EL EXTRANJERO

Eugenio Granell, El extranjero, 1974. Madera policromada. 76 cm.

A Eugenio Granell.

No es la silla en la que me siento cada día. Ni la taza de la que bebo al despertarme. Ni lo que me abriga. Ni el aire frío o cálido que me aguarda al salir. Ni las hojas en los árboles. Ni las hojas esparcidas en el suelo. Ni la inminencia de la lluvia. Ni el grito del que ofrece su mercadería en una esquina. Ni el ruido del tren que se detiene en la estación. Ni la carta que escribí una tarde. Ni la carta que nunca escribí por temor, por cobardía. Ni la primera vez que vi la vida en el agua estancada a través del microscopio. Ni aquella ave caída en el jardín a la que dediqué mi primer poema y a la que tal vez le dedique el último. Ni el agua que, de a poco, horada la piedra. No es nada de lo que conocí, vi, toqué, hice o dejé de hacer, leí, oí. Es otra cosa, que quizás estalle, alguna vez, ante mis ojos, o permanezca para siempre en lo más lejos, intacto, con su secreto.

Carlos Barbarito

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