EL LENGUAJE EN LA HISTORIA, UN INSTRUMENTO PARA CONSTRUIR IDENTIDAD

La Historia ata al lenguaje a un tiempo concreto. Permite explicar con qué sentido algunos hombres hablaban de Patria y con que otro sentido, diametralmente opuesto, pronunciaban la misma palabra.

La Historia describe el contexto desde el cual cada hombre se expresa y explica e interpreta la carga de significados que contienen. Desde esas dos coordenadas de tiempo y espacio, que vuelven los hechos tan únicos e irrepetibles, se puede entender el porqué de las diferencias.

La realidad muestra como cada uno de nosotros acciona enancado a una matriz de pensamiento. Este es un marco referencial a partir del cual se interpretan los distintos fenómenos sociales ocurridos a lo largo del tiempo, y es, desde ese lugar, que se buscan las respuestas que exige el presente.

La matriz de pensamiento es una construcción social que elabora su andamiaje sostenido en el tiempo y le presta al lenguaje una significación que denuncia, desde donde se habla, desde donde se expresa. Aparecen así esos grandes diferenciadores como son la raza, el sexo, las clases sociales. Según desde donde se emitan las palabras estas cobrarán diversos sentidos y significados.

Al avanzar en las formas como se fue construyendo el pensamiento de América fue posible mostrar la significación que determinados conceptos tuvieron en la construcción de nuestra región. Los ejemplos seleccionados serán: el concepto de indio, de gaucho. Sobre cada uno de ellos se analizaron algunos de los lugares desde los cuales fueron definidos y las interpelaciones que ellos provocaron.

La historia de nuestro continente tan bello, tan diverso, tan iluminado de colores, y nosotros, su pueblo que desde hace 40.000 años venimos construyéndolo, nos decimos palabras y nos desdecimos de otras, en esa eterna lucha entre dominar y ser dominado. Pero este discurso dice Foucault es inacabado. “El discurso manifiesto no sería a fin de cuentas más que la presencia represiva de lo que no se dice, y ese “no dicho” sería un vaciado que mina desde el interior todo lo que se dice.”

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Galeano desde otra mirada reafirma lo de Foucault cuando dice en: Puntos de vista/8 Comenzaré con el proceso de conquista que se da a partir del siglo XV en América.

Quien conquista, Carlos I de España a través de una Real Orden en 1523.

Ordenamos y mandamos a nuestros Virreyes, Audiencias y Gobernadores de las Indias que derriben y quiten ídolos, adoratorios de su gentilidad y sacrificios y prohíban con graves penas a los indios idólatras y comer carne humana, aunque sean prisioneros o muertos en la guerra, y hacer abominaciones contra nuestra Santa Fe Católica y haciendo lo contrario lo castiguen con mucho rigor.

En la Orden la centralidad está dada por la acción de evangelizar, pues es lo que legitimó la conquista. En caso de resistencia se justifican todos los castigos y con ello la coerción y el disciplinamiento.

Dado que en los pueblos la religión ha sido el sustento y eje de todas sus acciones, quitarle ese sustrato básico era dejarlos a la población en un duro vacío, que fue reemplazado por los conquistadores con una religión que justificaba la explotación ejercida sobre los conquistados.

En América el sistema productivo se organizó alrededor de la mano de obra indígena, a la que se agregará más tarde la mano de obra esclavizada que fuera traída de África. 1 Foucault,Michel, La arqueología del saber, Buenos Aires, SXXI, 2002. p. 40.

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Las formas productivas, especialmente en la minería, utilizaban un bagaje tecnológico muy pobre, por lo tanto, el éxito de los resultados descansaba sobre la explotación laboral del indio.

