APUNTES DEL RAFA | DESENTENDERSE DE LA POLÍTICA

El precio de desentenderse de la política,
es el ser gobernado por los peores hombres.

Platón (427 – 347 a.C.)

I

Uno de los objetivos que llevan adelante los llamados medios hegemónicos y las operaciones destinadas a mantener la mentalidad colonizada, es hacer sentir a través de todos los medios posibles, que la política y los políticos no sirven para nada. Que no sólo no resuelven los problemas, sino que los agravan.

El tema es sumamente interesante y antiguo. El mismo Platón a casi 360 años a. de C. salió al cruce de este sofisma, que ya andaba por los aires de la magna Grecia (1), para decir: «El precio de desentenderse de la política, es el ser gobernado por los peores hombres». Consideramos que es ésta una frase sabia, una frase de todos los tiempos, que tiene la profundidad de decirnos que es precisamente la apolítica la que no resuelve los problemas, la que los acrecienta, ya que si dejamos que otros decidan por nosotros las cosas nunca pueden salir bien.

Es bien sabido y es bien lógico, que si le damos el poder a los demás de escoger nuestros gobernantes esto traería irremediablemente, como consecuencia, que gobiernen los peores hombres.

II

Es bueno saber que la política es una ciencia, la cual debe ser tratada con el debido respeto profesional de quienes se ostentan como políticos o de quienes participan en ella. No es menos cierto que se ha buscado y se busca por todos los medios de desprestigiar a esta ciencia. Este desprestigio, erróneamente, se lo adjudican a la disciplina, y no a los que operan y participan en ella. Expresiones como «La política es muy sucia», «se politiza el tema», o «En la mesa no hay que hablar de política», sólo promueven el distanciamiento de las personas con esta ciencia, cuando es precisamente todo lo contrario de lo que deberíamos hacer.

De ello, resalta todavía más la importancia de informarse bien para elegir mejor a nuestros representantes; en ese sentido el maestro Aristóteles, quien aseguraba que somos animales políticos por naturaleza, supo recomendar las cuatro grandes virtudes fundamentales que todo político debe tener y estoy seguro de que aún hoy, en este trajinado siglo XXI, tienen plena vigencia. Ellos son: Prudencia, Justicia, Fortaleza y Templanza. Entendiéndolas a estas virtudes de esta manera:

1.- La persona prudente siempre piensa en las consecuencias de sus palabras y de sus actos, busca el momento ideal para intervenir acorde a las circunstancias y generar el mayor bien posible o en su defecto minimizar el daño.

2.- La persona justa procura «dar a cada uno lo que le corresponde», donde la rigurosidad de su juicio con otros también debe aplicarla para sí mismo, es un acto de madurez y prudencia.

3.- La persona fuerte vence el temor y se sobrepone a todo aquello que lo rebasa, esto a su vez le permite convertirse en una mejor persona.

4.- La persona con temple logra controlar sus sentidos sujetándolos a la razón, es decir, no se deja llevar por sus preferencias o tendencias, se capacita y se deja ayudar.

III

Nadie duda de que se está atravesando un tiempo complejo, difícil, pero ¡qué tiempos no lo fueron! No se tenga dudas de que se saldrá de esta situación post pandemia, de la guerra que asola o de la inflación que amenaza y el mundo seguirá girando. Tampoco se tengan dudas de que vendrán otras crisis, otros problemas, algo que no lo podemos evitar ni escoger. Lo que si podemos hacer es empezar a ver la política como la ciencia que es, informarnos más, participar activamente en los asuntos públicos y elegir mejor a quienes tienen que tomar decisiones que nos impactan a todos, exigir profesionalismo, compromiso y resultados de nuestros políticos… no es cosa menor, ya que en la medida que lo hagamos, no sólo estaremos intentando a ayudar a resolver nuestros problemas, sino que nos constituimos en políticos, que es lo mismo que decir en ciudadanos según lo supo definir Aristóteles.

Considero, en este apunte apresurado, que eso es lo mínimo que debe hacer un hombre o una mujer: comprometerse con su comunidad y nunca desatenderse de las problemáticas existentes como lo proponen distintos medios, ya que odiar la política y al político lleva, indefectiblemente, hacia la propia destrucción.

(1) En Grecia no se consideraba ciudadano a quien no participaba en la política y veían con malos ojos el desinterés en esta ciencia a tal punto que se lo consideraba «idiota» al indiferente. Curiosamente la palabra griega contraria a «polites» es «idiótes», un término peyorativo que designaba al que no era polités –un no ciudadano y, en consecuencia, un hombre vulgar, ignorante y sin valor– que sólo se interesaba por sí mismo.

Rafael Restaino

Compartir en: