ARTE Y DICTADURA

«A los universitarios, intelectuales, artistas, cuya ubicación no es dudosa frente a un gobierno elegido por nadie que ha intervenido las universidades, quemado libros, aniquilado la cinematografía nacional, censurado el teatro, entorpecido el arte. Les recordamos: el campo del intelectual es por definición la conciencia. Un intelectual que no comprende lo que pasa en su tiempo y en su país es una contradicción andante, y el que comprendiendo no actúa, tendrá un lugar en la antología del llanto, no en la historia viva de su tierra.»

Mensaje de la CGT de los Argentinos a los trabajadores y al pueblo.

Durante este período, algunos de los artistas decidieron manifestarse de manera sensibilizada respecto a las cuestiones candentes de la sociedad que se manifestaban con las desapariciones, torturas, violencia, la locura y lo siniestro de la época.

La dictadura tuvo repercusiones en todos los ámbitos culturales y sociales de Argentina, y acá estamos, 46 años después intentando demostrar cómo se vieron afectadas las propuestas de artes por este fenómeno y cómo se reflejó la violencia de estos tiempos en las mismas. Durante este período, algunxs de les artistxs decidieron manifestarse de manera sensibilizada respecto a las cuestiones candentes de la sociedad a través de: la violencia, la enfermedad, la locura, las luchas políticas y otros.

Si analizamos obras reconocidas, de algunos y algunas artistas argentinos, que como es obvio no van a representar al arte argentino en su totalidad, vamos a poder estudiar cómo se vio reflejada la dictadura de 1976.

Si nos adentramos en la información obtenida sobre la época, se puede concluir que el arte de la década de 1970 fue clave en lo que podría significar el surgimiento de un arte de resistencia.

El campo artístico argentino de esos años giró en torno del debate internacional sobre el fin de los valores de la modernidad y por la situación local en la que los artistas campean la censura, la represión, el miedo y la muerte. Las obras de esos años reflejaron, de un modo subjetivo, el clima que rodeaba al país, y aprovecharon el hecho de que una obra de arte puede ser interpretada de diversas maneras, y el lenguaje que utiliza puede mostrar cosas que otras fuentes no, debido al mensaje oculto que el arte mismo conlleva.

Si observamos las dinámicas de circulación de las artes visuales en distintas ciudades de nuestro país durante la última dictadura militar, notaremos que hay modos particulares de creación ya que son tiempos de suma polarización política, restricción de libertades y proscripción de toda actividad partidaria.

Por empezar, la censura del gobierno militar fue uno de los determinantes más evidentes en la particular configuración que adquiere el mapa del arte y de las formaciones artísticas del período. Nos referimos a la represión cultural que se percibe en la dificultad que muchos artistas encontraron para exponer en museos nacionales y de las provincias y también las trabas para postularse a los salones y certámenes más representativos del período, según consta en fuentes periódicas y fue confirmado en entrevistas a los productores activos en los ’70.

Sin embargo, hubo también determinantes positivos, como ser el ideario de izquierda que comprometió a intelectuales del período, dentro de los cuales se encontraban también muchos de los artistas de esa época.

En este sentido entendemos las exposiciones realizadas en sedes sindicales o en alianza con gremios y sindicatos, que pugnaban porque «el arte debe estar al servicio del pueblo y de su liberación».

