LA MUJER Y LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN

APU | © LAURA RIERA.

El testimonio de la UBA y mujeres militantes de nuestra ciudad.

En un informe claro y minucioso generado por la Universidad de Buenos Aires (UBA) se trata el tema de la relación de los colectivos feministas o la mujer en sí con los medios de comunicación; una “lucha” que comenzó hace años y que, en la actualidad, por suerte, ha sido puesta sobre el “tapete” para buscar y debatir soluciones.

En este informe, no solo rescatamos una pequeña parte del informe de la prestigiosa universidad argentina que está festejando su bicentenario, sino que publicamos los testimonios de cuatro mujeres pergaminenses, profesionales y estudiosas de la materia que nos convoca, además de “militarlo” día a día: María José Di Pascuale, Aurelia Alesso, Agustina Sétula y Natalia Tealdi:

Del informe de la UBA: El tema sobre la mujer y los medios de comunicación ha sido tratado desde los años setenta con una clara intención: promover la reformulación de los contenidos y mensajes de los medios, de modo tal que reflejen una realidad coincidente con la cotidianeidad, la trayectoria y los roles profesionales y personales no sólo de los hombres, sino también de la otra mitad de la población, las mujeres.

Ha sido en la última década que organizaciones de mujeres de diversas partes del mundo, así como de agencias internacionales, han levantado la voz, cada vez más fuerte, con el propósito de promover el desarrollo de imágenes y mensajes que den cuenta de la diversidad en la vida de las mujeres y de su contribución a la sociedad, dentro de la prensa, los medios visuales, sonoros y electrónicos. Para lograrlo, se ha planteado la necesidad de contar con la igualdad de los sexos en la gestión y dirección de los medios de comunicación, así como en la construcción de los contenidos.

El movimiento que se ha gestado en torno a este tema se refleja en la Plataforma de Acción establecida a partir de la Cuarta Conferencia Mundial de la Mujer, celebrada en Beijing en 1995, en donde se evidenció como problema la imagen estereotipada de la mujer que difunden los medios, el aumento significativo de las imágenes que perpetúan la violencia contra las mujeres y la falta de acceso de éstas a la expresión y a la toma de decisiones en y a través de los medios.

María José Di Pascuale

Profesora de Lengua y Literatura, maestrando en Literatura Argentina, integra APU.

Están nerviosos.

Hace años, Néstor Kirchner pronunció la célebre frase “¿Qué te pasa Clarín? ¿Estás nervioso?”, una frase aparentemente ingenua, pero con una profundidad de sentidos que lograron exponer el poder y la impunidad de algunos medios y comunicadores.

Si bien parecería que esa anécdota no se vincula en nada con las consignas que persiguen los movimientos feministas, la deslegitimación a la palabra mediática que provocó la frase de Néstor fue el agujero por el que se coló, en la actualidad, el cuestionamiento a ciertos medios y a sus representantes.

Imaginar la posibilidad de poner en duda la afirmación de ciertos personajes mediáticos no era una chance antes de la frase de Néstor, y de rebote nos allanó parte del camino, aunque solo en parte, los demás son todos méritos de las luchas colectivas de los feminismos.

Ahora bien, ¿cuáles son los méritos de los feminismos, más allá de la aprobación de la ley de Interrupción voluntaria del embarazo?: cuestionar privilegios naturalizados, incomodar en el seno de las propias creencias, y debatir, con argumentos tan contundentes que solo pueden desacreditar si nos insultan o violentan. Entonces escupen su incapacidad intelectual en titulares y editoriales, valiéndose de todos los privilegios que los asisten, para dejar en descubierto la firmeza de nuestro avance y el temor que les provoca.

Cuando afirmamos que las cosas están cambiando, lo hacemos en continuo para dejar en claro que estamos en el medio de una transformación, que los logros obtenidos por los movimientos feministas pusieron el foco en asuntos que la sociedad nunca había mirado de ese modo. Hoy le toca a los medios de comunicación, a sus dueños y trabajadores. Les toca el compromiso de asumir sus errores, la obligación de no caer en la victimización para intentar sostener sus privilegios.

Nadie persigue a un empleador por exigente ni a un compañero de trabajo por afectuoso. Denunciamos abusos. Señalamos discursos misóginos. Exigimos un debate a la altura de las circunstancias.

¿Qué les pasa comunicadores? ¿Están nerviosos?

Aurelia Alesso

Profesora de Lengua y Literatura; Licenciada en Calidad de la Gestión de la Educación; Especialista en Literatura y Escritura.

Hubo, a lo largo de la historia, una serie de decisiones políticas que acompañaron la lucha por los derechos, en principio, de las mujeres y luego de las personas de todo género. Ampliar derechos es un camino que comienza con el trabajo y el esfuerzo de la gente y se materializa a través de una ley. Así lo plantearon, iniciado el siglo XX, las valientes mujeres y algunos hombres que sostenían que todas debían ocupar un lugar en el espacio público y político. Participar y opinar. Poder votar. Finalmente, en el año 1947 fue promulgada la ley del voto femenino.

