NUESTRAS CANTORAS (UNA SERIE DE VARIAS ENTREVISTAS) | HOY: EVELINA RODRIGUEZ

LA TERNURA DE UNA VOZ INIGUALABLE, DE PERGAMINO A MÉXICO Y NUEVAMENTE AQUÍ.

La recordamos cuando era aún una nena y cantaba tangos con una excelente performance escénica y simpatía arrasadora. La vimos por la tele en Cosquín, allá por los últimos años de los 80 y supimos que se había ido a México donde hizo una muy buena carrera, que algunos pudimos seguir con entusiasmo.

Está nuevamente residiendo en su ciudad, Pergamino y huelgan las palabras con las magníficas respuestas que da a nuestras preguntas.

Aquí está, la Evelina Rodríguez de siempre; la que se acomodaba el sombrero cuando hacia el tango «Muchacho» y la que tanto aplaudimos hace ya varias décadas y jamás olvidamos.

Hablame de tus principios, cuando eras muy pequeña y comenzaste con el tango…

Comencé a cantar intuitivamente. En casa, mi papá, que siempre fue cantor y guitarrero amateur, sacaba la guitarra y cantaba con mis dos hermanos; lo escuchábamos y lo acompañábamos a modo de juego. El cantaba folclore y con mis hermanos fuimos aprendiendo a tocar la guitarra de oído, de verlo y escucharlo a él. De esa manera di mis primeros pasos en el colegio Marista, en las misas del colegio, en la Iglesia Merced con los coros de chicos que tocaban en las misas, en el Club Sirio Libanés, donde jugaba vóleibol; mis amigas me pedían que cante en los campamentos y viajes que hacíamos para ir a los torneos y demás convivencias. A modo de juego y sintiendo que algo de oído y entonación tenía. Constantemente me pedían los amigos que cante algo. Y en ese momento cantaba las canciones que estaban de moda.

COSQUÍN, ESCENARIO PRINCIPAL Y POR TELE

Por esa época fuiste a Cosquín y cantaste en el escenario principal en horario de transmisión televisiva.

Empecé a tomármelo más en serio a los 15 años, a presentarme en Bellas Artes, en la Casa de la Cultura, en los torneos bonaerenses, a presentarme en los festivales locales y provinciales que había de música popular. Para ese entonces, me atraía el tango, lo sentía mucho y fui armando una personalidad artística que me salía del alma. Nadie me marcaba nada, era todo lo que me nacía a mí; lo que sentía en el corazón, lo volcaba en los escenarios. Tuve la fortuna de que una persona del público, en una presentación en Bellas Artes, me escuchara. Le gustó tanto que, al otro día, un domingo, lo llamo a mi papa y le dijo que, si le permitía mandarle un video a Julio Marbiz, que en ese entonces era el presentador oficial de los Festivales de Cosquín y que, además, tenía un programa televisivo llamado “Argentinísima” por América TV. Por supuesto que mi papá dijo que si, que lo enviaran y a la semana nos estaba llamando Mabel Ongaro, la esposa de Julio, que nos invitaba al programa de televisión con mis músicos. En ese entonces, el Grupo Tango, con Juan Calderón, Bocha Luca y Eduardo Cruz. Ellos me acompañaban en el tango. Fuimos al primer programa, nos invitaron a un segundo programa y de ahí sale la invitación al escenario Mayor de Cosquín para enero de 1999. Ahí fuimos, cantamos 3 canciones en horario televisivo, la noche de Los Nocheros, del Chaqueño Palavecino y luego de la actuación de Facundo Toro. Una noche inolvidable, llena de emoción, nervios y expectativa. De ahí salió otra invitación al Festival Argentina en Mendoza. Meses movidos, yendo con el Grupo Tango a todos lados. Días bellísimos de compartir música y amistad con ellos y nuestras familias.

¿Cómo siguió tu trayectoria después de todos esos primeros años haciendo numerosos recitales en Pergamino?

