MAMÁ, SI UN DÍA DESAPAREZCO NO LES CREAS…

3 DE JUNIO NI UNA MENOS EN TODAS LAS PLAZAS DEL PAÍS | 
Emilia, Mariana, Nancy, Antonia, Noelia, Elsa, María Rita, Rosa, Graciela, Anahí, Marcela, María del Rosario, … ¡Presentes!
A todas las mujeres víctimas de femicidio en Pergamino.

La adopción de la palabra «femicidio» es parte de un cambio de paradigma en la comprensión de la violencia contra las mujeres. Este punto de inflexión tuvo sus raíces en el movimiento feminista, que recalcó el impacto de los aspectos históricos, sociopolíticos y culturales del patriarcado. En nuestro país, aunque hay una visión más amplia, los cambios en la ley y la sociedad es menos tolerante con el tema, el número de mujeres asesinadas no ha variado significativamente, incluso aumentó. El femicidio íntimo, es decir, de su pareja o expareja, es el tipo más frecuente y el familiar ocupa el tercer lugar.

Entre el 1 de enero y el 30 de abril de 2022 se registraron 113 feminicidios[i] y 3 travesticidios, de los cuales 73 ocurrieron en el domicilio de la víctima, 66 mujeres fueron asesinadas por su pareja o expareja. 34 de ellas tenían 51 años o más, 64 tenían entre 19 y 50 años, 12 eran menores de edad y 4 estaban embarazadas.

Las víctimas habían presentado 26 denuncias contra los agresores, cuatro de los femicidas tenían dictada una medida cautelar de prevención. Siete de los femicidas eran miembros de las fuerzas de seguridad y 12 de los perpetradores se suicidaron después del crimen.

Treinta mujeres fueron asesinadas con armas de fuego, 25 fueron apuñaladas, 18 fueron golpeadas y en siete casos las víctimas presentaban signos de abuso sexual. En el 15% de los casos, el femicida mató a un tercero porque fue sorprendido en el acto violento. Se suman los suicidios feminicidas, muertes de víctimas que fueron abusadas sexualmente y que su estado de vulnerabilidad las condujo al suicidio.

Más de un centenar de niños, niñas y adolescentes se han quedado sin madre por la violencia patriarcal.

Miles de mujeres desaparecen en el mundo y no se sabe más de ellas.

CONSTRUCCIONES SOCIALES Y SIMBÓLICAS DE LAS VIOLENCIAS

Según Ana María Fernández[ii], para que exista violencia acoso y/o violación, una comunidad debe haber subestimado, discriminado o menoscabado previamente al grupo social al que estaba dirigida la violencia (niñas/os, mujeres y jóvenes).

Habitamos una sociedad donde, por un lado, se apoya la deconstrucción de los ideales comunitarios y, por otro lado, se incrementa el ejercicio del poder. Y estas formas de poder se manifiestan, especialmente, en la violencia contra las mujeres y sobre todo con víctimas indefensas, buscando el sometimiento. Más enfatizado aun con los travestis donde el sometimiento se agudiza.

Las llamadas situaciones «violentas» son cada vez más frecuentes entre las mujeres que vivieron o viven arrasamiento psíquico y desamparos públicos. La violencia genera un ciclo repetitivo del que no se puede salir y es muy difícil desarmar. A veces la violencia se manifiesta en silencio y es invisible, y en otros casos se manifiesta abiertamente. La predisposición a la repetición hace que nos cuestionemos las causas de este tipo de sesgos, y hace que las mujeres que constituyen más de la mitad de la humanidad se conviertan en víctimas. La sociedad no debe fluctuar entre el sentimentalismo y el castigo, sino cambiar y acompañar para que estos tiempos brutales se transformen en algo que arroje luz sobre las formas de lograr un mundo más seguro para las mujeres.

DE LA VIOLENCIA, LA AGRESIÓN Y LA CRUELDAD

La crueldad es el fracaso de la ternura.

Fernando Ulloa

Hoy, estamos viendo con espanto la transición de la violencia y la agresión a la crueldad en las relaciones humanas. ¿Acaso estamos viviendo el acostumbramiento al espectáculo de la crueldad? En Argentina, hay un marcado aumento de femicidios, en el que los hombres queman, apuñalan, generalmente hasta matar a la mujer. Esto es innegablemente cruel por el sufrimiento innecesario que conduce a la muerte. Como una violencia que ve tapices para escribir mensajes sobre el cuerpo de una mujer, o los cuerpos feminizados en general. El paradigma más brutal es la tortura, una combinación de atrocidades y sadismo. Ahí podemos ubicar también a los pedófilos que cosifican a lxs niñxs.

La agresión, la violencia y la crueldad son diferentes en naturaleza y forma de vehiculización, por lo que es esencial definirlas.

Violencia: refiere al uso intencional del poder o la fuerza física de manera amenazante fuera de la razón o la justicia. Es el comportamiento violento donde hay un amo, que porque protege es temible, protege porque es poderoso y eso mismo lo convierte en temible, y provoca angustia, una sensación de peligro y vivencia de muerte. Es la violencia asociada al desamparo que provoca incertidumbre física y dependencia.

Agresión: son las acciones provocativas y comportamiento hostil expresado como insultos y provocaciones. El agresor no respeta los límites del otro, los límites del cuerpo. El cuerpo puede quedar a merced del otro que despoja a la víctima de su subjetividad.

Crueldad: predomina un afán de dominación que ha destruido la naturaleza psicológica de la persona. En la crueldad, estos cuerpos esclavizados, atormentados, humillados, dolientes, aseguran con su presencia que esa mujer no es necesaria, deseada, amada, odiada, rechazada. Ya no es un problema. La muerte pertenece a otra persona. Ha sido derrotada.

