LA REVOLUCIÓN PERONISTA EN PERGAMINO

Una de las grandes discusiones (al menos en un tiempo que hubo discusiones) era «si el peronismo es reformista o revolucionario». Nosotros estamos plenamente seguros de que en esencia el peronismo es un movimiento revolucionario que entronca con todas las grandes revoluciones de la humanidad. Lo es desde su iniciación en las históricas jornadas del 45 y, especialmente, en el grandioso hecho de masas del 17 de octubre, que tuvo el carácter de un acto de rebeldía de la clase trabajadora contra las fuerzas reaccionarias y antihistóricas. Desde esos hechos significativos y propios del pueblo trabajador fundamentamos que el peronismo es sinónimo de revolución.

Dentro de los lineamientos del dossier que se propone para este número LA BANQUINA, vamos a fundamentar por qué aseguramos que el peronismo que se practicó en Pergamino que va desde 1945 a 1952, fue esencialmente revolucionario.

DIFERENCIAS ENTRE REFORMISTA Y REVOLUCIONARIO

La principal diferencia que existe entre reformista y revolucionario consiste en que los primeros creen que el sistema debe ser mejorado, mientras que los segundos creen que debe ser reemplazado por otro. Para acrecentar esa apretada síntesis decimos que los reformistas sólo desean mejorar el sistema y proponen entre otros aspectos aumentar el salario, subir impuestos a los ricos, mejorar las condiciones de trabajo, combatir la corrupción, defender los servicios públicos de las privatizaciones. Como bien lo ha definido Federico Engels se busca «conservar la sociedad actual, pero suprimir los males ligados a ella». Lenin también fue preciso al opinar sobre los reformistas, diciendo: «Los reformistas pretenden dividir y engañar con algunas dádivas a los obreros, pretenden apartarlos de su lucha de clase».  

En resumen, los reformistas sólo pretenden mejorar al capitalismo, hacerlo más humano, en cambio lo revolucionario pretende un cambio violento en las instituciones políticas, económicas y sociales de una nación. Un cambio radical en el cual una clase social derroca a otra como lo ha señalado Karl Marx, en su Mensaje a la Liga de los Comunistas en 1850: «Para nosotros no se trata de reformar la propiedad privada, sino de abolirla; no se trata de paliar los antagonismos de clase, sino de abolir las clases; no se trata de mejorar la sociedad existente, sino de establecer una nueva».

EL PRIMER PERONISMO FUE REVOLUCIONARIO

Es bien cierto que los revolucionarios quieren destruir el sistema en su totalidad y que no rehúyen a la posibilidad de utilizar la violencia que muchos perciben como inevitable; pero no es menos cierto que los revolucionarios no tienen inconvenientes en unirse en determinados casos a los reformistas y aquí encontramos el entronque con ese primer peronismo revolucionario  que va desde 1946 a 1952, y que fundamentamos diciendo que además de llevar adelante desde su inicio mismo las políticas sociales (jubilaciones, pensiones, salud, turismo, vivienda, etc.) que podríamos considerar como la primera experiencia de establecer el estado de bienestar en nuestro país y en América; planteó y difundió el triunfo de una clase: la de los que trabajan, que se puede señalar como una verdad fundamental del peronismo a la que busca llegar por medio de la cooperación. Existen, además otras medidas como la división de la tierra, la eliminación de los latifundios (en el plan de gobierno 1947-1951, conocido como el Primer Plan Quinquenal, que proponía la realización de obras estratégicas en los Territorios para los habitantes de estos espacios). Indudablemente la política agraria peronista se caracterizó por tener una posición anti oligárquica y anti terrateniente, que incluía y legitimaba la expropiación de tierras para destinarlas a las tareas de colonización. La tierra fue considerada por el gobierno peronista como «un bien social», de esta forma el lema del gobierno fue «la tierra para quien la trabaje». El propósito de estas medidas fue lograr terminar con las redes de poder y lograr una mejora en la forma de distribución del suelo.