En ese año, 1999, yo comenzaba la carrera universitaria Comunicación Periodística en la Universidad Católica de Buenos Aires. Me fui a estudiar y a seguir con el estudio de canto en Capital junto a mi gran maestra Cecilia Bacot, que me enseñó las bases del arte de respirar y colocar la voz. Estudiaba clases particulares y además acudía a un taller con ella, su guitarrista y demás alumnos cada viernes. Ahí conocí a Gastón Villazuela, su socio, guitarrista, cantor y otorrinolaringólogo. El me propuso hacer un dúo con él y armar un proyecto de Tangos y Boleros para salir a cantar. Y eso hicimos. Comenzamos los ensayos y empezamos a recorrer hoteles y restaurants en la ciudad de Buenos Aires: Hotel Sofitel, Hotel Intercontinental… cada fin de semana nos presentábamos ahí juntos y en restaurantes de Puerto Madero. Grabamos un CD, llamado “Amarrado al recuerdo”, de tangos y boleros. Fueron años de cantar muchísimo en la Capital y demás festivales que iban surgiendo en Pergamino también. Concursos de canto y demás certámenes provinciales. Tiempo de aprender mucho, de ganar experiencia, de trabajar y buscar la personalidad artística.

¿Consideras contraproducente el empezar tan pequeña o todo fue positivo?

Para nada contraproducente. Fue bellísimo. Era una esponja de absorber conocimiento y experiencia de todo tipo. Vincularme con mucha gente. Entender la responsabilidad y el esfuerzo de hacer una carrera artística, paralela al estudio Universitario. Estudiar y trabajar. Todo fue más que positivo. Yo no cambiaría nada de aquellos años increíbles; una nena jugando y aprendiendo y responsabilizándome de todo aquello. Fundamental el acompañamiento de mi familia, el amor, el sostén, los consejos de los profesionales que me acompañaban.

Ya tenías un estilo, algo "malevo" y muy pícaro para hacer tus tangos, ¿fue algo programado o aparecía espontáneamente?

Totalmente espontaneo. Nadie me marcó nunca nada, todo lo que hacía era intuitivo y genuino. Un estilo que surgió así. Me nacía hacerlo así. Cantar de esa manera, como bien describís. Sentía mucha pasión cuando cantaba esas letras tremendas. Hasta el vestuario era algo que me nacía. Me quería poner ese sombrero gardeliano y esos tiradores y mi madre me ayudaba a hacer la ropa y estar siempre bien presentable.

¿Por qué tu decisión de irte a vivir a Méjico?

Mi decisión de irme a México surge en 2008. Era una búsqueda personal, más que nada. Hacer una experiencia fuera del país, donde fuera, cualquier lugar, que me permitiera conocer otras cosas, vivir otras experiencias nuevas, aprender de la vida… y, si además podía cantar y hacer carrera, mejor. Me había recibido de Licenciada en Comunicación Periodística, estaba trabajando en Buenos Aires como periodista, estaba cantando, estaba terminando el CD del dúo con Gastón Villazuela y se da la invitación de una amiga mía que ya vivía en Aguascalientes, México y aproveché esa oportunidad para probar… nunca supe cómo me iría. Me fui, como dicen, con una mano atrás y otra adelante, a ver de qué se trataba estar fuera de la familia y fuera del país.

¿Cómo te conectas con la música en el lugar que elegís para vivir en Méjico?

Llego a Aguascalientes, una ciudad maravillosa, colonial, de gente increíble, un clima inmejorable, calidad de vida… bellísima. Llego con mis pistas de tango que había grabado con el Grupo Tango y arranco a buscar trabajo como cantante de tango y boleros. Se me abrían algunas puertas y otras no, porque no me conocían y porque mi repertorio, allá, no era tan popular. Había que tener músicos en vivo y además hacer otros estilos para llegar a más público. A los tres meses de estar en Aguascalientes, conozco, por esas cosas de la vida, a un gran guitarrista mexicano, que andaba buscando una cantante. Dimos en la tecla. El necesitaba una cantante y yo necesitaba músicos en vivo. Así que ahí armamos la primera agrupación “Checambala”, dos guitarras, percusión y voz. Y ampliamos el repertorio, tenía que estudiar algo de repertorio flamenco, porque así lo demandaba la ciudad. Aguascalientes tiene mucha tradición española y mucho amor por el arte flamenco, así que había que adaptarse a lo que el público buscaba para tener más trabajo. Propuse hacer una fusión de flamenco, tango argentino, folclore y boleros así dejábamos a todos contentos y yo también estaba feliz haciendo lo que sabía hacer más lo nuevo que era sumamente atractivo. Seis años con “Checambala”, recorriendo muchísimos escenarios, fiestas privadas, restaurants, hoteles, bares, cafés, eventos, festivales, ferias; creciendo, mejorando, proponiendo algo nuevo en la ciudad, una fusión particular de México-Argentina.

¿Cómo llega "Cuatro por cuatro" y la grabación del disco?

