CADA CUAL ATIENDE SU JUEGO. Y EL QUE NO… *

Cada época pone en juego sus propias coordenadas por donde circula la vida, apareciendo los diferentes modos paradojales de estar bien en el mal o mal en el bien.
Situando el escenario del Malestar en la cultura de la época victoriana, pasamos a un presente de
mal–estar en la civilización, dos modos de vivir, jugar, sufrir y gozar. Haciendo (h) uso de lo que el cine enseña, en esta ocasión me sirvo de la serie El juego del calamar.

Cada época con su Malestar. Allá por el 1800, Sigmund Freud nombró Malestar en la cultura[i] allí donde la satisfacción se veía perturbada por la imposibilidad que si bien estructural, se situaba en las coordenadas de la sociedad victoriana como la que comandaba la renuncia y/o la prohibición a la satisfacción, viéndose esta obstaculizada, cercenada, en función de la vida social, de la cultura; ello no es sin un malestar que queda como resto, como saldo de esa encrucijada.
En esa sociedad dominaban los ideales en el campo social, y funcionaban como límites que de algún modo ordenaban los lazos y los modos de vivir la satisfacción. En el respeto o la transgresión, se pone en juego la posición de cada quien.

Mal–estar en la civilización, es una forma de escribir lo que funciona a partir de la caída de los ideales en tanto universal. Tiempos donde la relevancia la toma la mercancía, allí donde todos los objetos materiales o no, se transforman en una mercancía a adquirir, con valor de uso, de cambio y plus valor, como resultado de esa pérdida en quien lo produce. Todo ello sostenido en un empuje a que nada alcanza y cada vez se demanda más y más, y si hay una satisfacción, aún no es lograda; lo que el discurso capitalista con su promesa garantiza que ya hará su aparición en el mercado global el objeto que colme ese vacío.
Se trata entonces de la civilización y sus goces, como la llamó el psicoanalista J. A. Miller[ii]. Lo que en términos del psicoanalista E. Laurent, sostiene que en el escenario social «No es el choque de las civilizaciones, sino el choque de los goces. Esos goces múltiples fragmentan el lazo social»[iii].

El mal-estar, distinto del estar mal en el bien o bien en el mal (Freud). Mal–estar, no poder hacer pie, hace resonar en el cuerpo y no en el ser, lo que nunca está a tiempo, cierto desfase imposible de eludir en ese empuje a lo infinito.

La serie, El juego del calamar, serie de televisión surcoreana de suspenso y drama de supervivencia (2021), dirigida por Hwang Dong-hyuk, tiene su costado de metáfora del capitalismo y se erige, en parte, como una radiografía de la época. Enunciado del que brevemente intentaré dar cuenta.
Cada cual atiende su juego. Cada época propone sus salidas o sus sin-salida. Un juego determinado por las condiciones de goce de cada unx da su posición allí.
El juego del calamar, la época y sus goces. Jugar para no morir, pero no jugársela, paradójicamente la pérdida no está en juego.
El juego del goce, ese goce de ver que otros se juegan la vida en eso. El empuje a más y más[iv]. Los que tienen gozan–juegan apostando el dinero y su goce y los que nada tienen se juegan la vida en eso. El empuje a más, más y más; y una pregunta –¿por qué hace todo esto? Por diversión–. Algo de lo que no se puede perder y funciona como marca, eso que empuja a lo mismo, deja al espectador a las puertas de una segunda temporada.

Carlos Skliar[v] (investigador del CONICET) señala una característica de la época como el No hay tiempo, y un síntoma asociado: el fin de la infancia, entendiendo a ésta como el tiempo de las posibilidades, dice «esa experiencia del tiempo donde sentimos que todavía no es demasiado tarde, todavía es posible…». A la niñez se le ha quitado el tiempo para tener infancia, la expropiación del tiempo podría decir, parafraseando al filósofo Walter Benjamin.
Los juegos de la niñez no son lo mismo, si la muerte de la infancia. En la perspectiva que abre Skliar, podemos leer la infancia como síntoma de una niñez posible.
Resuena la infancia en la medida que es introducido el juego (en la película), los juegos de la infancia, los recuerdos fugaces de esos juegos y entonces tomar estos dos términos en tensión –infancia y juego– y en la actualidad, la época donde no hay tiempo. El tiempo se termina, de algún modo la suerte está echada para esos sujetos de la serie. El juego como instancia lúdica y el juego que da lugar a la fantasía que habita la infancia como el tiempo de las posibilidades, va en una dirección muy distinta. La experiencia de juego paradójica como nos enseña la serie, nos muestra a sujetos jugados.

Los juegos como El juego del calamar, metonimia en la época, dan cuenta del extravío en los modos en que el goce circula en los discursos y como ello desorienta a los sujetos, los pone a la deriva.

«Dar infancia a toda la humanidad», dice Skliar un horizonte posible como un modo de estar en la civilización. Un estar que haga posible un lazo más habitable entre los otrxs, con los otrxs, un mundo donde quepan muchos mundos.

[i] Freud, S. (1988). El malestar en la cultura. Obras Completas. Tomo XXI.  Amorrortu Editores. BA.

[ii] Miller, J. A. (2005). «El Otro que no existe y sus comités de ética». Ed. Paidós. BA. p. 18 «¿Qué es una civilización? Digamos que es un sistema de distribución de goce a partir de semblantes. (…)  una civilización es un modo de goce, incluso un modo común de goce, una repartición sistematizada de los medios y las maneras de gozar».

[iii] Laurent, E., «Racismo 2.0» extraído de: http://www.revconsecuencias.com.ar/ediciones/012/arts/Alcances/El-racismo-2-0.html

[iv] Lacan, J. (2012). «Radiofonía» en Otros Escritos. Ed. Paidós. BA. p. 436, sitúa el objeto a en «el ascenso al cenit social (…). cuando ya no se sabe a qué santo encomendarse, se compra cualquier cosa, un coche en particular, con el que hacer signo de inteligencia, si se puede decir, de su aburrimiento, es decir, del afecto del deseo de Otra-cosa”. Es el pasaje del tiempo del Sgte. amo ordenador – prohibidor, con sus reglas a la satisfacción, a la civilización del objeto a como plus de goce en el lugar de dominancia, máquina de hacer creer en que todo es posible, el empuje al sin límite.

[v] Skliar, C., investigador del CONICET, escrito. En: https://cdn.continuemosestudiando.abc.gob.ar/uploads/2148de0f-df41-4269-9287-ca06da994cfb.pdf

* Nota construida en base a una presentación en Primeras Jornadas de la Nueva Región Pampeana del Instituto Oscar Masotta (IOM 2). 11/12/2021

Griselda Enrico

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