CANTO A LOS HERMANOS ORIGINARIOS

| Al querido Chato González |

A pesar de haberte dejado sin árboles, sin pájaros,
sin ríos.
A pesar de haberse decidido dejarte sin sangre,
sin guerras, sin música, sin ventanas al mundo,
ha quedado en ti un dolor enamorado y conmovido,
ha quedado en tus ojos el haber vivido en luz,
el haber inaugurado flores, perfumes, sonidos,
silencios musicales,
los racimos frescos de calma, de paz, de rezos,
sobre esta maravillosa y enorme tierra americana.

Sé de tu inmenso dolor de condenado a vivir en sed,
de ver la música de tus antiguos en fuga constante,
de crecer en torturas, en llanto, entre almas derrumbadas,
de vivir en noches desmayadas de tristura y soledad,
de caminar inclinado con tus banderas tristes
y los húmedos pañuelos.
Pero vas, siempre o como siempre, a tu noble origen
a sabiendas que eres la tierra, el cielo, las claridades,
y que en tu corazón están los vientos y
la música de América.

En tu silencio detenido se encuentran el cobre, la sal,
la piedra,
tus caballos de sol, tus flechas de agua,
tus arcos pulidos en música de estrellas,
los días frondosos del venado, la llama, el maíz,
pero has quedado vagando en países brumosos
sin imágenes, sin palabras, marchando a ciegas,
llenos de escombros, de cal, de muerte detenida,
de vientos helados,
rodeado de un enemigo que tiene el pecho vacío.

Pero estás, siempre estás, hermano americano.
No te han vencido
Sigues latiendo por tu latido, por tu latido lejano
Donde están el árbol, el nido, el alimento, el fuego,
los signos felices de la justa estrellería
que te permiten inaugurarte en cada verso
rencontrar tu justa cifra, tu alegría serenada,
tus pájaros, tus luciérnagas, tus mariposas,
tu templo de sol, de luna y el azul opulento
de tus bosques y montañas.

Rafael Restaino

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