TODOS LOS RUIDOS

Y ahora no quiero sino escuchar.
Ensanchar este canto con todo lo que oiga
¡que todos los ruidos del mundo se viertan en él!
Walt Whitman.

Oigo distantes gorjeos,
el susurrante mecer de las cortaderas,
el crepitar de las llamas en el monte
y el grito desesperado.
Hombre, animal, hierba.
Oigo la risa de los amantes
y las manos que se rozan
en la oscuridad de una celda.
Oigo el té que se vierte en una taza
y el sollozo del padre devastado
¿descriado? ¿deshijado? ¿devastagado?
Oigo el vino inundando la boca
y los pasos escapando desesperados.
Oigo las miradas sobres sus cuerpos
y la liberación de los ancestros.
Oigo el sudor del laburante quemándose la vida
y del torturador quemándole los sueños.
Oigo el rezo por los otros,
el bullicio de los que no escuchan
y la sala violeta del que espera.
Oigo sillas que se caen, vasos que se rompen,
gritos que nacen y carcajadas agonizando.
Oigo la letra tachada,
la arena brillante en caracolas
la luz por debajo de la puerta,
la giba de la anciana tejiendo para nadie.
Oigo la piel tersa, desfigurada,
la marcha acompasada de las locas
y el palo certero de lo injusto.
Oigo redoblantes y armónicas,
aplausos y delirios.
Oigo la lluvia lavando los temores,
los abusos, los rostros y sus manos.
Oigo al vecino que por las noches
construye nuestras tumbas.

Zulma Martini

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