se mantuvo junto a su mujer, Rose Beuret. La perfidia fue insuperable. La comunidad artística pone en duda su talento al estar siempre bajo la sombra de Rodin. Sufre el peso de una sociedad machista y prejuiciosa en donde una joven hermosa y frágil no podía ser única autora de esculturas como su bella Sakountala. Camille, asentada ya en el desamparo, comenzó a albergar destellos de paranoia. La última de las piezas que realizó fue ‘La edad madura’, un bronce feroz donde una mujer joven, desnuda y de rodillas suplica a un hombre que se aleja, toda una alegoría de su existencia. Estaba en la cumbre de la desesperanza abandona a Rodin. En esta pérdida su mente se rompió.
Alquila un pequeño estudio que llena de esculturas, paranoias y gatos. En 1905, en la última de las exposiciones en que participa, empuña un martillo y golpea sus esculturas con furia. Quiere borrar todo rastro, no quiere más recuerdos en su memoria. Dejó de comer por miedo a ser envenenada. Dejó de salir. Dejó de preocuparse por el mundo. En 1913 muere su padre, su protector. Su madre envía enfermeros, tiran abajo la puerta de su taller y le colocan una camisa de fuerza para ingresarla al manicomio de Montdevergues. Fue diagnosticada como paranoide «con una sistemática manía persecutoria». Su madre escribe al médico: “tiene todos los vicios, no la quiero ver, nos ha hecho demasiado mal”. Dejó de esculpir. Dejó de hablar. Dejó de soñar. Dejó de vivir. Privada de visitas, de correspondencia y de relación alguna con el exterior perdió su libertad, su belleza y su arte. La única rebelión posible, su único poder, era dejar de crear. Cuando solicitaron a sus familiares reintegrarla a la familia, su madre y su hermano, el poeta Paul Claudel, se negaron, paso allí 30 años. Murió un otoño de 1943. «No he hecho todo lo que he hecho para terminar mi vida engrosando el número de recluidos en un sanatorio, merecía algo más». Fue enterrada en una tumba sin nombre, y luego desaparecida cuando en ese mismo lugar se proyectó la ampliación del pabellón del manicomio.
Pasó mucho tiempo para que su talento como escultora fuera reconocido y sobrevolara su relación con Rodin. La existencia de Camille Claudel, con esos ojos azules como el mar, fue más allá en el arte, el amor y la destrucción.

Virginia Wolff

“No hay barrera, cerradura ni cerrojo que puedas imponer a la libertad de mi mente”

Nació en Londres el 25 de enero de 1882, en el seno de una familia en el que se respiraba arte, política y un ambiente tan liberal como complejo. Su infancia fue apacible, pero dio un vuelco a los 13 años con la muerte de su madre. Una crisis que no hizo más que empeorar dos años después con la muerte de su hermana Stella y, posteriormente, con la muerte de su padre. Más allá de estas despedidas, Virginia tuvo que lidiar con abusos sexuales por parte de dos de sus hermanastros (hijos de un matrimonio anterior de su madre). Estaba a punto de cumplir los 23 años y ya había intentado suicidarse por primera vez. No lo consiguió, pero sufrió una fuerte crisis nerviosa por la que tuvo que ser ingresada durante un tiempo en un psiquiátrico presa de una infinita melancolía.

Virginia y tres de sus hermanos decidieron mudarse tras la muerte de su padre y empezar de cero. Todos ellos formarían el grupo que se conocería como Círculo de Bloomsbury. Se abrió un mundo en el que conoció nociones sobre igualdad, feminismo, homosexualidad y bisexualidad, así como la importancia del pacifismo y del ecologismo. Se casa con Leonard Woolf, político, escritor y editor de quien adoptó su apellido. En su inmensa obra se encuentra Un Cuarto Propio, escrito en 1929, condensa en forma magistral sus reflexiones acerca de la situación de las mujeres en la Inglaterra de la época, y describe la relación entre hombres y mujeres, en la sociedad patriarcal, la subordinación femenina al mundo masculino tanto en lo político como en lo económico y social. Virginia conoció a la escritora Vita Sackville-West, con la que mantuvo una relación amorosa. A ella le dedica el libro Orlando. Vita expreso: “la carta de amor más larga que se haya escrito jamas”.
Sus crisis nerviosas, así como sus circunstancias personales, influyeron en su forma de crear personajes, pues todos ellos dejaron trazos del estado psicológico de su autora. La escritura siguió siendo la tabla de salvación de Virginia, pese a que muchos médicos relacionaron su enfermedad con su deseo de escribir. Con la llegada de la Segunda Guerra Mundial, fue metida en una lista negra de los nazis, aunque esto ella nunca lo supo, lo presentía.  El 28 de marzo de 1941, incapaz de hacer frente a su desesperación, se puso el abrigo y despojándose de su bastón, llenó los bolsillos de piedras y se adentró en el río Ouse. Cumplió así con lo que narraba en su premonitoria obra Fin de viaje unas décadas antes. Virginia Woolf, la escritora que dio voz al feminismo y a la melancolía se había quitado la vida. ¿Por qué llamar a esto depresión?, ¿por qué no llamarlo dolor?

Si es necesario usar una palabra para definir el sentimiento por Ada, Camille y Virginia, entonces la palabra es gracias.

