GERARDO Y LA YERBA DEL MÁS ALLÁ

Gerardo se levanta como para volar
Porque vaya a saber quién le confesó
Que la muerte es nada menos que una prolongación del amor
Y que la vida se esparce más allá de los más allases
De los que aman
Entonces toma el mate de las mañanitas
Y se da cuenta de que ha olvidado
Qué es la muerte
Y esa espuma que bebe es como el mar
Que lo une al oleaje de los que pujan
Por dar en las costas de la alegría compartida

Fragmento de un poema escrito por Pablo Pérez Peña, hijo de Gerardo Pérez.

ENTREVISTA A MALALA PÉREZ POR CLAUDIA ARGENTO

AL HOMBRE DE LA BARBA Y LOS PASOS EN LA TIERRA

Claudia Argento

Nunca supe más de vos, sólo que te habían sacado de la precaria casa en San Nicolás junto a Norita, tu novia. Una vecina chaqueña que fue testigo de aquel preambular hecho comentó: -Yo vi cuando se los llevaron, estaban él y la chica con las manitos cruzadas atrás- (llevando sus propias manos a la nuca demostrando la imagen de entrega).

Tu madre me contó que una semana antes de ese episodio, habías llegado en una vieja moto a la plaza, y en una operación relámpago habías izado la imagen del Che en el mástil principal. Te habías salvado por milagro, en el mismísimo tiempo que cumplías con tu devota militancia, hombres vestidos de civil, te observaban desde la esquina entre amenazantes y sonrientes.

Como si la situación de riesgo alimentara inevitablemente tus comprometidas manos, hiciste una nueva escala antes de llegar a tu refugio. No pude evitar imaginarte, (jamás pude liberarme de «los pájaros en la cabeza»), esta vez te vi con el aerosol de color rojo en tu mano derecha, conteniendo tu respiración a la par que iniciabas el ritual con obscena lentitud y un brillo intenso en los ojos. Tu leyenda dio vida a esa pared de casa abandonada: ¡Hasta la victoria siempre!

Es cierto, nunca más supe de vos Gerardo. Los chicos del barrio no dejaron de preguntar por el señor barbudo de los sábados a la tarde ni un solo día, hasta que yo misma dejé de ir. Tu ausencia era más amenazante que todas las recomendaciones de mis padres. Sin embargo, hoy tu presencia habita en mí, en nosotros. Los rituales se repiten Gerardo. Inspiro profundamente tu amorosa rebeldía. Esta noche saldré por esas calles desidiosas, alienadas. Llevaré un aerosol rojo en mi mano. Caminaré guiada por quien sabe cuál de todas tus ilusiones arrancadas de cuajo. Llegaré al viejo paredón del ferrocarril abandonado, inspiraré y exhalaré profundamente, evocaré tus ojos color miel, tu mirada soñadora, tu sonrisa amplia y me estremeceré ante cada letra que dibuje la leyenda que aún no fue escrita en tu nombre.

Claudia Argento

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