Increíblemente, en pleno siglo XX todavía no se había logrado este objetivo que no hacía más que tratar, al menos a la hora de emitir un voto, a todas las personas como iguales en el derecho mencionado. Aún se creía que la persona femenina estaba hecha para otras cosas. Los menesteres del hogar y la familia, a lo sumo.

El 11 de noviembre de 1951, de la mano de Evita, esas amas de casa (tarea que de ninguna manera se intenta desdeñar aquí sino todo lo contrario) y todas las argentinas, sea cual fuere su ocupación, votaron por primera vez. Un enorme y merecido logro.

Estamos hoy viviendo la segunda década del siglo XXI. ¿Qué sucede con la mujer en el espacio público, político y mediático? Evidentemente, y esto es lo bueno, ha ganado mucha participación y ha demostrado desde distintos lugares de acción que está tan capacitada como el hombre para contribuir a mejorar la vida de un país. Es más, hoy retrocedemos si hablamos de solo dos géneros posibles. Sabemos que toda persona es capaz de realizar todas las tareas para las que esté preparada independientemente de su género. Y estos avances también fueron acompañados por decisiones políticas tales como:

*La ley del matrimonio igualitario

*La ley de identidad de género

*La ley de educación sexual integral

*La ley de interrupción voluntaria del embarazo

*La ley de servicios y comunicación audiovisual (aunque hoy bloqueada desde el período macrista)

*La ley Micaela, entre otras.

Por eso, habiendo recorrido tanto camino y siendo ahora, quienes nos animamos a pronunciar opiniones, testigos de enormes cambios culturales, resulta una afrenta imperdonable que, desde los medios de comunicación, se trate a las personas con género femenino de manera despectiva, discriminadora y, por supuesto, violenta. La palabra “afrenta” implica un insulto, una ofensa grave. Pero también, el hecho de llevarla adelante como se ha hecho en los últimos días en distintos medios del país es como quien dice “mostrar la hilacha”. Y eso no se puede entender ni perdonar.

Se supone que en el ámbito mediático las personas encargadas de comunicar se informan.

¿Puede un o una comunicadora ignorar todo aquello que se ha mencionado brevemente en los párrafos anteriores? ¿Cabe aceptar que un individuo que trabaja de ello demuestre vivir en una burbuja de ignorancia en pleno siglo XXI?

No intentemos psicoanalizar a nadie preguntándonos cómo puede, aún, pensar así. Bueno, se ve que hay mucha gente que todavía en estas épocas de cambio y evolución sigue pensando así. Pero ser tan distraído o distraída –por no usar otras palabras- como para no darse cuenta de lo que es la violencia de género en el ámbito periodístico y ejercerla a viva voz, ¿no merece un repudio? ¿Tenemos que seguir aceptando que se publique o se diga cualquier cosa soslayando la necesaria perspectiva de género?

El artículo 3 inciso M de la Ley de servicios y comunicación audiovisual establece que debe resguardarse “la igualdad entre hombres y mujeres y el tratamiento plural, igualitario y no estereotipado -el resaltado es mío-, evitando toda discriminación por género u orientación sexual”.

Los medios de comunicación, en algunos casos, siguen naturalizando y reproduciendo pensamientos y prácticas antiguamente muy arraigados en el imaginario popular.

Antiguamente. Pero ya no. Es por eso que estas excepciones nefastas provocan reacciones inmediatas y virulentas. No es para menos.

Por otro lado, ¿todo el mundo puede opinar de cualquier manera? Si eso es así, gracias por avisar, porque poco me interesa la pluralidad de opiniones si se va a atacar de manera improvisada, confusa, desinformada, retrógrada e irrespetuosa. El hecho es que, a esta altura de las circunstancias y habiendo corrido tanta agua debajo del puente, permitir que se siga defendiendo a individuos como Darthes, por mencionar un ejemplo, atacando al colectivo de artistas que genuinamente y con todo el derecho, la empatía y la solidaridad acompañan a la víctima, es, por lo menos imperdonable. Desde ciertas cabezas que aún justifican y defienden el sistema hetero-cispatriarcal seguimos recibiendo insultos y hasta amenazas. Refuerzan el supuesto “derecho” que creen tener sobre las mujeres. Les dan una licencia implícita a los femicidas.

