LA GUARDERIA MONTONERA (HISTORIA OCULTA)

La infancia clandestina de los hijos de militantes de la Contraofensiva.

En palabras de Hernán Eduardo Confino (IDAES/UNSAM/CONICET) que acaba de editar un libro muy interesante sobre el tema (“La contraofensiva: El final de Montoneros”): En el año 1978 la Conducción Nacional de Montoneros, fuera del país desde el año anterior, conceptualizaba como agotada la ofensiva de las Fuerzas Armadas gobernantes en el país desde 1976. Proponía, entonces, un cambio en la modalidad de la lucha para los años 1979 y 1980: se pasaría de la “defensa activa” a la “contraofensiva estratégica”.

En los análisis montoneros, la dictadura militar era asemejada, a través de los escritos de Mao Tsé Tung sobre la guerra popular y prolongada, a un boxeador tambaleante que podría caerse con un par de golpes bien asestados.

Pensando en la posibilidad del futuro contragolpe, se había cumplido la “retirada estratégica” de los años 76 y 77 que -si bien sólo había desplazado fuera del país a los principales cuadros, dejando a las “tropas” montoneras en campañas de “ofensivas tácticas”-, habría servido para la reorganización de las fuerzas con miras a la campaña de retorno.

Es así que, la organización armada peronista decide volver al país, pero para ello debían dejar a sus hijos que necesitaban protección ya que todos sabían del riesgo que corrían sus vidas.

Esos niños…

La mayor parte de los jóvenes militantes que participaron del primer contingente de 1979 y del segundo de 1980, eran también padres de niños pequeños.

Llevarlos con ellos o con familiares en la Argentina no era una opción: ya se sabía que los militares estaban apropiándose de los hijos de los montoneros caídos.

La solución fue armar un refugio secreto donde los chicos quedaran protegidos al cuidado de compañeros. El lugar elegido fue Cuba, donde ya estaba instalada la Comandancia de Montoneros, gracias a los buenos vínculos con Fidel Castro.

Vivieron allí casi medio centenar de niños (“La guardería montonera” de Analía Argento)

Entre 1979 y 1983 funcionó en La Habana, Cuba, lo que se conoció como la «Guardería Montonera». Cerca de la casa que la conducción de la organización política peronista Montoneros tenía en la capital cubana se montó una vivienda para los hijos e hijas de los militantes que regresaban al país para la “Contraofensiva”.

En otoño de 1979, luego de una decisión tomada por la cúpula de la agrupación, un matrimonio, sus dos hijos y diez hijos e hijas de otros compañeros de militancia se instalaron en una casa que el gobierno cubano les dio en el barrio de Miramar. Es el principio de la Guardería. A lo largo de cuatro años pasarían por allí cerca de 50 niños y niñas.

Los padres y madres volverían a buscarlos o pasar tiempo con ellos en La Habana. Otros militantes nunca volvieron a ver a sus hijos. Fueron desaparecidos o asesinados por la dictadura cívico eclesiástico militar. Esa es la historia de la llamada “Guardería Montonera”, en donde se asilaron maestros y asistentes intensamente preparados para dar una educación a los niños allí instalados, que se basaba fundamentalmente en los principios de Paulo Freire y algunos conceptos educativos de Ernesto “Che” Guevara.

Los recuerdos…

Recordando la experiencia en la guardería, la directora de la película documental «La Guardería» que registra la existencia de la misma, Virginia Croatto (hija de Susana y de Armando Croatto, ex diputado de la Juventud Peronista que participó de esa frustrada intención de regresar clandestinamente a la Argentina) recuerda “las sensaciones, colores y olores. Los juegos, los aprendizajes, las fantasías, lo más fuerte era la relación con los otros chicos. Me acuerdo de detalles, las canciones cubanas me suenan aún hoy en el oído. Los juegos, por ejemplo, competíamos por ver quién tenía un tío en Argentina que hacía aparecer más gente; de algún modo estaba la ambigüedad que la gente desaparecida iba a aparecer cuando se ganara. Todos debemos haber jugado a la guerra en la infancia, en esa época jugábamos a que le ganábamos a los malos, que nos teníamos que preparar para ganarles. Así que había que acumular armas, que eran, por supuesto, ramas, juguetes, etcétera. También la sensación de vivir en colectivo, rodeados, en muchedumbre. Me acuerdo que hacíamos las cosas entre muchos, que teníamos explicaciones compartidas”.

