NUESTRAS CANTORAS (UNA SERIE DE VARIAS ENTREVISTAS) | HOY IRENE RODRÍGUEZ

“Ojalá podamos seguir acompañando los tiempos que transitamos; quizás los objetivos, los sueños, sean seguir soñando”.

Mucho hemos dicho ya de Madrigal, uno de los mejores grupos vocales argentinos que tiene la buena costumbre de regalarnos, de vez en cuando, un disco novedoso, comprometido y sólidamente artístico. También festejamos que el grupo esté nuevamente en Pergamino el sábado 23 de abril en el Teatro Municipal Unión, presentando las nuevas canciones.

Pero hoy estamos con una de sus cantantes, de aquí de Pergamino, la que está desde los inicios de esta segunda parte de vida del grupo, allá por el 80, Irene Rodríguez, alguien que ya nos había deleitado con su bella y dulce voz en esporádicas presentaciones aquí, en su ciudad natal o en alguna peña improvisada de amigos y amigas a la que pudimos tener acceso antes de ese 80.

Vale decir que, en 1972, Irene grabó (en forma muy precaria, dada la época) junto al inolvidable Guillermo Fascioli, acompañada por el órgano de la Parroquia La Merced y en el interior del templo, una letra de Gabriela Conticello, con música de Horacio Aguilar Ortiz, especialmente creada para la obra «Dos nombres cualquiera» de Juventud de Teatro, en la que tuve la suerte de actuar. Sus voces hicieron que apareciera la melodía exacta para contar lo que necesitábamos en aquella creación colectiva de problemática juvenil.

En fin, que la Irene que queremos mostrar acá no es solo la de Madrigal, grupo que comparte con su esposo Raúl Rey, con el que ha pasado la mayor parte de su vida como cantante y como persona, sino la que nos regaló su voz antes de irse a estudiar y quizás, ni ella misma supo lo que disfrutábamos escuchándola cantar.

Esta es la Irene de hoy que nos cuenta también del ayer y se prepara para una nueva presentación en la ciudad de la «Frutillas con crema».

LOS PRINCIPIOS ADOLESCENTES

-Contame de aquellos tiempos adolescentes y la formación del grupo musical con tus amigas en esos años, ¿qué dio principio a una carrera que sigue hasta hoy?.

–Vos te referís al grupo que formamos con mis amigas, cuando teníamos apenas 14 años, «Frutillas con Crema», en cuyas presentaciones (no todas, claro, sólo en algunas donde podíamos solventar tamaño despliegue escenográfico) hacíamos nuestra entrada triunfal mientras algunas compañeras del cole nos bañaban con espuma blanca en aerosol -supuestamente la crema de las frutillas- y nosotras, vestidas a lo John Lennon, con pantalones Oxford y anteojitos redondos incluidos, empezábamos a tocar. Por supuesto, en el bombo de la batería, una enorme frutilla con crema: y ninguna duda de cuál era nuestro postre favorito!.

Las integrantes éramos Patricia Maglione en bajo, Liliana Grilli en guitarra, Silvia Querede en batería y yo en guitarra y voz. En un momento Silvia se fue de Pergamino y la reemplazó mi hermano Tato que tendría unos 12 años. Nos presentábamos en clubes, en el cine Monumental, siempre como teloneras de «Los Vikings», que era el grupo de moda en ese momento, y sus integrantes (Aguilar Ortiz y Cali Espósito), eran nuestros padrinos artísticos. Después comenzaron a invitarnos de distintos colegios secundarios de la ciudad. Fue en el Nacional que el profe Manzoni nos dio el ok, no sin antes corregir algunos acordes, lo que fue todo un honor.

-¿Qué "sabor" tenía el cantar con tu familia o las amigas y los amigos en ésta, tu ciudad, y qué llevaste de eso, a la cantante de hoy?

–Crecí en una casa llena de música. El piano de mi viejo, la guitarra que pasaba de mano en mano entre mi mamá, Willy (hermano mayor) y yo, mientras mi hermano Tato nos acompañaba con un improvisado instrumento de percusión. Fueron momentos de mi infancia y adolescencia que me marcaron para toda la vida, junto al coro del Colegio Nacional donde aprendí lo que era la armonía vocal. Lo que lograba el querido profe Manzoni con la formación de un coro polifónico con las y los estudiantes del Colegio era increíble. Creo que ni él mismo llega a dimensionar el efecto y la influencia que ejerció sobre varias generaciones. En mi caso fue decisivo para que me dedicara a la música y nunca le agradeceré lo suficiente.