A través de la palabra el conquistador buscó legitimar y justificar una explotación inhumana. Así surgen voces como la de Ginés de Sepúlveda que en su “Tratado sobre las Justas Causas de la guerra contra los indios” dice:

“Con perfecto derecho los españoles ejercen su derecho sobre estos bárbaros del Nuevo Mundo e islas adyacentes, los cuales, en prudencia, ingenio y todo género virtudes y humanos sentimientos son tan inferiores a los españoles como los niños a los adultos…finalmente, estoy por decir en cuanto a los monos a los hombres”

A esto se sumaba las diferencias en las formas organizativas del trabajo de un pueblo y otro. Los europeos estaban inmersos en pleno proceso de formación del capitalismo que enfatizaba la búsqueda individual del lucro. Los pueblos originarios por el contrario sostenían el colectivismo de la economía. El conquistador, por lo tanto, acostumbrado a la iniciativa privada, caracterizaba a los indios expresando:

“No son estas gentes las que se mueven por interés”

Estas dos matrices de pensamiento tan disímiles empujaban a los españoles a decir de los indios “son perezosos y proclives al ocio y llenos de vicios”.

La palabra pereza se machacó hasta la exasperación y el europeo pudo modelar el alma del pueblo americano conquistado sobre esta certeza. Y hoy la Historia revela que en el Cerro Rico de Potosí hay en sus entrañas ocho millones de perezosos. Ocho millones de perezosos que no soportaron las extenuantes jornadas en el socavón de la mina.

La palabra y siempre la palabra, herramienta ineludible para hacer del hombre el ser más lleno de creatividad o transformarlo en el más doblegado, en el más humillado.

¿Qué otra herramienta se utilizó para dominar y convertir a los pueblos originarios en un engranaje de la aceitada maquinaria de trabajo? En primer lugar, un durísimo sistema represivo al que se sumó una forma más sutil pero no menos eficaz como fue prohibir el uso de la lengua de origen y obligar el uso del castellano. Colombres explica que detrás de cada lenguaje hay una cultura que termina y empieza en el habla. El hablar en una lengua que no se domina hace parecer a la persona menos capacitado y no permiten evocar toda la propia historia. Hoy, para reparar en algo los horrores cometidos, Colombres aconseja que se promuevan en los grupos étnicos acciones que recuperen la lengua original, por ser ésta una rica fuente cultural que ayudaría a que las sociedades nacionales impulsen proyectos que las beneficien.

Un poco como correlato a lo dicho, la realidad política de Bolivia es en la actualidad un exponente de la importancia de sostener la identidad cultural.

Bolivia es en Sudamérica el país con mayor porcentaje de población indígena, que representan el 62% de la población total y donde las lenguas originarias aymara y quechua se conservan en el uso corriente de las poblaciones. La fuerza de la cultura propia pudo sostenerse, a través de una larga experiencia de lucha contra diferentes invasores que cambiaron de rostros, pero no de intencionalidades. La sumatoria de esos hechos permitieron que Evo Morales un dirigente campesino llegara al poder, siendo el primer presidente en América de origen indio.

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El gaucho rioplatense vago y malentretenido.

La huella de esa población de pueblos originarios vencida durante la conquista española en parte se mestizó en el gaucho producto de la mezcla entre español e indio que pobló las distintas geografías de la Argentina. Siguiendo el hilo de la Historia del trabajo rural, se indagó sobre los gauchos de la campaña rioplatense por ser los protagonistas claves en ese universo. Frente a ese análisis nos preguntamos ¿Qué palabras utilizaban los dueños de las grandes estancias en el Río de la Plata para nominar y describir a quienes, según su propia convicción, estaban destinados a trabajar para ellos? ¿Quiénes se hicieron eco de esas palabras? y también nos interrogamos ¿cuáles eran las palabras que lo describían dentro de esa estructura de poder económico y qué papel le asignaban dentro de ella? El derrotero de análisis buscó señalar las estrategias utilizadas por los sectores dominantes para disciplinar los partes más pobres de la población.

Los estudios referidos a la vida económica de la campaña rioplatense, hasta finales del siglo XX, fue descripta por la Historia Académica utilizando una documentación que reproducía los dichos y reclamos de quienes detentaban el poder económico, político y militar, muchos de los cuales eran, además, españoles. A esas fuentes se agregaban los relatos de los viajeros, quienes no sólo tenían una mirada cargada de etnocentrismo y motivada por intereses económicos y también políticos, pues muchos de los viajeros consultados eran ingleses, franceses o españoles.