María Fernanda Raverta, actual directora de ANSES que pasó su infancia en la Guardería; alude al proyecto colectivo: «Tengo el recuerdo de jugar con vos, pero podría ser otra niñita -le dice a Virginia Croatto -. Jugábamos a que cuando cumpliéramos diez años íbamos a inventar una máquina que… devolviera la vida». Los ojos de María Fernanda se llenan de lágrimas.

Cuando era niña, en Cuba, Fernanda habrá prometido «seremos como el Che, endurecerse sin perder la ternura…”. Raverta es hija de una desaparecida, María Inés Raverta, que militó en Montoneros y fue secuestrada y desaparecida por oficiales del Ejército en un operativo realizado en 1980 en Lima, Perú, en el marco del Plan Cóndor. Con apenas cuatro años, Fernanda fue trasladada a La Habana, Cuba, a «La Guardería Montonera».

La educación

Pero no se trató sólo de un imperioso acto de resguardo, sino que fue mucho más allá y se implementó todo un proyecto educativo piloto que procuraría educar y formar a estos niños desde los saberes y consignas de la izquierda, para forjar –siguiendo el modelo del hombre nuevo guevariano– una suerte de “niño nuevo”, depositario del futuro promisorio que el triunfo de la revolución abriría.

En estas producciones me interesa focalizar en la experiencia de educación y formación de los niños, en el proceso de edificación de un “niño nuevo”, que remitía a un marco mayor referido a la transformación de la sociedad con sus costumbres, valores, imaginarios y políticas, que suponía asimismo un cambio en los proyectos educativos. Desde varios textos se hace evidente la necesidad de renovar la educación para promover los procesos de liberación de los pueblos, en las propuestas revolucionarias latinoamericanas de los 60.

En La Pedagogía del oprimido (1968) el brasileño Paulo Freire redefine el trabajo educativo desde pautas atentas a los vínculos de clase, para volver al oprimido consciente de las ideologías que procuran manipularlo, colonizarlo, dominarlo y sojuzgarlo.

En estas experiencias cubanas, la familia militante alcanza un nuevo formato en la familia social en cuyo interior se destaca la figura del niño proyectada por la imaginación revolucionaria.

Esta es una crónica de un momento histórico que se han encargado de ocultar las crónicas “oficiales”, más allá que coincidamos o no con algunas cosas. Lo que si decimos que la guardería fue una experiencia única e irreemplazable que “guardo” la vida de más de 50 niños, hijos de padres y madres militantes; sus apellidos, entre otros: Perdía, Yager, Olmedo, Zverko, Binstock, Montoto Raverta.

“Es muy duro superar no haber tenido a los padres en la niñez. Para el que vivió ahí, pero sus papás regresaron con vida, fue una marca, o un hueco. Muchos me pedían que escribiera el libro -así como algunos no querían- porque no recordaban. Es saber que estuviste en algún lado, pero no tener a nadie que te cuente. Pero es más doloroso para quienes no volvieron a ver a los padres. Otra herida: el shock de los que volvieron a la Argentina al inicio de la democracia, con los abuelos, cuando el decreto de Alfonsín ordenaba la detención de sus padres. La sociedad condenaba lo que habían hecho y estaban las cargadas en la escuela. También fue traumático pasar del sistema de la revolución cubana a vivir en el capitalismo acá. También están los chicos que fueron criados por familiares que condenaban la militancia. “Tu papá te dejó por la lucha armada”. Eso generó heridas muy dolorosas” (Analía Argento).

Bibliografia:
“La guardería montonera” de Analía Argento.
“La contraofensiva: El final de Montoneros” de Eduardo Confino.
«Artículo del CONICET» de Eduardo Confino.
“La Guardería”, documental de Virginia Croatto.
“Infancia educada: el niño nuevo” de Teresa Basile.

Jorge Sharry

Compartir en:
Share on facebook
Share on whatsapp
Share on email
Share on twitter
Share on print