Feminismo loco

“Ojalá nadie me hubiera dicho que estoy loca. Entonces no lo estaría”(4)

Desde la recuperación de las voces silenciadas comienza la construcción de una genealogía de la locura en que las locas son las protagonistas exponiendo vivencias de encierro y segregación.  El libro «Memorias de una loca» de Hersilie Rouy, en 1883, relata los procedimientos psiquiátricos a los que fue sometida bajo la etiqueta diagnostica de «locura moral». Kate Millett escritora feminista, varias veces ingresada en manicomios, diagnosticada como maníaco-depresiva y medicada contra su voluntad, escribe «Un viaje al manicomio», en 1980. Una narrativa autobiográfica potente con una dedicatoria: «Para los que han estado allí». Comparte el padecimiento y el deseo de transformar su experiencia personal en colectiva. En consonancia con aquel lema “Lo personal es político”.

Se inicia un camino de denuncia sobre las mujeres diagnosticadas, contribuyendo a imaginar maneras de resistencia colectiva en clave feminista y surge el feminismo loco, en los 70, desde el hastío de ex pacientes y sobrevivientes de la psiquiatría se presentan como identidades oprimidas en el campo de la salud mental, bajo un modelo de dominación patriarcal y cuerdista, desde la comprensión de la locura como expresión de la transgresión y rebeldía frente a las restricciones impuestas por los mandatos de género.

En estos tiempos, las disidentes psicosociales están recurriendo a una narrativa feminista, en las que se hacen cargo de una manera de existir: “orgullo loca”. Colectivas feministas en diferentes países se arropan en resistencia y producen cruces con los saberes desde una academia medio enloquecida. Señalan la creciente medicalización de la subjetividad femenina y las prácticas de violencia psiquiátrica, afirman que el consumo de psicofármacos muestra mayores niveles de dependencia a estas sustancias por parte de las mujeres, como una estrategia de disciplinamiento de los cuerpos femeninos para mejorar su productividad y flexibilidad.

Como no escuchar en estos días la voz de la princesa del pop Britney Spears(5): «Han hecho un buen trabajo explotando mi vida», refiriéndose a la tutela de su padre que se le impuso hace ya 13 años cuando su salud mental y su estabilidad emocional comenzaron a desmoronarse. A la campaña #FreeBritney, se suma Madonna: «Devolvedle la vida a esta mujer. ¡La esclavitud fue abolida hace mucho tiempo! Muerte al patriarcado codicioso que ha estado haciendo esto a las mujeres durante siglos ¡Esto es una violación de los derechos humanos! ¡Britney, venimos a sacarte de la cárcel!».

El feminismo loco se propone construir una subjetividad colectiva femenina del siglo XXI que recupera la historia de las brujas / locas como parte de la memoria, siguiendo una apuesta política que consiste en rescatar el apelativo a la manera que lo propone Judith Butler(6)Podríamos subvertir la perfomatividad del termino y vanagloriarnos de ser brujas locas”.

LLORONA(7)
Hospital, dijo. Dijo hospital.
Yo sólo me apretaba las manos para volver a mí, a mi olvidado cuerpo que era lo único que iba a salvarme del huracán. Yo sólo me apretaba. Autolesión, dijo luego. ¿Qué significa autolesionarse al fin y al cabo? como si no pudieras. Como si estuviera mal. Seguro que clínicamente abortar es una autolesión. Y bien que lo defendemos. Porque lo que defendemos es que nuestro cuerpo es nuestro. Es más, nuestro cuerpo somos nosotras. Así pues, que cada una haga lo que quiera. Se lo tatúe, se lo lesione, se lo acaricie, se lo coma. Estoy harta de los juicios. Los juicios encubiertos. Hospital, autolesión. Estás loca. Loca, loca, loca. Estás tan loca que mira cómo me pongo. Estás tan loca que no sé qué hacer. ¿Por qué tienes que hacer algo? No tienes que salvarme. No se puede salvar a alguien de nada.

Hombre Mirando al Sudeste - Monólogo del loco

(1) Hugo Soto (1953-1992) Actor. Interpretó a Rantes en el mismo Borda, donde había estado internado su padre.

(2) Director de cine, guionista 1944-2016. Es reconocido por sus películas Hombre mirando al sudeste, Últimas imágenes del naufragio y El lado oscuro del corazón, entre otras.
(3) “Viviré con tu recuerdo” Vals. Música: Francisco Canaro Letra: Ivo Pelay.
(4) Kate Millett (1934-2017) escritora, profesora, artista y activista feminista radical estadounidense. Su obra: Política sexual La dialéctica del sexo, a política de la crueldad: un ensayo sobre la literatura del encarcelamiento político entre muchas otras.
(5) Mientras escribía este artículo, se conoce la noticia de que Britney gana el juicio a su padre. https://www.pagina12.com.ar
(6) Judith Pamela Butler​(1956) filósofa posestructuralista judeo-estadounidense que ha realizado importantes aportes en el campo del feminismo, la filosofía política y la ética, habiendo sido una de las teóricas fundacionales de la teoría queer. Autora de El Género en disputa. Feminismo y la subversión de la identidad (1990) y Cuerpos que importan: Sobre los límites materiales y discursivos del sexo.
(7) La Mandrágora, Publicación Feminista Antipsiquiátrica, en 2015 colectiva BUCLES, Barcelona.

Mónica Filippini | Psicoanalista

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