La construcción del dato empírico se realizó a partir de documentos emitidos por los alcaldes de Hermandad, los Comandantes de Fuertes o Sargentos de Milicias, los Cabildantes, lo gobernadores, todos ellos que además de autoridad política, eran los dueños de los principales comercios y de las grandes estancias, en cada región.

Desde esas voces, la pampa se describió como un inmenso espacio igual a sí mismo, por donde hombre solos y de a caballo, la recorrían de manera incesante. Sus escasas necesidades se resolvían carneando alguna res, siempre ajena y trabajando muy esporádicamente para satisfacer sus vicios como tabaco y aguardiente, gustos estos que lo obligaban a ingresar al circuito comercial, pero por poco tiempo.

Del gaucho o gauderio en todos los documentos se los nombra como esos vagos mal entretenidos. En ningún documento se reconoce que fueron ellos la mano de obra imprescindible para poner en producción un litoral que para fines del siglo XVIII comenzaba a crecer económicamente, empujado por la demanda del mercado europeo.

La caracterización tan peyorativa del habitante de la pampa se reafirmará en el pensamiento de Domingo Sarmiento y con él aparece la palabra bárbaros contraponiéndolos a toda idea de civilización. Juan B. Alberdi también los desechará negándoles toda posibilidad de implementar con esa población un proceso de expansión económica. “Haced pasar el roto, el gaucho, el cholo, unidad elemental de nuestras masas populares, por todas las transformaciones del mejor sistema de instrucción: en cien años no hareis de él un obrero inglés que trabaja, consume, vive digna y confortablemente”

Sobre los finales del siglo XX surgen valiosos trabajos de investigadores, 2 que al analizar fuentes diferentes de las tradicionales- nombradas anteriormente- señalan que la campaña estaba habitada por familias campesinas asentadas en tierra no propia 2 Rodriguez Molas, Ricardo. (1963) Garavaglia, Juan Carlos. (1989; 1987); Amaral, Juan. (1997) Gelman,Jorge. (1997); Mayo, Carlos. (1996,1998); Golberg, Marta (1976).

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Que cultivaban trigo y tenían unos pocos animalitos. La mejor paga que recibía el campesino; nombrado gaucho por la historiografía tradicional era cuando participaba en la siembra y cosecha del trigo, al acompañar una tropa de carretas o de mulas. Pero también formando parte de los ejércitos que lucharon por la independencia o en las guerras civiles. Los varones llevaban, por lo tanto, una vida itinerante, trajinando los caminos. Fue la mujer entonces, alrededor de la cual se estructuró la familia criolla, quien se encargó junto a los hijos/as de impulsar la producción campesina y sostener ese espacio donde se asentaban. Esa realidad con mano de obra asalariada convierte al Río de la Plata en una región inserta tempranamente en formas de producción capitalista a diferencia de gran parte de América Latina donde el sistema productivo utilizaba formas serviles o esclavas.

Avanzado ya el siglo XIX en la Argentina, se consagra un modelo productivo, basado en la gran propiedad, que se acompañó con el cercamiento de las tierras, al cobrar ésta valor, pues su producción fue requerida por una Europa industrial, necesitada de materia prima. El ciclo se completó con el aniquilamiento de las naciones indias, en el genocidio comandado por el general Roca y acompañado todo con el avance del FFCC- en manos del capital extranjero-

El corolario de todo el proceso fue la transformación de los campesinos en peones rurales como mano de obra de las grandes estancias.

Las palabras enunciadas desde los sectores dominantes buscando desprestigiar la imagen de indios y gauchos habían logrado una victoria. Pero en la Historia nada es definitivo, derrotas y triunfos se suceden de manera inacabada. Así hoy, se reconoce una América Latina construida con lo indígena, lo africano, lo europeo y asiático. Pero afirmando que, en la conjunción respetuosa de esas raíces, podremos despojarnos de los duros anclajes de humillación a los que hemos sido sometidos y que nos sometimos nosotros mismos y poder decir:

Quiero para vos mi Patria Grande sólo palabras que te enaltezcan.

Aída Marisa Toscani

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