APUNTES DEL RAFA | DESINFORMACIÓN

El propósito de los medios masivos no es tanto informar y reportar lo que sucede, sino más bien dar forma a la opinión pública de acuerdo con las agendas del poder corporativo dominante.

Noam Chomsky

I

Siempre se ha dicho que la información es poder, pero lo visto y escuchado desde hace un buen tiempo me hace aseverar que la desinformación es más poder aún. Ser testigo de esas operaciones deliberadas, orquestadas a veces hasta de manera burda, pero que logran confundir o manipular a la gente con las entregas generosas de esa información deshonesta, le saca a uno los peores deseos y lo acerca a ese camino doloroso de la impotencia.

Se puede permitir la información errónea, pero la desinformación es un enemigo mortal porque está organizada, cuenta con recursos y está reforzada por tecnologías, que convierten a gran cantidad de receptores en amplificadores, en multiplicadores. Son muchas las organizaciones que detectan a la desinformación como uno de los grandes problemas actuales. Entre ellos la UNESCO que ha puesto en consideración un manual de ética para paliar esta cuestión. Uno lee estos estudios y no puede dejar de pensar que los investigadores de este tema son sumamente inocentes o son decididos tomadores de pelo –como suele decirse– ya que detectan como generador de este mal a los periodistas y dejan de lado a las empresas y al poder real que son los auténticos dueños de este dominio inconmensurable que es la desinformación.

II

La desinformación, esa diseminación coordinada de información engañosa, no sólo busca impactar el comportamiento de la ciudadanía manipulando su intención de voto o sobre otras cuestiones que tienen que ver con el ámbito público. Su objetivo es mucho más profundo y más preciso: promover el descompromiso social, la conciencia indiferente y valorizar el universo sígnico y objetal en el marco de un individualismo exacerbado. Estoy tan seguro de ésto, que no creo barruntar en demasía diciendo que si no fuera por la desinformación no habría esta escalada del neoliberalismo, del neocolonialismo en el mundo.

Indudablemente es un tiempo difícil el que estamos viviendo, ya que se han aliado las fuerzas del poder y como un gigantesco imán atraen a los políticos pragmáticos, a los comunicadores obsecuentes e intelectuales, que pagan los minutos de gloria sembrando dudas, desconfianza, debilitando al pueblo. Son la quinta columna de hoy, son los cipayos que apuntan a su propio pueblo, conscientes, bien conscientes, porque saben lo que hacen.

 

III

A esa desinformación reinante que tiene con claridad los objetivos transcriptos sólo se puede anteponer, es decir, sólo se puede contraatacar con la identidad cultural, la unidad nacional, la tradición dinámica, los fines solidarios, el proyecto emancipatorio y la integración regional. Y aquí vemos la razón por la cual se marginan en este momento a los intelectuales nacionales, a los artistas populares, a los investigadores, a los políticos o sujetos sociales que se encuentran en la línea de impulsar un modelo político autónomo, fundamentado en la cultura y la identidad.

Es que la información es soberanía y la desinformación es dependencia. La información estimula la democracia soberana, social y solidaria, mientras que la desinformación marcha, indefectiblemente, hacia una democracia formal y totalmente dependiente, reaccionaria en todo sentido. Es que la desinformación tiene el poder, nada más ni nada menos, de reproducir ideológicamente un sistema injusto, alienante y dependiente.

La realidad actual –cualquier tapa del diario Clarín, por ejemplo– sostiene acabadamente nuestras palabras. A esa desinformación reinante que tiene con claridad los objetivos transcriptos sólo se puede anteponer, es decir, sólo se puede contraatacar con la identidad cultural, la unidad nacional, la tradición dinámica, los fines solidarios, el proyecto emancipatorio y la integración regional. Y aquí vemos la razón por la cual se marginan en este momento a los intelectuales nacionales, a los artistas populares, a los investigadores, a los políticos o sujetos sociales que se encuentran en la línea de impulsar un modelo político autónomo, fundamentado en la cultura y la identidad.

Es que la información es soberanía y la desinformación es dependencia. La información estimula la democracia soberana, social y solidaria, mientras que la desinformación marcha, indefectiblemente, hacia una democracia formal y totalmente dependiente, reaccionaria en todo sentido. Es que la desinformación tiene el poder, nada más ni nada menos, de reproducir ideológicamente un sistema injusto, alienante y dependiente.

La realidad actual –cualquier tapa del diario Clarín, por ejemplo- sostiene acabadamente nuestras palabras.

Rafael Restaino

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