JULIO

-Me vine de allá, Gaetano, eso no era vida. No podés exigirle a la máquina lo que la máquina no da. Así que me volví. Resulta que, mal, no la estaba pasando. Imaginate, yo, en la loma de los kinotos, en un planeta todo de cuarzo. Y cada tanto un cenote, tragos, playa y sol. Todos al pedo están. Al principio me miraban como sapo de otro pozo. Yo me presentaba, ¿viste? Yo Julio. Y les sonreía. Se ve que los tipos se dieron cuenta de que yo era manso y ya se pusieron simpáticos. Julio de acá, Julio de allá, Julio esto, Julio lo otro. Es lo único que les entendía clarito, Julio decían. Después hacían como un zumbido, ¿viste? Yo les decía todo que sí. A veces les cazaba algo por el tono, tenían unas voces finitas, puntudas, que te hacían cosquillas en los tímpanos.

Al principio no es fácil. Te tenés que adaptar a otra cultura, vos me entendés, Gaetano. Yo nunca había salido del pueblo y el tema del idioma es bravo. Yo les preguntaba, ¿cómo te llamas? Sisis, me decían. Después me avivé, todos se llaman igual y viven todos juntos. Un quilombo. Tienen como si fuera los Andes, ¿viste? Todo montaña hueca, y ahí adentro viven.  No tienen baño, como estiran una pata y tienen el mar, el agua calentita…

De noche se guardaban todos, paraban de zumbar y cuando se dormían flotaban. Aunque no era nunca totalmente de noche, porque el sol cuando no estaba arriba estaba abajo y como el suelo en algunas partes era de cuarzo traslúcido intercalado con azules, naranjas y otros colores que acá en la tierra no se conocen, la luz venía desde el piso. Un corso era la noche.

Me trataban como a un rey, no me querían dejar volver, todo pago tenía, imaginate, yo andaba sin un peso. Parecía que me había ganado la rifa de los bomberos.

Y no te dije, allá no existe la ropa, desnudos andan, son bastante parecidos a nosotros, teta más oreja menos… Al tercer día yo ya andaba en pelotas, al tercer día más o menos, porque los días, no son todos iguales, un día dura tanto otro día dura el doble, ¡te volvés loco! Una noche, cuando ya había entrado en confianza, cuando estaban todos a punto de dormirse y empezar a flotar, me les puse a cantar:

Cucurrucucu,
Paloma
Cucurrucucu,
No llores
Las piedras jamás,
Paloma
¿Qué van a saber de amores?

Como lloraban. Vinieron unos cuatro o cinco me abrazaron y se fueron durmiendo así, y empezaron a flotar y yo flotaba con ellos. Esa noche dormí como un angelito y de ahí en más yo siempre me dormía abrazado con cualquiera. Después me enteré, no conocían la música, entonces todos los días les cantaba y ellos zumbaban de alegría.

Otra noche vinieron unos cuantos, y me explicaron lo del sexo, lo hicieron ahí mismo, me mostraron con lujo de detalles. Y también flotan mientras hacen susus, así le dicen, susus. Yo agarré viaje enseguida, era fácil, pero bueno, esas intimidades no me gusta contarlas, más por ellos, para que no piensen que ando hablando al pedo… y yo soy discreto. Aunque el asunto por el que me quise volver fue ese, todo el tiempo ponga y dele al susus, no hay cuerpo que aguante. No tenían fin, ¿será que porque lo hacen flotando? No se… Una vuelta con Sisis terminamos como a veinte metros de altura.

Al final, el asunto fue que los tipos me absorbieron para estudiarme y se encariñaron. No podían entender mi velocidad mental, viste que soy rápido, Gaetano. Tirame una nota y yo te devuelvo una canción. Y les enseñé a cantar, todos sopranos son. Ya ahora componen sus propias canciones, óperas… ¡Cómo les gustan las óperas, se creen que son de reír! Ellos no querían que me vuelva, no querían que me vuelva, pero me volví. Les dije: Miren muchachos, el hombre siempre vuelve a su querencia. ¿Y podés creer que lo entendieron perfectamente? Ahí nomas me pusieron una nave a disposición. Ni que decirte la despedida que me hicieron.

Después nos subimos a la nave, que de afuera parecía un huevo frito y adentro era todo blandito como la caminata lunar del parque. Salimos a la intemperie galáctica y en un santiamén estábamos llegando. Me dejaron en el campo de Pascualito. No sé si le calcularon mal o fue por discreción que aterrizaron adentro del maizal, ahí mismo donde me encontraron los de la cuadrilla, que dicen que me andaban buscando.

Por eso hablan en el pueblo que estuve dos días perdido entre el maíz. Dejalos. ¿Quién me quita lo bailado?

Vos dirás: ¿éste en dos días hizo todo eso?

Lo que pasa que los dos días de acá, son como tres años allá, ¿entendés Gaetano?

Fernando Crespi

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