MALVINAS, LA GUERRA MAQUILLADA POR LOS MEDIOS

“A nivel de las comunicaciones de masas,
el anclaje es la función más frecuente del mensaje lingüístico
y está presente en todas las imágenes:
como título, como leyenda o como artículo de prensa.”
Roland Barthes.

«El arte de la guerra», manual de estrategia militar escrito por Sun Tzu, varios siglos antes de la era cristiana, quizás sea el primer indicio del vínculo que existe entre los conflictos bélicos y la información. La propaganda de guerra comenzó a tener fuerte protagonismo en las contiendas mundiales, pero hay un punto de inflexión que tiene que ver con la persuasión de la masa, el control de la información y las imágenes de los conflictos bélicos. Ese quiebre se llamó Vietnam. Desde ahí en adelante, la iconografía de la fotografía y la simbología de los significantes que aparecen en los medios, pasan a convertirse en ese «anclaje» del que habla Barthes. Malvinas fue sin lugar a dudar el último zarpazo de la Dictadura argentina para intentar perpetuar el Proceso de Reorganización Nacional, que había comenzado el 24 de marzo de 1976. Y el delirio de Galtieri fue acompañado por la complicidad de los medios argentinos.

El 10 de abril de 1982, mientras el Secretario de Estado de los Estados Unidos, Alexander Haig, se reúne en la Casa de Gobierno, con la cúpula militar, tiene lugar uno de los acontecimientos históricos más singulares de nuestra reciente historia. Masivamente la gente sale a la calle, turbada por ese embustero espíritu nacionalista que en los extremos justifica a los regímenes más despóticos. El territorio de la Plaza de Mayo será testigo de lo acontecido replicándose en las principales plazas del interior del país y emitiéndose en cadena nacional por ATC. Galtieri bautizó a este llamado un nuevo «cabildo abierto» y una vez más la Iglesia adhirió con las palabras del cardenal Aramburu, en su homilía del Viernes Santo: -«ha surgido en el país entero y en esta singular hora histórica una unanimidad de sentimientos, de objetivos y de adhesión a nuestras fuerzas armadas»-. Ante los ojos y oídos del mandatario estadounidense, la recuperación de Malvinas no era un hecho caprichoso de un dictador tercermundista, sino el deseo de todo un pueblo, representado en esa plaza histórica. Mientras el yanqui se marcha en un helicóptero, Galtieri aprovecha sus cinco minutos de fama y arremete su discurso con una frase nada inocente: «El pueblo quiere saber de qué se trata», enlazando a los convocados de 1810 con los de 1982.

Todas nuestras contradicciones están en esa multitud: se observa una bandera de la CGT, la misma organización que once días antes había movilizado a sus trabajadores a la que se suponía que sería la más aplastante de las marchas contra el régimen, el cántico que más se escucha en este discurso es «el pueblo unido jamás será vencido» –la memoria histórica debe recordar que dicha consigna nació en Chile y le pertenece a la Unidad Popular, frente político que llevo a Salvador Allende a la presidencia–. Hubo silbatinas a los tramos del discurso que el militar se refiere a sí mismo como el Presidente de todos los argentinos y al hacer mención a los representantes del gobierno de Estados Unidos. Mientras se leen carteles agradeciendo la gestión de la potencia del norte. Las manos del discursante, protagonizan un lenguaje corporal surrealista y delirante, cuando no alcoholizado: comienza a hablar con los brazos en alto, mostrando las palmas de sus manos. En la efervescencia de su arenga, instintivamente cierra uno de sus puños y rápidamente otro militar le advierte «con el puño cerrado, no».

En «La fotografía de prensa durante la guerra de Malvinas: la batalla por lo (in) invisible», de Cora Gamarnik, se pone de manifiesto la construcción de un discurso sistemático para la creación de una poderosa verdad mediática, que terminó de convencer a gran parte de la población no solo que se podía (en términos potenciales) ganar a los ingleses, sino que se estaba ganando la guerra. Al decir de Gamarnik: «la construcción periodística de la plaza se asemeja a los festejos del mundial del 78, basta ver las panorámicas de grandes masas festejando en el espacio público y fotos centradas en la figura de Galtieri saludando al pueblo desde el balcón de la Casa Rosada». Las incoherencias de los cánticos, no son posible escuchar en las instantáneas, menos aún en las tapas de diarios y revistas de tirada masiva (Clarín, Gente, La Nación, Crónica, Siete Días, Somos). La noticia de la «recuperación» de las Malvinas y la guerra en sí misma representó un negocio de ganancias siderales para los medios nombrados. Durante los setenta y cuatro días que duró la contienda: la información centrada en ese tema ocupó el 90 por ciento del espacio de los semanarios citados y entre el 57 y el 60 por ciento en los diarios. En la jerga comunicacional esto se denomina la permeabilización de la información. En términos históricos: el cimiento de que la mentira fuera la única verdad.

Estamos a cuarenta años del desgarro de este trozo de tierra. Territorio isleño donde se masacró a jóvenes inexpertos y se vivieron casos de tortura de los oficiales de mayores rangos a los soldados combatientes. El universo de las preguntas es infinito. Los habitantes de la tierra continental que los ovacionó, los escupió a una vida de post-guerra donde el olvido todo lo cubre. El estado que los glorificó bajo la pesada carga del patriotismo, ni aún en democracia se ha puesto a la altura de lo acontecido. La Iglesia se cubre bajo su manto dogmático de perversidad. Los medios se han legitimado como dueños de la única verdad. El revisionismo histórico es una herramienta que debemos ser capaces de hacer praxis porque el amasijo de la memoria necesita poner blanco sobre negro, no solo la conducta individual sino también la colectiva. Vaya esto no como una utopía, sino como práctica del pensamiento crítico en un claro ejercicio de la libertad.

Fuentes:
GUBER, R. (2001) ¿Por qué Malvinas? De la causa nacional a la guerra absurda. Buenos Aires. Editorial Fondo de Cultura Económica.

ESCUDERO, L. (1996) Malvinas: El gran relato. Fuentes y rumores en la información de la guerra. Barcelona. Editorial Gedisa.

María Cobarrubia

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