SIN CUARTO PROPIO

Feminización de la pobreza

Todavía somos las pobres del mundo, todavía estamos en las trincheras, en la ola de femicidios del mundo, todavía nos invisibilizan.

Virginia Woolf, en 1929, les dijo a las mujeres “una mujer debe tener dinero y una habitación propia para poder escribir novelas”. Expresaba simbólicamente la injusticia intelectual, política, económica y sexual contra la mujer. Solo habían pasado nueve años desde que las mujeres tenían derecho al voto y aún quedaba un largo camino por recorrer.

La serie Las cosas por limpiar, basada en el libro “Empleada doméstica: trabajo duro, salario bajo y voluntad de una madre por sobrevivir” cuenta la historia de una joven de 25 años maltratada por su pareja que decide escapar de su hogar junto a su hija pequeña y debe enfrentar a un sistema burocrático que crea muchas barreras para brindarle asistencia social a una madre soltera que no tiene educación, trabajo ni hogar.

Las causas por las que una mujer víctima de violencia no se aleja de quien la perpetúa pueden ser muchas y variadas: ingresos insuficientes para tener independencia económica, necesidades y asistencia social insuficientes, temor a que la pareja continúe el acoso e intensifique la represalia, atravesando la inseguridad de estar sola o comenzar otra vez, entre muchas otras.

¿Por qué se habla de feminización de la pobreza? ¿Qué hace que las mujeres en situación de exclusión sean «invisibles»? ¿Cuáles son las consecuencias de ser mujer que se traducen en mayores índices de pobreza?

La pobreza es un problema global multidimensional, se habla de pobreza crónica y temporal, pobreza dura y blanda, pobreza vieja y nueva, pobreza extrema, pobreza residual, pobreza permanente y temporal; en el caso de las mujeres implica un acceso limitado a los recursos, la pobreza del tiempo, la pobreza del trabajo, la pobreza de los lazos sociales y la privación de la seguridad.

En 1978 Diana Pearce publica su obra La feminización de la pobreza: mujeres, trabajo y bienestar. Esta expresión alcanzó impacto en la IV Conferencia Internacional de Mujeres en Beijing en 1995 que colocó en la mira dos problemáticas: ‘las mujeres jefas de hogar’ y la ‘maternidad precoz’ afirmando que el 70% de los pobres del mundo eran mujeres. En la práctica, su impacto fue bastante más limitado porque el problema no es el empobrecimiento de los hogares en los que las mujeres están a cargo por la falta de proveedores masculinos, sino la discriminación de género legal, político y cultural (falta de acceso a recursos, crédito, tierra, ingresos). La feminización de la pobreza es un concepto que despierta distintas interpretaciones, pero centralmente refiere a un proceso que se viene verificando en América Latina de aumento de la incidencia de la pobreza en las mujeres respecto de los varones, que combina dos fenómenos éticamente inaceptables: la pobreza y las desigualdades de género. De todos los factores que pueden afectar la pobreza de una persona, ninguno afecta tanto como el género, lo que hace que una mujer pobre sea más pobre que un hombre pobre. Las mujeres y personas LGTTBIQ+ son las más expuestas ante este panorama de precariedad, ya que enfrentan una discriminación material y simbólica sistemática que dificulta el acceso a derechos fundamentales que mejoren sus condiciones de vida. En condiciones de pobreza extrema casi el 20% del total de la población femenina cobra menos que el costo de la canasta alimentaria, en el caso de los hombres el porcentaje desciende a un 10,9%. Detrás de estas cifras del desempleo, la desigualdad, la pobreza, la falta de educación y salud la crisis las encuentra entre las más afectadas, las más pobres entre los pobres.

Me matan si no trabajo y si trabajo me matan  

La división sexual del trabajo determina la pobreza por razones de género y es la base del acceso desigual a los recursos materiales y sociales (propiedad del capital, salarios, educación). La cultura patriarcal asigna deberes de cuidado a las mujeres con el pretexto de la disposición natural, el amor y los instintos que mantienen las condiciones estructurales de vulnerabilidad. Las mujeres soportan el mayor peso del trabajo reproductivo, son ellas quienes acortan la jornada laboral, posponen su formación o dejan el trabajo para cuidar a lxs hijxs y familiares que requieren cuidados.  Las mujeres dedican tres veces más tiempo a las tareas del hogar que los hombres, que implica una especie de doble jornada laboral. Están en desventaja a la hora de buscar trabajo y como consecuencia no tienen aportes jubilatorios, esto conlleva a que sus perspectivas de futuro son limitadas y se vuelven económicamente dependientes.   

En países con subempleo, las mujeres se ven obligadas a trabajar en el sector informal, donde sus ingresos son más bajos y están excluidas de los sistemas de seguridad social. Entre estos trabajos tenemos el trabajo doméstico, que involucra a casi una quinta parte de todas las trabajadoras en Argentina. Y en tiempos de crisis son las primeras en ser despedidas y las que más sufren por la caída del poder adquisitivo. Hay en riesgo de pobreza otros grupos de mujeres, además de las que encabezan las familias, como las mujeres de edad avanzada con pensiones irrisorias, las que tienen baja formación, las que son de origen inmigrantes o las que tienen algún tipo de discapacidad.

Un hecho que tiene un impacto: las mujeres son responsables de la producción del 60 al 80% de todos los alimentos que se consumen en el mundo, sin embargo, son las más afectadas por la desnutrición. “Le doy a ellos, o para que ellos coman yo paso con pan y mate, tenés que tomar la decisión darle de comer a tu hijo, obviamente que tu hijo primero, te duele que duerman con la panza vacía(Mujer de Concordia, informe C5N).