Asimismo, se encuentra la Constitución Nacional de 1949, que fue una de las primeras constituciones sociales del mundo en la cual se incorporó numerosos derechos de los trabajadores; de la familia; de la ancianidad; de la protección universal de la salud; de la educación en todos los niveles; de la ciencia y el arte; entre muchos otros; se sancionó la ley de voto femenino que estableció el sufragio universal en la Argentina. La enumeración es extensa pero no se puede dejar de señalar en esta enumeración: la expansión del mercado interno, la nacionalización de los ferrocarriles, el comercio exterior, la marina mercante, el servicio telefónico, la creación de SOMISA, la gratuidad de la enseñanza universitaria o la puesta en marcha del Plan Atlas con el cual se empoderaba a los trabajadores de América desde México a Tierra de Fuego. También existen aspectos intangibles como el sentimiento de heroicidad introducido en el pecho de ese hombre y de esa mujer del pueblo, que se sintieron necesarios, útiles, incluidos y fueron, justamente, en esos años que aprendieron a no bajar la vista ante el «Doctor». Aquí se encuentra, en gran parte, ese odio a todo lo que huele a peronismo.

LA REVOLUCIÓN PERONISTA EN PERGAMINO

Al producirse la Revolución de 1943, comienza a entreverse un cambio sustancial en la política y en la sociedad de Pergamino. Es un cambio que se observa en el estado de ánimo de los trabajadores que presienten una oportunidad para sus mejoras. A partir de 1946 ese cambio se hace realidad y tiene características de revolución, ya que no es baladí el hecho de que finalice el gobierno de los «doctores» y que se inicie propiamente el de los trabajadores. El ejemplo más notable se presenta en el campo de lo político cuando es reemplazado como Intendente el Dr. Tomás Ramella por el mozo de bar Diego García y que se conviertan en Diputado Nacional el guarda del ferrocarril Miguel Musacchio y en Diputado Provincial, el carnicero Samuel Altube y en concejales hombres provenientes del trabajo manual o de la base social como Francisco Mazzei, Crisanto Fernández, Avelino Álvarez, Galeano Solmi, Miguel Ballesteros Es un cambio notable que se extiende en las instituciones donde, por ejemplo, el mozo de bar Juan Payero será el Presidente de la Biblioteca Dr. Joaquín Menéndez.

Entre los aspectos significativos observamos como este mozo de bar convertido en Intendente lleva adelante una política en la cual además de atender lo administrativo, realiza expropiaciones de tierras para llevar adelante el Barrio Obrero bajo la necesidad «de solucionar en forma rápida y segura el serio problema que significa a la masa trabajadora la habitación sana, cómoda, higiénica y cuyo costo esté adecuado con sus ingresos». Una política de expropiaciones que se continuó para lograr la edificación de la Escuela N° 6, la escuela N° 57 en terrenos expropiados a los Ortiz Basualdo y concretando la inauguración de los edificios de las Escuelas N° 4, N° 3, N° 15, N°21, N°23, N°28, N° 29, N° 31, N°37, N° 40 y otras. Pero además se encuentran las inauguraciones del Mercado, la Estación de Ómnibus, la pavimentación de los barrios, la canalización del arroyo, el sembrado de los árboles en el arroyo, en el parque, en las estaciones ferroviarias y en la ciudad, la creación del Asilo de Ancianos, construcción del frigorífico regional, construcción del estadio en el Parque Municipal, Salas de Primeros auxilios. Pero entendemos como lo más significativo es que este mozo de bar se enfrentó a los estancieros con la bandera de «expropiar tierras si no la trabajan». Esto es algo que va más allá de una reforma. ¡Es una revolución! Una revolución devaluada e invisibilizada por el poder que se instala después del golpe de Estado de 1955. Nuestra tarea es hacerla recordar, para hacer saber que el pueblo trabajador puede gobernar y puede sin egoísmos pensar y actuar como en esos tiempos en el bien común.

Rafael Restaino

Compartir en: