OCTUBRE NEGRO

Leo una nota en un diario, de esas que te aparecen según los algoritmos que el dios Google te oferta según tus supuestos intereses de acuerdo a tus hurgueteos en la red.

La nota me impacta, me estremece, no porque no sepa de esas cosas, sino porque son las que no dejan de doler, porque 530 años lleva la herida y porque sangramos generación tras generación.

La nota dice Tres niñas wichí fueron separadas de sus padres[1]y la nota habla de una realidad de abandono, de desnutrición, de explotación, un lugar donde ni se dispone de agua, un lugar en el que todos los integrantes de esa familia están ultrajados, los cuerpos marcados por esa historia de exclusión, sometimiento y segregación; solo que estalla en el cuerpo de la personita más pequeña, la bebé que no se sabe exactamente cuántos meses tiene porque no está registrado su nacimiento en el Estado, el mismo Estado que no los registra. Ese Estado del que huyen guareciéndose en el interior del monte porque esta gente sabe de lo que hace 530 años que no deja de pasar. La escritura de la mano de la periodista, Laura Urbano, a quien no conozco, transmite la complejidad de estas realidades. Me hace pensar en muchas, muchas cosas. Conocí hace casi treinta años mujeres de las comunidades vecinas de Pozo el Toro, aún recuerdo sus relatos que no dejan de ser actuales, entre otras situaciones, cuando se trataba del acceso a la salud.

Segregación, segregar es un modo de negar la existencia y a la vez reafirma un adentro y un fuera de. Se rechaza lo que se niega, no es ni más ni menos que el tratamiento, el trato que reciben estas personas, que son nuestros ancestros, que llevan la sangre de los primeros de estas tierras, los que debieran ser el orgullo y parte de la política de cuidado más extremo, nuestra dignidad, está siendo una y otra vez, interminablemente avasallada.

En esta edición de La banquina, en este dossier, otra nota me aporta un concepto para nombrar esto que no deja de pasar y nos da la razón en insistir. Esa nota «Apuntes sobre una lucha por la tierra» de Paola Colombero, me agrega a la intuición, a la reflexión crítica que siempre me tiene con los pies, mis pies en esta tierra desde donde pienso y siento el concepto de proceso de genocidio, así se nombra a lo que no está atrás porque no pasó, no termina de pasar. La nota de las tres niñas wichis muestra una herida que no cierra porque no solo sigue abierta como las venas de América Latina, sino que se profundiza cada vez.

 [1] Diario Página 12 extraído de https://www.pagina12.com.ar/487914-tres-ninas-wichi-fueron-separadas-de-sus-padres

Griselda Enrico

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