Después de seis años con el proyecto de «Checambala», decido abrirme de la agrupación e intentar otros horizontes. Paralelamente conocí otros músicos, con quienes, de repente, también participaba de algunos eventos. Entonces les propongo trabajar más en forma, juntos, hacer un concepto similar al de «Checambala», pero sumando un violín y un repertorio más exquisito de música latinoamericana, folklore argentino, fusionado siempre con flamenco, porque insisto, el flamenco gusta mucho en Aguascalientes, y el nuevo guitarrista tenía un perfil muy flamenco. Creamos «Cuatro por cuatro», una guitarra, percusión, violín y voz. Dos mujeres y dos hombres. Fusionando también desde el nombre. La idea era pensar en el 2X4 del tango y que éramos cuatro músicos. Así surge «Cuatro por cuatro», increíble grupo de amigos, músicos profesionales, maravillosas personas, donde éramos genuinos cada cual desde su gusto musical. Una fusión que nos llenó de reconocimiento y experiencia. Otros seis años gozando la música, disfrutando nuestra convivencia como amigos, cada ensayo, cada show, cada reunión.

Tuvimos la suerte y como broche de oro de este proyecto, poder grabar un CD en la Ciudad de México con un gran productor mexicano. La idea era que algo quedara de lo que veníamos trabajando. Más que nada que nos quedara a nosotros y, si además podíamos promocionarlo y venderlo, genial. Así que ahí salió en 2018 nuestro primer CD llamado «Cuatro por cuatro En el Estudio».

LOS DESAFÍOS VOCALES

¿Qué cambios en su forma de cantar experimenta Evelina ante otros géneros musicales y cuánto te costaron esos cambios?

Hay desafíos vocales e interpretativos cuando uno se adentra en otros géneros musicales. Tenía que escuchar mucho de otros géneros. Mucho flamenco, muchas rancheras, mucho vals peruano. Pero tenía claro que no quería imitar a nadie. Que el género que haría saldría con mi personalidad y mi impronta. No tenía ganas de sonar como Chavela Vargas, ni como Niña Pastori, ni como Rosario Flores, ni como Vicente Fernández… el «quejío» español, así tal cual como si hubiera nacido en Sevilla no me quedaba cómodo imitarlo, no me interesaba y no lo sentía. Así que yo cantaría repertorio de otros países a mi manera. Y mis músicos no iban a tocar tango como Piazzola, ni como Juanjo Domínguez. Acá se trataba de abarcar otros géneros, siendo respetuosos, pero con nuestra personalidad. Basados en eso fuimos aprendiendo y creando esta fusión que a la gente le encantaba. Al fin y al cabo, yo era una argentina que cantaba una sevillana en México, y ellos eran mexicanos tocando tango en Aguascalientes. Y fuimos haciendo rancheras y bulerías, y valses y zambas fusionadas. Hay un palo flamenco que se llama «tango». Entonces el tema «Volver» de Carlos Gardel. lo hacíamos en ritmo de «tango flamenco» … quedaba un «tango» (flamenco) por tango.

¿Cómo te vas conectando con la evolución de tu voz y el perfeccionamiento de la misma a través del tiempo?

Todo va cambiando, la voz cambia, porque la vida cambia y hay una evolución natural de la cuerda vocal. Cambia el color de voz de repente. Hay que seguir entrenando diariamente. Seguir con los ejercicios respiratorios, con el calentamiento vocal, como ir al gimnasio. Trabajar la cuerda, y los resonadores, y el suelo pélvico, y cuidar el instrumento fonatorio y respiratorio. Pero la voz muta con la vida…

¿Qué fue lo más importante que te ocurrió en lo artístico en Aguascalientes, México? ¿Y cómo sostenías la relación con la Argentina?

Todos los escenarios fueron importantes durante mis doce años en México porque cada uno tuvo su magia y su forma de ser. Fueron muchos eventos muy diferentes, cada uno con su desafío, su alegría, su adversidad… Pero cantar en el Ferial 2019 en la ciudad de Aguascalientes ha sido de los momentos más importantes. Cada año, en Aguascalientes, durante 21 días, se desarrolla la Feria Nacional de San Marcos en la ciudad de Aguascalientes. Una de las ferias más importantes del país, donde confluyen millones y millones de personas de México y del mundo ahí en la ciudad. Toda la ciudad se muda al Perímetro ferial durante 21 días y ahí se desarrollan actividades sociales y artísticas de todo tipo. Los grandes cantantes de México, como Luis Miguel, Alejandro Fernández, Carlos Rivera, Ha Ash, Gloria Trevi, entre otros, más artistas de talla internacional, como Rosario Flores, Diego el Cigala, Carlos Vives, Marc Anthony, etcétera, son invitados a la feria de forma gratuita para todo aquel que concurra. 21 días de fiesta absoluta, shows de todo tipo. La ciudad sufre una transformación total y la rutina de la gente también. En ese contexto, en el Teatro de Aguascalientes, se desarrolla el ferial. Un show musical tradicional por excelencia, de la música mejicana, con bailes folclóricos, danzas, actuación e historia. En el año 2019 nos invitaron a «Cuatro por cuatro» para ser los músicos oficiales de esa edición. Y ahí estuvimos 21 días seguidos con dos actuaciones diarias, tocando y acompañando danza. El teatro lleno durante todos los días y representando más que nunca a la ciudad. Esas actuaciones fueron para mí, el sello de tantos años de estar allá, de poder cantar, ahora sí, sus canciones, su repertorio más tradicional. Qué suerte la mía el poder estar ahí, sin saber que el 2020 me dejaría en Argentina.

Cantar con Fito Páez en Zacatecas, una ciudad muy cerca de Aguascalientes, también fue de esas cosas inolvidables. Fuimos a verlo actuar en la Feria de Zacatecas, y terminé cantando con él en un restaurant, donde había un piano y terminando de cenar, se puso a tocar. Por esas cosas de la vida terminamos en su mesa con sus músicos, diríamos 15 personas, cenando y cantando con él en México. Inolvidable.

En qué momento y por qué tomas la decisión de cantar nuevamente en la Argentina y en Pergamino después de tanto tiempo de no hacerlo.

La verdad, cada vez que venía en enero de vacaciones, venía a visitar la familia y amigos y los tiempos no me alcanzaban. Andaba corriendo de una casa a otra saludando y poniéndome al día con los míos. Y andaba cansada de tal manera que no me quedaba energía para preparar un show así a las corridas. Además de hacerlo debía ensayar y preparar las cosas con mucho tiempo, como me suele gustar a mí hacer las cosas, bien, pensadas y ensayadas. Durante doce años no había podido. Llegaba cansada de tanto cantar durante el año y mi estadía en Argentina era desconectar y descansar la cuerda para seguir en febrero, cantando en México. Pero ese septiembre del 2019, se daba la casualidad de que volvía al país por un compromiso personal muy importante y lindo, y hablando con Cora Tuliani y Marcela Sánchez, que somos muy amigas y nos queremos mucho, además de respetarnos y admirarnos como colegas cantantes, mate de por medio, surge la posibilidad de armar un show a la distancia desde México y hacerlo en el Teatro Unión de Pergamino, el 13 de septiembre de 2019. Así fue; hablamos con grandísimos músicos de Pergamino, Cristian Capurelli, Mariano Rizzo, Fernando Vila, Martin Rizzo, Juan Calderón y «Bocha» Luca, y el show se fue gestando a la distancia, proponiendo temas, pasando tonalidades, con la ayuda inmejorable de Cora y Marcela que estaban en Pergamino. Así que yo llegue quince días antes del show, ensayamos muchísimo en casa y salimos a cantar juntos aquel 13 de septiembre inolvidable. La escenografía, grafica, audio e iluminación se fue pensando a la distancia, armando todo y proponiendo por WhatsApp, y físicamente se llevó a cabo ya juntos en Pergamino, los días previos. Una conjunción de gente profesional, maravillosa, honesta y apasionada que me permitieron hacer «Entre mates y tequila» y volver a cantar luego de tantos años de no hacerlo en público, en mi amada ciudad de Pergamino.

EL RETORNO A LA CIUDAD NATAL

¿Por qué y cuándo decidís quedarte a vivir nuevamente en nuestro país y en tu ciudad?

Ya venía sintiendo la necesidad de regresar hace unos años atrás. Traía la idea, pero no sabía cuándo y cómo tomarla. Era difícil porque era dejar muchas cosas maravillosas que me dio Aguascalientes y a la vez, las ganas y la necesidad de volver a estar junto a los míos en Pergamino. La distancia es difícil. Y es más difícil encontrar la felicidad absoluta. No siempre se puede tener todo. Así que la vida decidió por mi cuando en el 2020 vengo a Pergamino por un compromiso familiar y se cancela mi vuelo de regreso a México por la pandemia. Sin hacer nada, la vida me dejaba en Pergamino. Y lo tomé como una señal. Era momento de estar cerca. Quería hacerlo y no sabía cómo acomodar los hilos. Como siempre digo, por algo se dan las cosas y lo que sucede conviene, así que me deje llevar por las decisiones que me trascendían en ese momento.

¿Cómo encontrás el panorama musical en Pergamino tras tantos años de alejamiento?

La verdad, recién me voy poniendo a tono con la movida cultural de nuestra ciudad. Fueron años raros desde que estoy en Pergamino así que no puedo tener un panorama claro de todo lo que hay para hacer aún. Estamos como sociedad sacando la cabeza debajo del agua después de dos años muy complicados y yo tratando de readaptarme nuevamente a la ciudad, al país. Entiendo que lleva un tiempo así que seguro serán tiempos de visualizar todo nuevamente luego de doce años fuera. Paciencia y calma y todo se acomoda nuevamente.

Contame de tu reciente retorno a Méjico, tu vuelta al escenario y la recepción que tuviste allá.

Muy emocionante la verdad. Había dejado todo aquel 19 de febrero del 2020 y ya no había podido regresar por la pandemia. Pasaron dos años sin despedirme de mi familia y amigos mexicanos, dejar el proyecto musical que traíamos con «Cuatro por cuatro». Había dejado mi departamento, mi ropa, mis pertenencias, mis instrumentos… todo había quedado allá. Así que había que volver a buscar todo y abrazarme nuevamente con los mexicanos queridos. Fue divino. Reencontrarme, volver a ver mis cosas, volver a hablar y abrazar a mi gente de allá. Y en el reencuentro con «Cuatro por cuatro», decidimos hacer un show en una semana, antes de volver a la Argentina. Ensayamos y presentamos nuestro reencuentro arriba del escenario. Nos dábamos el gusto de volver a cantar juntos y de paso ver a tanta gente que se unía en ese teatro para escucharnos y vernos después de tantos años. Sin palabras… un regalo que nos hicimos.

¿Qué nos prepara Evelina para el futuro, en esta nueva etapa pergaminense?

Con tanto cambio repentino he aprendido a vivir el día a día, el minuto a minuto. No puedo pensar en el futuro en este momento porque el cambio ha sido grande y una debe armarse de cero. Poco a poco acomodar las piezas, observar, ver que hay, que se puede hacer, que se quiere hacer con 41 años y una experiencia fuera del país. Que cambió aquí, que cambió en mí. Reencontrarme con amigos músicos, parar la pelota y arrancar de nuevo.

¿Un sueño que hayas tenido en tu carrera y no pudiste cumplir?

No hay un sueño que no pudiera cumplir porque siempre fui bastante realista en mi profesión de cantante. Fui haciendo camino al andar, la verdad. Fui dando los pasos que creía podía dar. Y a veces sin buscarlo, se fueron dando situaciones maravillosas. Pero en sí, no eran sueños por cumplir. Siempre, durante 25 años cantando, fui dando pasos y tomando decisiones genuinas, que deseaba, que veía era el momento indicado y muchas cosas me iban sorprendiendo. Pero las cosas se daban solas. Sueños grandes como tales, no he tenido, y mis escenarios fueron llenando mis expectativas. Mis proyectos musicales se iban dando de manera natural. Y si tuve que dejar cosas también fueron en el momento indicado que mi corazón lo marcaba. Al día de hoy no tengo materias pendientes ni sueños por cumplir porque todo me ha hecho feliz y me he realizado como cantante y el camino que viene será igual de gratificante y será el indicado sin duda.

Elijamos un tema de tú repertorio que no dejarías de cantar jamás.

«El corazón al sur» (de Eladia Blázquez).

¿La Evelina actual va a seguir con el tango o su repertorio va a alternar con diversos ritmos?

Voy a alternar estilos porque lo siento. Los años, los escenarios, las vivencias me han encontrado con estilos que me llenan el alma. Abrir la mente y el corazón. Disfrutar la música toda y ser versátil y verdadera. Cantar todo aquello que me haga vibrar. Fusionar. Hoy el chamamé, la zamba, el flamenco, la balada, el tango, el vals, hoy todo es rico y sorpresivo para mí. Disfruto de cantar aquello que conecta con lo más profundo, sea el estilo que sea. Las letras, el decir, ahí creo que esta mi estilo hoy, en el decir desde el corazón.

¿Proyectos?

Ensayar y ver que sale de esos encuentros con músicos amigos.

Jorge Sharry

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