LOS RESORTES DE LA MEMORIA

La memoria es el único paraíso del que no podemos ser expulsados.

Johann Paul Friedrich Richter

Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos.

Jorge Luis Borges

Mi memoria es magnífica para olvidar.

Robert Louis Stevenson

Allí donde la toques, la memoria duele.

Yorgos Seferis

El olor a café negro en la cocina de la abuela. El mate cocido y los bizcochos del Jardín, aquel Edén de la infancia. Todo impregna la memoria y cobra nueva vida. Cuando un jugador da un pase sin mirar se dice que «jugó de memoria» o cuando conoces mucho a alguien o algo lo haces «de memoria». Las políticas de Estado en defensa de los Derechos Humanos y contra la impunidad de crímenes de lesa humanidad, son políticas de Memoria. También de Verdad y Justicia, y es que sin Memoria no hay casi nada.

La memoria, aunque parezca muy obvio, se construye recordando…
Recordar. Ricordi. Recuerdos. Volver a pasar por el Cor. Corazón que también es cuore, o el más antiguo, del latín cor. Por el ajetreado corazón de los recuerdos. La memoria donde ardía, ¿quemaba todo? Somos lo que recordamos. ¿Recordamos lo que somos? ¿O nos hacemos todas las trampas suficientes para mitigar la angustia de la existencia? ¿Qué era Ricordi, además? ¿Una marca de tabaco? ¿Un sello discográfico? ¿Un café antiguo de Venecia o de San Telmo? ¿Y aquella tarde de fuego? ¿Existió o es la construcción del deseo? ¿De lo que pudo haber sido o el dolor de ya no ser? ¿O del construirse la vida que queremos o que quisimos y de la que no queda más que impotencia? ¿Y las palabras que recurren y acuden a la desesperación del condenado? ¿Son parte de la historia o una invención inmediata del sufrir? Recuerdo es un bellísimo tango de Pugliese, ¿o era de Troilo, haciendo magia en su jaula? No, claro. Pugliese, siempre Pugliese. ¿Se acordaría en su vejez el magnífico Osvaldo la circunstancia en la que escribió a sus 19 años aquella obra maravillosa? Queda la música. Para siempre en la memoria. Lo demás es frágil, más frágil que el cristal… como dice el tango Cristal de José María Contursi que es recuerdo vivo a punto de romperse. Un presente continuo de inmarcesible hermosura.

Un lunes por la mañana, cuando toda tragedia se magnifica, en un consultorio médico por algún achaque de carrocería, achacable al paso del tiempo, y a la humedad, y a la acumulación de dolores, y a las angustias de la carne, y el peso de los siglos sobre las espaldas de la humanidad. Lunes y dolor.
Un silencio artificial en la fría camilla, una espera densa, un olor que promete salud o al menos algún intento, promesas de curas y alivios, un rosario de cuentas preciosas.


Afuera la señora secretaria limpiando la recepción con la precisión de un cirujano, cuando logro escuchar nítido, preciso como el estiletazo del amor, inconfundible, el chillido del papel sobre el vidrio al ser limpiado. Ese sonido único. Ese solo ruido en medio del padecer me llevó sin escalas a mi infancia, cuando mi mamá en uno de sus tantos rituales hacía brillar las piedras pobres, convirtiendo en espejo la mugre de los arrabales. ¿Será que así funciona la cosa? En el más patético desierto, el alma humana y sus mágicos artificios hacen que nos aferremos a una balsa, aunque más no sea a un tronquito que nos salve del naufragio. Y a partir de allí todo fue un suceder de sensaciones y asociaciones ilícitas que me arrancaron de aquella prisión de turbia realidad. Desde el fondo del tiempo mi mamá vino a rescatarme. Una vez más.

Todas las cicatrices son como un mapa de nuestra vida. Cicatrices también es un cuento de Saer, ¿o era un libro? ¿O las dos cosas? Me resisto a googlear, pero pierdo la batalla. Perdí en todo sentido, es una novela de lectura pendiente, como tantas… Es tan imprescindible Juan José, que es imposible e imperdonable obviarlo.

Según el diccionario, cicatriz significa: señal o marca que queda en la piel después de cerrarse una herida. Impresión profunda y duradera que deja un hecho doloroso. Casi como la memoria. Como los recuerdos de un pasado atroz o de un desamor violento, o un abandono por los siglos de los siglos. O aquellos dolores colectivos que han marcado la Patria, las conquistas, los despojos, las masacres, las torturas, las perpetuas injusticias, la desigualdad más bestial, las desapariciones de generaciones enteras a manos de torpes y brutales carniceros. Por eso recordar, rememorar, relatar a los perdidos, contar a los errantes, desenterrar a las humilladas. Siempre, para que no haya olvido. Para que no se pierda ni la última sonrisa de los padecientes.

La reconstrucción es necesaria y difícil, la búsqueda de fragmentos, de papelitos en los archivos, de incunables en los sótanos más inmundos, de agujas en los pajares más inverosímiles. La búsqueda frenética de cuerpos que estuvieron llenos de vida y de sangre victoriosa y de deseo derrotado. La búsqueda interminable. Porque cuando la última luz se apague, justo en el instante previo, allí habrá una última mirada esperando una respuesta.

El mundo de lo individual y de lo colectivo está hecho de palabras. De significados, de historias, de relatos tremendos, de sueños imposibles de narrar. Sigamos hablando al desierto, a la locura de los poderosos, a la indiferencia de los desalmados. Hasta que la Memoria sea un pan caliente en la mesa de todes.

Fabián Del Core

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