¡Ni hablar de las guitarreadas con mis compañeros del alma, los Guilles Colautti y Fascioli, y las armonías improvisadas sobre temas de Charly o el Flaco Spinetta!. Y, por supuesto, el público obligado que eran las y los compañeros del cole con quienes aún mantenemos una hermosa amistad. No sé si ellos lo saben, pero en muchos sentidos, cambiaron el rumbo de mi vida.

LLEGA MADRIGAL

-Hablemos de la formación de Madrigal y tu encuentro con quien hoy sigue siendo tu pareja, Raúl Rey, "socios" en esta aventura.

–Es bastante peculiar. Cuando me fui a Rosario a estudiar, no llevé la guitarra, claro, ¡había quedado en el sofá del living de mi casa!. La cuestión es que fue la única época en que no toqué ni canté mucho, al menos en Rosario. Un compañero de facu de mi prima, que venía a estudiar al departamento donde vivíamos, era un ex integrante de Madrigal y en un momento me comentó que estaban buscando voces femeninas para incorporar al grupo y que fuera a audicionar. Yo me asombré porque, que yo supiera, él nunca me había escuchado cantar así que le pregunté: ¿Y vos cómo sabés que yo canto? Y me dijo: Porque te escuché mientras te bañabas. ¿Muy loco, no? (se ve que me bañaba justo a la hora que él venía a estudiar, jaja). Después audicioné con Raúl, a quien no conocía, con esa bellísima canción de Serrat, «Pueblo blanco». Y parece que le gustó. En fin, así de bizarro fue.  

Junto conmigo ingresó en la cuerda de tenor otro pergaminense, “Pato” Bussi, al que después reemplazó mi hermano Willy, quien integró el grupo durante 30 años. Una voz muy personal y un gran intérprete que le dio al grupo un color y una impronta particular.

–¿Integrar el conjunto te priva de una actividad musical como solista o no te interesa?.

–He hecho algunas cosas como solista, pero siempre prioricé el grupo, me encanta la armonía vocal, el canto grupal, eso que caló tan fuerte en mí durante mis años en Pergamino.

–¿Cuál es la razón de la continuidad y permanencia de Madrigal en tantos años de trayectoria?.

–Creo que es porque tratamos, no sé si siempre lo logramos, de no quedar anclados en el pasado. Hace unos días recibí un mensaje de un gran poeta mendocino, Bernardo Palombo, de quien estamos haciendo una bella tonada, «Vendimiador», una versión con rearmonizaciones que hacen que suene diferente a las versiones anteriores. Fue justamente eso lo que lo llevó a contactarnos, porque siendo un amante de los grupos vocales, estaba buscando un grupo que no sonara a aquellos de los años del furor de los grupos vocales. La idea es mantener la vigencia y al mismo tiempo no perder el arraigo histórico. Difícil equilibrio. ¡O quizás la causa de la permanencia sea pura persistencia o pasión por lo que hacemos!.

–¿Cuál es tu participación en la elección del repertorio del grupo?.

–Todos los integrantes aportamos ideas y temas. Luego Raúl, que se encarga de los arreglos y la dirección, toma la decisión final por el tema de los registros, las posibilidades armónicas, etc. O al menos eso dice para tener la última palabra… (ja).

LA BÚSQUEDA PERMANENTE

–Si bien el repertorio de Madrigal tiene una tendencia por el canto popular cercano al folklore, hay un eclecticismo en los giros musicales que lo hacen diferente... ¿Eso está previsto o fluye naturalmente?.

–Nos gusta incursionar en distintos géneros y lenguajes. Tratamos de hacerlo estudiando las particularidades de cada género para mantenernos lo más fieles posible y, a su vez, darle nuestra impronta. En la presentación del disco anterior Sergio Arboleya, periodista de Télam, decía que el grupo canta con una voz propia. Nos gustó porque esa es un poco la idea: cinco cantantes y una sola voz.