Más allá de los objetivos de la dictadura en materia cultural, hubo muchos grupos y formaciones artísticas, también algunos artistas que en forma individual demuestran que en ese tiempo no solo se reproducían los cánones estético-éticos del régimen, sino que hubo espacios donde se habilitaron estrategias creativas que tensionaban a lo hegemónico. Tanto en el plano individual como en el colectivo, la concesión y la apropiación de un lugar tan mínimo, como el sótano de algún organismo oficial para el trabajo artístico, viabilizó diversas micro-políticas. Algunas posibilitaron disidencias simbólicas ante el mandato oficial de «crear belleza», una regla que en artes plásticas era asociada con particulares tradiciones y jerarquías, de la cultura dictatorial. Entre ellas, en fuentes oficiales encontramos visibilizadas, en orden decreciente de importancia, a diversas sub-disciplinas: pintura, escultura, dibujo, grabado, artesanía. En torno a las corrientes estilísticas, el gusto dictatorial recaía en tendencias figurativas «neo» que resignificaban «ismos» de los siglos XIX y XX; en grado decreciente de importancia los eventos oficiales evidenciaban: clasicismo, impresionismo, etc. Pero no se trató de un sistema monolítico fijo, ya que, desde circuitos estatales y alternativos, algunos artistas elaboraron propuestas estético-políticas que aportaron disrupciones al «campo» artístico. Además de posibilitar la producción de obras que se alejaban del gusto dictatorial, los Centros Culturales son calificados, como un tipo de «refugios» ante un contexto de «locura, violencia, tristeza, temor, (auto)censura y parálisis».

MI HIJA Y YO - CARLOS ALONSO.

CARLOS ALONSO representa con sus obras «todo el dramatismo de una década marcada a sangre y fuego», el artista retrata en sus obras múltiples aspectos de la sociedad sesentista y setentista. El caos, la represión, la crisis institucional y política que el país atravesaba. Todo esto, sin dejar de resaltar un profundo afecto a la vida, a la libertad y al pueblo. Alonso fue un activo defensor de las libertades democráticas, y como muchos de los artistas que siguieron ese camino, la dictadura lo expulsó del país. Obligado al exilio, vivió en Europa hasta 1982, cuando volvió a la Argentina. Su hija mayor, Paloma, militante peronista montonera, fue desaparecida en el ’77.

LEÓN FERRARI fue uno de los artistas argentinos más originales y relevantes de la historia reciente. El conjunto de su obra, su pensamiento y sus escritos lo revelan como un creador multifacético y, a la vez, como un hombre con una fuerte impronta política y gran compromiso y sensibilidad social. Reconocido entre los artistas contemporáneos más importantes del mundo, León Ferrari dedicó su vida a denunciar, con valentía, rigor y genio artístico, los daños y las consecuencias de las que han sido siempre sus mayores preocupaciones: la religión, las dictaduras, la intolerancia y la guerra.

LA CIVILIZACIÓN OCCIDENTAL Y CRISTIANA – LEÓN FERRARI.

En 1965, produjo una de sus piezas más controvertidas: «La civilización occidental y cristiana», una imagen de Cristo crucificado sobre un bombardero estadounidense, una potente denuncia de la relación existente entre religión, política y violencia en la cultura occidental.

A mediados de los años 70, Ferrari dejó la Argentina a causa de la dictadura militar y se radicó en San Pablo, Brasil, donde continuó sus experimentaciones vanguardistas en el campo de las artes visuales. Con el retorno de la democracia, en la década del 80, volvió al país y se instaló definitivamente en Buenos Aires. Frente al número 1132 de la calle Reconquista un nutrido grupo de personas aplaudía alrededor del artista plástico León Ferrari y Alicia, su esposa, que no podían contener la emoción. Fue cuando se colocó la baldosa en memoria de su hijo Ariel Ferrari, desaparecido durante la dictadura.

LEÓN FERRARI, CARLOS ALONSO Y SUS HIJOS DESAPARECIDOS PALOMA ALONSO Y ARIEL FERRARI.

Estos son solo dos, de los muchos casos en que artistas jugaron un rol activo en el compromiso con su pueblo. Son demostraciones de manifestaciones artísticas que fueron más allá de plasmar su realidad en sus lienzos. Demostraciones de que es posible (y más importante aún, necesario) que pintores, músicos, actores perfilen una posición por la defensa de los derechos humanos y las libertades democráticas.

Silvana Gerlo

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