La crueldad está siempre asociada a un dispositivo que Ulloa denomina «encerrona trágica», y ese es el núcleo central de este dispositivo. Esta encerrona cruel es una situación de dos lugares, la víctima y el agresor, donde no hay un tercero de apelación que imponga la ley. Es dolor psíquico sin salida. Esto se debe a que la crueldad siempre aparece resueltamente relacionada con la muerte, ya sea porque es su culminación, ya sea porque la muerte está preinstalada en el sujeto de la crueldad.

En la crueldad que ejerce el victimario sobre el cuerpo de la mujer, cuerpo sufriente, él siente el goce de ese sufrimiento que causa, que implica no sólo dolor físico o psíquico para la víctima, sino también sufrimiento moral.

Las psicoanalistas Silvia Bleichmar[iii] y Ana Berezin[iv] coinciden en que la crueldad incluye hacer sufrir a otros sin inmutarse, o con complacencia, es una forma de violencia y devastación que intenta derribar al otro por el dolor que le causa.

No debemos pensar que la violencia es instrumental y la crueldad es innecesaria. Ni que una sea material y la otra simbólica, pues ambas los son. Los signos de crueldad no son un «plus», ni deben interpretarse como una redundancia o una motivación residual, irracional o inútil. Todo lo contario, (…)consideramos que estas marcas refuerzan los sentidos de la acción violenta, pueden entenderse como una firma, una posdata, un subrayado, una «instrucción de lectura» del sentido del acto de violencia, que permite interpretarlo como amenaza, advertencia, castigo, despliegue de fuerzas(…). (Perelman)[v]

Las atrocidades contra el cuerpo femenino, extendiéndose a los crímenes homofóbicos o trans, toda esta violencia, (…)no son otra cosa que el disciplinamiento que las fuerzas patriarcales imponen a todos los que habitamos ese margen de la política , de crímenes del patriarcado colonial moderno de alta intensidad, contra todo lo que lo desestabiliza(…) afirma Rita Segato[vi].

Si la víctima sobrevive, sus recursos serán muy limitados debido a la gran pérdida de su dignidad, explotación y debilitamiento, viéndose a sí misma como rota, como ocurre con lxs sobrevivientes de un campo de concentración cuando lo siniestro fue puesto en acto. Ahí debe anudarse la Justicia y la atención integral para ayudarla a salir del lugar de objeto, brindándole los recursos legales, materiales y subjetivos para recuperarse de la ferocidad de que fue víctima.

LOS MEDIOS DE DES-COMUNICACIÓN Y LA REVICTIMIZACIÓN

El concepto de violencia mediática contra las mujeres ya forma parte de la Ley 26.485, y es una categoría jurídica en materia de derechos humanos. Los medios de comunicación nos tienen que explicar por qué no es posible alejar a las mujeres de este lugar de victima expuesta una y otra vez en sus detalles mórbidos, convertidas en una agenda periodística insostenible y reproductora del daño. Identificar y activar acciones de la revictimación de la víctima en la justicia, en algunos casos, no solo llevara a la condena judicial, sino que también, con su efecto retórico, hará que la gente sienta y piense que los medios son violencia. Debemos trabajar para convertir en sensibilidad pública la crueldad, y nunca como entretenimiento o goce. De esta manera se puede interpelar a los medios develando que con las mujeres y las identidades feminizadas funcionan como «brazo ideológico» de la estrategia de crueldad.

Los medios de comunicación que realizan un abordaje fuera de la ley provocan, muchas veces, la justificación de los asesinatos e instala en el cuerpo social la duda o la certeza de culpar a las víctimas de la violencia que sufren: por malvadas, por desobedientes, por rebeldes, por mentirosas, por traicioneras, por putas, por liberales, por la pollera corta y/o justifican los asesinatos que se muestran como un acto de amor: «la maté porque era mía». Dado es admitir que hay excepciones, siempre hubo y hay periodistas que brindan información con perspectiva de género, y deberían ser el faro que ilumine al resto.

El femicidio representa el fracaso del agresor para someterla. Se trata de nombrarlo, apalabrar eso innombrable de lo real, es poder simbolizar aquello que retorna y acecha, y poder cambiar el destino que compartimos en la tierra que nos cobija. NI UNA MENOS, y decirlo no es una consigna, es una descripción real, cruda, dolorosísima, un grito colectivo capaz de conjugar el ¡Basta! 

[i] Estadísticas de femicidios durante 2022 provenientes de distintas organizaciones feministas publicadas en diversos medios.

[ii] Dra. Ana María Fernández es Graduada Ilustre de la facultad de psicología; recibió el premio Konex de Platino en 2016; es autora de importantes libros y numerosos artículos; es fundadora de la cátedra de «Introducción a los estudios de género» de la UBA – la primera en su tipo en Latinoamérica- y es Profesora Consulta de la Facultad de Psicología de la UBA.

[iiii] Silvia Bleichmar fue Doctora en Psicoanálisis, Psicóloga y Socióloga, intelectual y librepensadora argentina. Autora de numerosos libros.

[iv] Ana Berezin psicoanalista, miembro del Consejo Asesor del Centro Fernando Ulloa. Autora de los libros Relatos de la clínica psicoanalítica y Sobre la crueldad, dirigió hasta 2010 el Programa de Asistencia Humanitaria y Psicosocial a los refugiados colombianos en Ecuador y Venezuela, representados por el Estado argentino.

[v] Marcela Perelman (2007). Algunas definiciones sobre la violencia: usos y teorías. VII Jornadas de Sociología. Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires.

[vi] Rita Segato escritora, antropóloga y activista feminista argentina residente en Brasilia y Tilcara.

#NiUnaMenos
MAMÁ, si un día desaparezco no les creas.
Gilraen Eärfalas

Mónica Filippini

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