–¿Cómo fueron adaptándose a las diferentes épocas que les tocó transitar al grupo en cuanto a repertorio?.

–La búsqueda nunca fue sólo musical en el sentido de que nos sería imposible, por nuestra manera de pensar y sentir, abstraernos de lo que nos ha tocado vivir: realidades y experiencias diversas, muy duras algunas, sobre todo en los años oscuros de la dictadura. Madrigal se ha caracterizado por acompañar –o intentar hacerlo– cada uno de esos momentos a través de las melodías, armonías y poesías de aquellos grandes autores y compositores, cuya enorme sensibilidad nos atraviesa, nos toca el alma y se hunde en lo más profundo para salir hecha canción, sonido, voz compartida.

–¿Qué significa para vos volver, de vez en cuando y mostrar tu música en Pergamino?.

–Mucha emoción. El reencuentro con tanta gente querida, junto a algunas dolorosas ausencias, me tocan muy profundamente. Una debe intentar que esa emoción no se traslade a la garganta, pero no es fácil.

–¿Si tuviéramos que nombrar mujeres que cantan a nivel latinoamericano, a quienes nombrarías?.

–Por supuesto las grandes referentes de la canción latinoamericana Mercedes (Sosa), Chabuca (Granda), Violeta (Parra), Elis (Regina), Omara (Portuondo), Chavela (Vargas), entre otras que, seguramente, me estoy olvidando. Y enormes cantoras como la peruana Susana Bacca, la venezolana Cecilia Todd, la colombiana Marta Gómez, la panameña Patricia Blej, la uruguaya Malena Muyala y muchas más.

–¿Qué pensás que le falta hacer a Madrigal para cumplir todos los objetivos que se propusieron al integrarlo allá por el 80?.

–Es difícil hablar de sueños cumplidos porque lo que se cumple se cierra. No me gusta lo cerrado. Me gusta pensar siempre en algo abierto, algo que continúa y se transforma. Ojalá podamos seguir acompañando los tiempos que transitamos, no perder la sensibilidad por aquello que nos toca vivir y mantenernos alertas y abiertos a todas las nuevas experiencias que puedan venir. Quizás los objetivos, los sueños, sean seguir soñando.

“MERCEDES SOSA ME INVITO A CANTAR CON ELLA…”

–¿Algún sueño que te haya quedado sin cumplir como artista y cantora?.

–No sé si un sueño, pero sí tengo un arrepentimiento. En una oportunidad tuve el enorme privilegio de recibir a Mercedes Sosa en mi casa. Fue en el contexto del Encuentro de Músicos que organizamos anualmente, hace ya 18 años. En un momento me dijo si quería cantar con ella y tuve pudor. Todavía no entiendo cómo hice semejante cosa… no sé qué se me pasó por la cabeza, pero no dejo de lamentar haber dejado pasar un placer tan inmenso como el haber podido compartir una canción con la mayor referente de nuestra canción.

–Contame del show que van a hacer en el Teatro Unión de Pergamino el sábado 23.

–Los temas del nuevo disco que presentaremos recorren ritmos y armonías de autores clásicos de distintos países de América: desde Chico Buarque a Piazzola, de Chabuca al Negro Rada, del Cuchi Leguizamón a Silvio Rodríguez.

El espectáculo está guionado para que cada canción se acompañe con filmaciones, bailes, textos, efectos de luz que ayuden a crear un clima, una atmósfera y así el espectador pueda vivir esas letras y esas melodías como las vivimos y sentimos nosotros. Esperemos poder lograrlo. Estamos trabajando y ensayando para que así sea.

–¿Proyectos?.

–El más concreto y que cambió algunos planes para el año que viene, es la propuesta del poeta y compositor Bernardo Palombo de hacer un disco y presentarlo en Nueva York donde él reside actualmente. El Taller Latino que fundó hace más de 20 años, y por el que han pasado Mercedes, León Gieco, Pablo Milanés, Silvio Rodríguez entre tantos otros referentes, reúne a poetas y músicos de enorme talento con quienes compartiríamos algunas obras. Un hermoso proyecto que, por ahora es eso, un proyecto.

Madrigal - "Oblivion" (Astor Piazzolla) Rosario 2020.

MADRIGAL "La casa de al lado".

Jorge Sharry

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