ACERCA DE «INSONDABLES»

MUESTRA DE MÓNICA GOLDSTEIN EN ARCIMBOLDO, BUENOS AIRES, 9 DE MAYO/3 DE JUNIO, 2022.

Mónica Goldstein y Carlos Barbarito, 2018. Fotografía de Carlos Nava.

Hace poco una amiga de mi familia me recordó aquellas lejanas noches en las que mi madre y yo, un niño, nos sentábamos en el patio para mirar y hablar de las estrellas. Quién sabe qué diría aquel que fui, el mismo niño que apenas aprendió a leer hurgaba en los anaqueles de la biblioteca a la que mis padres me asociaron en busca de libros de astronomía, astronáutica y ciencia ficción. Mi ciudad natal, Pergamino, tenía por entonces menos iluminación artificial, era posible mirar un cielo nocturno tachonado de soles. A esto hay que sumarle la imaginación de mi madre, sus relatos sobre hechos sucedidos a los que ella le agregaba esto y aquello. Regreso a aquellos días y noches gracias al arte de la amiga Mónica y a su invitación para que de su arte les hable. Vuelvo a un texto que escribí sobre su serie «Senderos» porque, me parece, aquí cabe, dentro de los límites obvios, lo que aparece, ante mis ojos, al contemplar las obras de Mónica.

Para Mónica hay una vinculación entre los Senderos con los llamados agujeros de gusano. Un agujero de gusano es un túnel que conecta dos puntos del espacio-tiempo, o dos Universos paralelos. Nunca se ha visto uno y no está demostrado que existan, aunque matemáticamente son posibles. Imagino un túnel que lleve a quien lo atraviesa desde este universo con sus leyes a otro donde esas leyes no se cumplen o se cumplen otras, opuestas. O no se cumple ninguna ley física y todo es, como en el mundo de Alicia, anárquico, donde cada ser y cada cosa está en manos de la locura. Imagino un túnel o un agujero de gusano desde un cuadro, un poema hasta el enigma o secreto que subyace en lo más profundo y a quien lo cruza por fin con el secreto de la creación, revelado. No, esto último no, que quede del arte, del poema, el misterio que les da ánimo, poder, consistencia.

Vuelvo a requerir los servicios de su máquina a Wells y regreso a los días de mi infancia. Un libro de bolsillo de por entonces un tal Clark Carrados que supuse californiano o neoyorquino y luego supe que había nacido en Haro, La Rioja, España con el nombre de Luis García Lecha me trajo una noticia que considero decisiva en mi vida. Una puerta de una casa común y corriente conecta, al ser traspuesto su umbral, a otros mundos no importa la distancia. Me pregunto ahora, ¿no serán el arte, la literatura como esa puerta pasajes a lo inexplicado, lo remoto, lo asombroso?

“La imaginación es más importante que el conocimiento. El conocimiento es limitado y la imaginación circunda el mundo”. Einstein dijo esto en una larga entrevista en The Saturday Evening Post en 1926.

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Carlos Barbarito

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