APU | © LAURA RIERA

Para continuar con un acto de justicia y reparación, vuelvo a las decisiones políticas que muchos, todavía, parecen desconocer. Existe una ley que exige la capacitación obligatoria en temas de género para quienes trabajan en los medios de comunicación. ¿Todavía no lo saben, muchachos? ¿Quiénes son, entonces, los que actúan desde la ignorancia? Una disculpa genuina que se aleje del mamarracho perpetrado por Laje, por ejemplo -que no demuestra ningún tipo de reflexión ni arrepentimiento-, es lo mínimo que nos debe el conjunto de intolerantes que levantaron la voz en contra de las mujeres. Para eso existe la ley. Para eso se ha recorrido un extenso camino de discusiones a la altura de las circunstancias, debates inteligentes y lecturas esclarecedoras. Para eso se sancionaron leyes que nos regulan como sociedad. Para eso lucharon nuestras compañeras y compañeros en pos de lograr las decisiones políticas que finalmente nos amparan y protegen. Existen documentos que hay que empezar a leer. Capacitaciones que hay que empezar a hacer cumplir. Si esto no ocurre, seguiremos rodeados de un periodismo de medio pelo que atrasa siglos en cuestiones de género. Y, sinceramente, es un desperdicio de horas de aire y de espacio en los medios gráficos que así suceda. Quiero culminar citando la frase de Ofelia Fernández a quien se trató de “gorda hija de puta incogible” por parte de un diputado de “la libertad avanza”: “La política le va a ganar al odio” dijo ella. Síntesis perfecta y brillante.

Si transgreden la ley, habrá sanciones. Basta de violencia de género. Esa es nuestra última palabra.

AGUSTINA SÉTULA Y NATALIA TEALDI - APU

Agustina Sétula

Poeta y cocinera, integrante de APU y el Colectivo Feminista.

El machismo requiere de una revisión permanente. Hacia dentro, digo. Está tan arraigado que incluso feministas nacidas como yo, tenemos que seguir desmalezando de nuestra persona actitudes, pensamientos, acciones patriarcales.

Lo que sucede con algunos en los medios pergaminenses es una resistencia de manual. Lo que sucede también, es que no tienen idea de lo que es el feminismo. No lo han googleado, no han leído las notas que escribimos, no lo intentaron.

Nosotras insistimos en este rol pedagógico y tibio -que tanto me molesta- y les seguimos explicando que «muerte al macho» no implica que querramos verlos muertos. El slogan sería más bien: matá al macho que hay en vos. En mí. En todes, hay un macho hecho y derecho. El trabajo está en deconstruirlo.

Todos estos hombres que hablan de nosotras (APU) y por nosotras (colectivo feminista) deberán hacer el laburo que les corresponde de investigación y consiguiente deconstrucción o quedarán en la palita de la historia, como el eco de un recuerdo o una anécdota de discusión bizarra digna de mesa navideña después de algunas copas cuando se picantea la cosa y se «debate» con los tapones de punta y nulos argumentos (con un tío violento o símil).

Una vez un sabio hombre de los medios me dijo: si nos molestan las voces radiales, ocupemos las radios. Y ahí nos quiero ver, ocupando los espacios, mujeres y disidencias. Que dejen de hablar por nosotres y nos hagamos cargo de nuestras voces. Y que haya asimismo, pluralidad. Estoy cansada de escuchar siempre a les mismes en los mismos mundillos pergaminenses endogámicos. Incluso en el arte. Se tenía que decir, y se dijo.

Natalia Tealdi

Artista visual y docente; Licenciada en Comunicación Social; Técnica en fotografía; Coordinadora del Centro Cultural Registrarte (integra APU).

Llego la hora de preguntarnos en Pergamino cuál es el rol de los medios de comunicación frente a la violencia de género y la problemática de estado que se lleva la vida de mujeres. Claramente sabemos que no son los únicos responsables, pero también sabemos que quienes deciden publicar notas que descalifican a mujeres o se expresan de manera violenta son parte del problema.

Y esto no se trata de ideología partidaria y pañuelos de colores, se puede ver reflejado en las marchas multitudinarias de “Ni una menos”, ahí estamos todas. Los femicidas no discriminan ni por religión ni por política ni por clase social.

¿Hasta dónde llega la libertad de expresión? Si nos remitimos a la ley explícitamente dice que este ejercicio del derecho tiene deberes y responsabilidades. Toda apología del odio nacional, racial o religioso que constituya incitación a la discriminación, la hostilidad o la violencia estará prohibida por la ley (art. 19). Por este motivo para nosotras los medios son responsables.

No solo repudiamos la violencia machista ejercida por los medios de comunicación de Pergamino, sino que afirmamos que los femicidios y la violencia contra la mujer es legitimada fuertemente por estos discursos.

Es fundamental el tratamiento de la noticia con perspectiva de género. Los medios de comunicación son formadores de opinión pública, pero también son empresas con intereses económicos. Detrás de eso, se enmascara la libertad de expresión con intereses publicitarios a través de conseguir clics y seguidores.

Desde A.P.U. proponemos que se estudie el proyecto de ley para que se aplique la ley 27.499 (ley Micaela) en los medios de comunicación.

Jorge Sharry

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