LA TRILOGÍA COMO BANDERA: MEMORIA, VERDAD Y JUSTICIA

La historia argentina construyó relatos socio, histórico, culturales que conformaron la historia oficial, exaltando algunos y negando otros, la existencia del mercado esclavo, la cultura originaria, el genocidio del siglo XIX consumado por Roca, entre otros, son ejemplos de esto. La historia oficial mitrista se impuso y dominó durante casi un siglo, luego el revisionismo histórico hizo lo suyo.

Teniendo en cuenta semejante trayectoria negacionista, ¿por qué no suponer, que se niegue el genocidio perpetrado por la última dictadura cívico militar, eclesiástica, empresarial, mediática?, si los que construyeron esos relatos son los mismos sectores que desde la historia oficial mitrista a esta parte disputan poder en Argentina.

En los últimos años vimos emerger desde lo discursivo un recrudecimiento negacionista acompañado por la banalización del Terrorismo de Estado perpetrado desde 1976 en Argentina, nuevamente vimos poner en escena temas que de alguna manera se pensaban saldados, el cuestionar el número de desaparecidos y desaparecidas, la cifra, como así también volver a poner en debate la definición de “guerra sucia” en clave de la teoría de los demonios que primó en las décadas de 1980 y 1990, fueron algunos de esos discursos instalados desde los propios funcionarios públicos, quienes se encargaron de replicarlos públicamente, desde el ex presidente Mauricio Macri pasando por los demás, básicamente se dejó ver el desprecio, más allá del desconocimiento que sostienen por el largo recorrido que tiene nuestra sociedad en materia de condena al último genocidio nacional.

Los medios de comunicación representan un eje transversal para la construcción de subjetividades que le permitan al sujeto organizar sus representaciones acerca de sí mismo, de otres y de la sociedad, por lo tanto, juegan un rol fundamental en la réplica de esto relatos negacionistas.

En Pergamino, el pasado mes de agosto, precisamente el Día Internacional del detenido/a desparecido/a aparecieron arrancadas las pancartas que homenajean a nuestros 30.000 en Parque España. Desde el Municipio y a través del secretario de seguridad poco y nada se hizo, como así también desde la justicia que solo recepcionó la denuncia, pero nada en el avance de investigación sobre el hecho. En la misma semana, en una escuela pública de nuestra ciudad, un docente, interpela a un grupo de estudiantes, e interviene sobre la frase “Nunca Más” Son 30.000” escrita en un pizarrón en los pasillos de la institución, -“¿30000 qué? Verificá las fuentes!”. Vandalizar y negar, expresiones de un mismo concepto, en una sociedad que no deja, quiere ni se permite saldar deudas. Por otro lado, que en el “Pasaje de la Memoria” que se está construyendo en el Espacio para la Memoria ex Comisaria Primera, el gobierno municipal decidió de manera arbitraria, colocar un portón, que rompió uno de los paneles donde se va a dejar plasmado el mural sobre la Masacre de los 7 pibes ocurrida en 2017, sin consultar a las partes que integran el Sitio/Espacio, también es producto de la banalización, negación y ninguneo en materia de violación a los DDHH en la actualidad, y que, además, consideramos producto de un accionar sistemático y pendiente de ese Terrorismo de Estado.

Los argumentos que tanto organismos de DDHH, víctimas y la propia justicia han esgrimido y esgrimen para contrarrestar los fundamentos negacionistas que se consolidaron durante casi tres décadas desde el advenimiento de la democracia a esta parte son demasiados, pero pareciera que no alcanzan. Algunos de estos fundamentos se asientan en: La cantidad de centros clandestinos de detención y exterminio, en todo el país, las estimaciones sobre el número de prisioneros, la estimación en torno al número proporcional de Habeas Corpus presentados en el país. El número de integrantes de las estructuras militares afectadas a la represión ilegal durante todo el periodo dictatorial que superan los 150 mil hombres, activos a la caza de sus víctimas. Los dichos de los propios militares previo al golpe de Estado, de que sus relevamientos efectuados con anterioridad, desde las escuelas hasta las fábricas, que indicaban en más de 30.000 las personas a eliminar (ver por ejemplo los dichos de un militar en la carta del escritor Haroldo Conti desaparecido el 5 de mayo de 1976, escrita previa al golpe y dirigida a Roberto Fernández Retamar de fecha 02 de enero de 1976). Los informes de la Embajada norteamericana al Departamento de Estado, haciendo constar que en el año 1978 los jefes de la dictadura argentina informaron a la DINA chilena que las víctimas alcanzaban ya el número de 22.000. Debe recordarse que la dictadura continuó en su labor represiva ilegal de secuestros y asesinatos por cinco años más con posterioridad a ese informe y que aquella cifra de 22.000 correspondía a solo los dos primeros años de la dictadura.

Por lo tanto, creemos inminente, la sanción de leyes condenatorias al negacionismo, este último agosto, y encabezado por un grupo de diputados del Frente de Todos, se presentó un proyecto de «ley antinegacionista”, que estipula sanciones civiles y penales a conductas negacionistas sobre genocidios y crímenes de lesa humanidad, como así también, a aquelles que nieguen, banalicen o de algún modo menosprecien la soberanía de Argentina sobre las Islas Malvinas.  

Parafraseando a Todorov: “si un desaparecido o un muerto es un dolor, 30.000 o 100.000 pueden ser solo una información”.

NO OLVIDAMOS, NO PERDONAMOS, NO NOS RECONCILIAMOS

Karina Gorordo

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