LAS VENAS ABIERTAS DE MALVINAS

Tras su manto de neblina 40 años de desmalvinización y malvinización.

“La guerra destroza los lazos comunitarios entre los pueblos empeñados en combate y amenaza dejar como secuela un encono que por largo tiempo impedirá restablecerlos” (Freud, 1915).

El viernes 2 de abril de 1982 me llega como un golpe, no como un recuerdo. Mi madre me despertó y esperé un “feliz cumpleaños”, sin beso porque ella no besaba, y le vi un semblante más triste y preocupado que de costumbre. Se fue con solo tres palabras: «Estamos en guerra», en lugar de las dos que quería escuchar. Me quedé petrificada y aturdida. Lo único que sentí fue que nunca más celebraría mi cumpleaños. Luego se sucedieron cada vez más las cartas a mi amigo y vecino del barrio que cumplía el servicio militar en la provincia más austral del país, quien se convertiría a su regreso en el padre de mi hijo. Así la guerra de Malvinas me marco en lo más profundo de mí ser.

Sin lugar a duda, este día ha dejado una huella significativa a todo el pueblo. Sin embargo, para muchas familias argentinas la situación adquiere otro significado: sus hijos conscriptos son enviados a una guerra decidida por un gobierno que no eligieron, para la cual no estaban preparados y no tienen otra opción. 12.500 jóvenes de entre 18 y 20 años participaron de los combates en Malvinas. La dictadura más sangrienta de nuestro país los embarcaba en una guerra que fue un quiebre, una ruptura a sus proyectos de juventud.

Malvinas es el contacto con el trauma, saber qué pasó, cómo pasó, por qué pasó, difundir la verdad y sacar una conclusión honesta con nosotros mismos es una tarea ineludible. La verdadera pregunta, aun sin respuesta, es aquella del cantito de finales de la dictadura: ¿qué pasó con las Malvinas?.

El comienzo del fin

El 24 de marzo de 1976 se produce el golpe de Estado en Argentina que llevo a cabo la devastación estatal, el avance feroz del neoliberalismo, el endeudamiento extremo, la desaparición sistemática de personas, la represión y la censura. Es en este contexto socio-histórico de la Argentina es donde se desarrolla la guerra de Malvinas.

Como metáfora de una sociedad sumida en una especie de esquizofrenia, el 30 de abril de 1982 la CGT toma las calles con el lema «Paz, Pan y Trabajo» para combatir un régimen de pobreza y exclusión absoluta de la mayoría de la población, son reprimidos brutalmente en Plaza de Mayo y en todo el país. Tres días después el gobierno de facto tomó una decisión, peor aún, la Guerra de las Malvinas y una multitud vitoreó a Galtieri, en la misma plaza.

Es la misma dictadura que le ha quitado la soberanía al pueblo argentino, la que ha provocado una guerra para recuperar la soberanía de las Islas Malvinas.

 (…)el Sargento Clemente S nos contó que la noticia de la invasión había sido recibida con vítores por una multitud reunida frente al palacio presidencial, pero Mirabeaux dijo que se preguntaba si la gente no celebraba que nuestro presidente hubiese decidido matar a personas de otros países y no del suyo propio (…)cuando tenés en tus filas asesinos encubiertos es imposible ganar cualquier guerra (…) nos fuimos y nos llevamos con nosotros una década maldita de la historia argentina. Nos fuimos y no pude escuchar ninguna voz diciéndome ―no vayas, no vayas. ¿Podía no ir? (Eckhardt, M. (1992) El desertor. Ed. Quipu. Buenos Aires.)

Sin embargo, los intentos de la dictadura de perpetuarse en el poder se desvanecieron con la derrota de la guerra, colapsaron y llego, por fin, la democracia.

El regreso y la desmalvinización

Las trágicas consecuencias de la guerra provocaron 649 bajas argentinas. Miles de combatientes regresaron con heridas, algunas visibles y muchas invisibles. Habían vivido el maltrato de los superiores, el frío, el hambre, el miedo, la incertidumbre de la guerra, la falta de preparación y la precariedad de los armamentos. Luego de la rendición se implementaron los mismos métodos de represión clandestina, encubrimiento, censura, intimidación, operaciones de inteligencia y complicidad mediática para evitar que los soldados fueran vistos o recibidos.

Llegaron escondidos en camionetas sin ventanas a distintos cuarteles, y como representaban una potencial amenaza para las fuerzas armadas les pidieron llenar «actas de recepción», en las que debían denunciar torturas, vejámenes y otras conductas inusuales y prometer no volver a hablar del tema. Mientras que los oficiales y suboficiales aceptan las órdenes como parte de su deber, para los soldados se manifiestan en forma de amenazas para proteger a «sus seres queridos» y de una sociedad que reaccionará contra ellos. Se les ordenó «olvidar» y volver a sus vidas como si nada hubiera pasado.

A muchos soldados del interior del país los dejaron salir de los cuarteles de Buenos Aires sin hacerse cargo del regreso a sus hogares, tuvieron que hacerlo sin plata y haciendo dedo. Luego no recibieron tratamientos médicos ni psicológicos; sus familias tampoco sabían cómo tratarlos y esto genero un gran aislamiento. La «Campaña de Desmalvinización» montada por el Estado fue sostenida por los medios y por la sociedad, se mantuvieron en silencio los sucesos calamitosos de la Guerra por más de 20 años, siendo reconocidos, en parte, los derechos de los veteranos recién una década después.

El último enemigo

Jorge se despertaba/entre la tempestad del fuego/con esa tos de cañoneo/que no se le iba nunca/y antes del desayuno/se afeitaba en un pedazo/de espejo que latía/Esa mañana besó/a sus hijos su mujer/besó como el sueño/profundo y suave/besó de una manera/imperdonable y dulce/Más tarde en el baño de un bar/sacó el revólver y disparó/justo en el lugar donde/se apostaba la tristeza. (Poemario “Soldados” de Gustavo Caso Rosendi, un ex-conscripto que luchó en las islas Malvinas en 1982).

Uno de los aspectos más insidiosos del mal de la guerra es que persiste, convirtiéndose en una marca indeleble en la vida de los supervivientes que, incluso con el paso del tiempo, parece no poder curarse.

Durante el combate no solo temían a los intrépidos soldados gurkas, sino también a los inescrupulosos militares argentinos que los torturaban de la manera más brutal para lograr sus fines. Luego sintieron la frustración y enfrentaron el silencio y el olvido.

Los veteranos saben que nunca dejaran el archipiélago por completo, y muchos de sus compañeros se han quedado allí. Saben que son otros después de esa vivencia. Ante las ausencias omnipresentes inician una nueva guerra, y frente a esta nueva lucha algunos acabarán por sucumbir a la tristeza o al silencio para poder sobrevivir a los traumas físicos, psicológicos, sociales y emocionales que les aquejan.

Cada noticia del suicidio de un veterano nos despierta la sensación de que no fuimos solidarios con los soldados convocados a las Malvinas. A la fecha, aunque no hay cifras oficiales, se estima que 400 personas se han quitado la vida a causa de los problemas de salud mental que padecen y los impulsan a tomar esta dramática decisión.

El estado tampoco les ofreció atención adecuada para ayudarlos a regresar al trabajo, o la escuela, y nosotros, como sociedad, fuimos incapaces de dar el apoyo emocional necesario. Quizás el proceso de desmalvinización aún no ha terminado para ellos y sufren los reveses de la sociedad y el Estado, que les fallaron en gran medida.

Vos sós soldado desconocido, solo conocido por Dios’ y el chico contesta que no conoce ningún Dios ‘ni ningún Dios me conoce a mí’ («Carne de juguete» con dramaturgia y dirección de Gustavo Guirado).

En el «Cementerio de Darwin» en las Islas Malvinas están enterrados los argentinos muertos en combate, la mayoría fueron identificados por el E.A.A.F[i].; otras tumbas dicen «Soldado argentino solo conocido por Dios». Allí se fusiona la figura del desaparecido con Malvinas, la presencia de estas ausencias.

[i] En el año 2017, por el Equipo Argentino de Antropología Forense (E.A.A.F.)

Las representaciones

En la lucha por la memoria de Malvinas han circulado tres narrativas: la sociedad civil, los militares y del movimiento de ex-combatientes, que construyeron distintas representaciones. Algunas de ellas generan ambigüedad, hacen más complejos y profundos los usos culturales y políticos de las Malvinas y hacen que los significados que se les atribuyen cambien constantemente y, a veces, generen incomprensión. Los relatos producen interrogantes sobre el sentido de la guerra, los héroes, las víctimas, los «chicos» de la guerra, y muchas representaciones más.

Sobre Malvinas existe una tensión entre el recuerdo y el olvido, el silencio fue, sin duda, la política más poderosa. Los combatientes se convirtieron en testigos incomodos de la verdad y la desmalvinización cristalizo una sospecha infinita para que nada se sepa.

Continuar buscando justicia por la violación a los DDHH en la colimba y en la guerra es enlazar la relación entre la dictadura y Malvinas, es derribar críticamente el tópico de la guerra limpia en la guerra sucia, como si Malvinas hubiera sido la parte rescatable de una dictadura buena, que nunca existió.

Mientras tanto Malvinas sigue pendiente, luchando y resistiendo en el tejido de nuestra identidad nacional a la que no podemos renunciar; porque si lo hiciéramos nos conduciría a la clausura de sentidos, a más silencio y más olvido.

La salida colectiva de los ex-combatientes

Los centros de veteranos de todo el país pudieron unir estas identidades selladas bajo fuego, dándose fuerza a través de la agrupación. Luego de 33 años de lucha y de denuncias, en 2015 el Estado desclasificó los archivos y se entregaron 700 actas de las Fuerzas Armadas a la Comisión Nacional de ex Combatientes de Malvinas[i].

Aun libran una batalla judicial contra la propia Corte Suprema de Justicia de la Nación, que en mayo de 2015 dio por clausurado el tema y rechazó el último pedido presentado para que las torturas y tratos humillantes sufridos en Malvinas sean considerados crímenes de lesa humanidad, por lo tanto, imprescriptibles.

[i] Archivo Malvinas

La memoria

La memoria colectiva de Malvinas nos trae el pasado en perspectiva de significaciones presentes, para que sus consecuencias puedan ser evaluadas y reparadas.

En la Argentina de los últimos años, la memoria irrumpe inevitablemente en la cultura y la política, para que NUNCA MÁS se instale el mal absoluto que niega todo lo referido a la persona humana y su dignidad, NUNCA MÁS se clausuren los discursos y se rompan los lazos sociales, NUNCA MÁS prevalezca el miedo. 

El 2 de abril es el Día de los Caídos y los Veteranos, un día de recuerdo y homenaje en el que corren viejas y nuevas heridas por las venas abiertas de Malvinas.

Retrato de un país. "Paz, pan y trabajo", y el comienzo de la guerra.

Nota con el director de "Carne de Juguete" Gustavo Guirado.

Mónica Filippini

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