El ajuste es violencia

El ex presidente Macri comenzó en 2016 el endeudamiento externo, el título en dólares a 100 años en 2017, la deuda con el FMI, que entre 2018 y 2019 entregó uno de los préstamos más grandes de su historia, fueron parte de un mecanismo de ajuste que ha impacto particularmente en el interior de las economías populares, pero tuvo un golpe diferencial y doloroso en la vida de las mujeres. Las políticas de ajuste impactan negativamente a la capacidad de los Estados para proporcionar servicios sociales básicos, incluida la educación, la atención médica y la seguridad social. El documento de NiUnaMenos, en 2017, expresaba “Las finanzas, a través de las deudas, constituyen una forma de explotación directa de la fuerza de trabajo, de la potencia vital y de la capacidad de organización de las mujeres en las casas, en los barrios, en los territorios”.

Ser mujer y ser pobre en pandemia

La lucha incansable de las mujeres ha dado lugar a muchas conquistas sociales, legales y culturales, aunque, lamentablemente, los indicadores económicos no dan indicios de estos cambios y, de hecho, la pandemia ha exacerbado algunas desigualdades. “La pandemia sobrecargó la mochila en las madres que cuidan y, mucho más, en las madres que cuidan solas. Reforzó las desigualdades económicas preexistentes y tuvo un impacto asimétrico sobre los/as trabajadores/as informales, especialmente las mujeres y los/as jóvenes, que perdieron empleos e ingresos”, subraya un documento elaborado por el gobierno argentino en 2021, a partir del lema Primero las últimas.

La pandemia ha traído consigo el debate mundial sobre políticas redistributivas y transferencias a las familias por parte de los estados. En Argentina los ingresos no laborales como el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE), la Asignación Universal por Hijo (AUH) etc. son destinados a aliviar la pobreza. Según datos de la ANSES, el 55% de los que recibieron el IFE eran mujeres y más del 60% de ellas tenían menos de 34 años. Por otra parte, el grueso de los subsidios se dirige mayoritariamente a las mujeres, alrededor del 75% del total, lo que también muestra la feminización del grupo de menores ingresos.

Al mismo tiempo, la cultura estigmatiza, incluso, a las madres dependientes de la Asignación Universal por Hijo, la tarjeta alimentaria o el plan social. Las madres luchonas son objeto de burla, se sienten culpables por no poder hacerse cargo de sí mismas. A su vez, mayormente, los recursos destinados a los hombres se conviertan en empleo y los destinados a las mujeres en asistencia social. Desde una perspectiva de género se plantea que algunos programas de reducción de la pobreza reproducen constantemente patrones de discriminación contra las mujeres como proveedoras no remuneradas o mal remuneradas. Las prestaciones de apoyo familiar se aplican cada vez más para diagnosticar la pobreza (como fenómeno) como un problema social aislado de sus causas estructurales y desvinculadas del mercado laboral.

“No se va a alcanzar la igualdad ni en la empresa ni en el ámbito laboral ni en la política ni en ninguna esfera si no se alcanza la igualdad en la cocina, en el camino a la escuela, la crianza y en todas las actividades relacionadas con los cuidados (…)ninguna economía se sostiene sin las mujeres que friegan, que dan la teta y que cuidan a los mayores», dice Irene Moreno, titular del Ministerio de Igualdad, que ha puesto en marcha la primera Mesa Asesora para los Cuidados, en la que participan feministas, para definir las bases del futuro sistema estatal de cuidados.

Los indicadores exhiben que del 10% de la población de menores ingresos, 63% son mujeres, (feminización de la pobreza), y el 10% de la población de mayores ingresos 63% son hombres, (masculinización de la riqueza).

Para lograr la reducción y/o eliminación de la feminización de la pobreza, es necesario evaluar y desarrollar políticas inclusivas, basadas ​​en la comprensión de los desafíos que enfrentan las mujeres en todos los sectores y su rol en la sociedad. No se trata solo de allanar el camino de acceso al conocimiento, igualdad en las oportunidades de trabajo y salario, etc. sino de ir definitivamente más allá de las ideas reaccionarias que las mantienen alineadas a estructuras de pensamiento y acción androcéntricas. Las mujeres lideran en muchos territorios el trabajo comunitario con su aporte solidario “parando la olla”, sostienen la asistencia alimentaria de familias y barrios enteros; llegó la hora de cambiar esta historia.

No debemos olvidar que la lucha contra la pobreza de las mujeres no se trata solo de promover la igualdad y la justicia social para la mitad de la población, que no es poca cosa, sino también de la forma de combatir la pobreza infantil y así trabajar por un futuro digno para todas las personas.

En nombre de quienes lavan ropa ajena (y expulsan de la blancura la mugre ajena).
En nombre de quienes cuidan hijos ajenos (y venden su fuerza de trabajo en forma de amor maternal y humillaciones).
En nombre de quienes habitan en vivienda ajena (que ya no es vientre amable sino una tumba o cárcel).
En nombre de quienes comen mendrugos ajenos (y aún los mastican con sentimiento de ladrón)…
En nombre de quienes lo único que tienen es hambre, explotación, enfermedades, sed de justicia y de agua…, Yo acuso a la propiedad privada de privarnos de todo.

Extracto del poema “Acta”. Roque Dalton (poeta, periodista, ensayista, novelista y militante revolucionario. Salvadoreño)

Mónica Filippini | Psicoanalista

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