PALABRAS, PALABRAS | RESTAURACIÓN

No por méritos propios, sino por deficiencias ajenas y la falta de memoria de los más castigados, la restauración conservadora se apresta a reiniciar el doloroso ciclo que se ha sufrido en el país y en la región. Las buenas intenciones resultan estériles para hacerle frente a la arremetida.

Por impulso de la marejada propagandística, y ayudado por cierta memoria complaciente de los propios inmolados, se perciben amenazantes los vientos de fronda que amenazan nuevamente. Esto se ve en la Argentina tanto como en países cercanos, en lo geográfico y en el sufrimiento, que a su modo, cíclicamente, reproducen la fallida experiencia neoliberal. Se avizora un fuerte intento de restauración conservadora, no a favor de inexistentes méritos demostrados sino, más puntualmente, avalados por las dificultades y limitaciones de los gobiernos populares.

Lo extendido del fenómeno facilita las consideraciones. No es una cuestión meramente local, con lo espinoso que le resulta al pensamiento el necesario ejercicio de sobreponerse a la machacona persistencia de los medios hegemónicos, que han olvidado hace tiempo la noble obligación de hacer periodismo, y se regodean en la obscena práctica del desparramo de indignación, que se traduce en simple odio que anida en quienes cuentan con mayores carencias intelectuales. No se trata de la grieta, exceden esta módica pretensión de análisis las robustas fronteras del dilema central de la historia contemporánea argentina, expresado en peronismo o antiperonismo. Varios países de la región podrían resultar apropiados laboratorios de prueba para estudiar frustraciones similares.

Sin necesidad de identificar nación alguna, para evitarnos el rigor del detalle, podremos coincidir que -en una mirada liminar- se aprecian los serios aprietos que exhiben las expresiones políticas que privilegian los intereses de las mayorías, tan fuertemente atacadas -y a veces acorraladas- por preocupantes manifestaciones de las derechas autoritarias, que no registran pudor ni límites. Personajes alocados, simiescos, caricaturas penosas de pretendidos estadistas, se presentan ante las desencantadas audiencias con discursos extremos, cachivachescos, que podrían provocar hilaridad de no ser tanto lo que está en riesgo. Derivaciones electorales -¡por ahora!- minoritarias, engendran temor, por la posibilidad real de crecimiento, a la vez que al empujar los límites, habilitan a que otros, no tan energúmenos en lo previo pero parecidos luego, se vean compelidos a disputarles porciones de electorado, intensificando posturas ya derechizadas de antemano pero liberadas por los outsider, con perdón por el innecesario uso del anglicismo.

El disparate prende, entre otras cuestiones, por el claro fracaso de la política entendida de manera convencional, y los partidos, en prácticamente todo Occidente, se muestran vacíos, carentes de contenido, ausentes de conducciones atractivas; despojados de la elementalidad de representación de los muchos. Los profesionales de la política no tienen cucardas que exhibir lo cual habilita la competencia de alocados exponentes del antisistema; anti, solo en el discurso, porque son parte del sistema que dicen combatir, al que procuran amoldarse para allanar su accionar.

No importa discutir aquí si se trata de una ideología, una forma económica o una teoría política; se unifican, de común en una práctica reaccionaria, un modelo de acumulación basado en embestidas a los trabajadores, y a la eliminación de sus derechos. El peligro es grande porque, junto a los apoyos esperables, despiertan adhesiones en quienes sufrirán antes que nadie las inevitables consecuencias de políticas que la restauración conservadora viene a garantizar con el triunfo de las minorías, a permitirle mayores riquezas a los sectores concentrados, y a facilitar la transferencia de ingresos de quienes menos tienen a favor de los sectores más acomodados.

Las buenas intenciones opuestas no alcanzan. Para afrontar el furioso vendaval derechista se requieren de la conjunción de varios componentes esenciales, que no abundan, según se aprecia: claridad de conceptos, metas específicas, conducción efectiva y unidad de acción para afrontar las 24 por siete de la sólida campaña restauradora.

Rody Piraccini

Compartir en:
Share on facebook
Share on whatsapp
Share on email
Share on twitter
Share on print