ENTRE LA ESCRITURA Y LO ESCRITO, EL GESTO DE ESCRIBIR

Un breve texto que intenta transmitir algo acerca de lo escrito que nos hace nacer hacia lo escrito que seremos como resultado de esa travesía que es la propia vida. Vida que viene con las palabras que nos preceden, en tanto seres habladxs y hablantes, hacemos de eso un escrito que llamamos nuestro destino. Y en esa deriva, escribimos.

Llegamos al mundo inscribiendo alguna marca en el cuerpo que dejamos para habitar uno propio. Ese propio, que aún de entrada no tenemos, ya que tener un cuerpo es un punto de llegada y no de partida.

Desde ese momento inicial y mítico a la vez, del que no hay memoria, pero si registro, somos escritos por el impacto que la lengua produce, ese encuentro por lo que somos habladxs antes de nuestra llegada por quienes nos preceden. Y de eso tal vez si podamos situar un registro que más que de cada quien es de los otrxs que nos han acunado y testimonian de esas primeras palabras por las que en el mejor de los casos fuimos nacidxs.

Hablamos porque fuimos primero hablados por otros.

Sumo a Jacques Lacan con su aporte “Creemos que decimos lo que queremos, pero es lo que han querido los otros, más específicamente nuestra familia, que nos habla (…) Somos hablados y, debido a esto, hacemos de las casualidades que nos empujan algo tramado” (pág. 160)[i].

Portamos el lenguaje primero en su sonoridad. La lengua resuena en el cuerpo con su materialidad acústica en la infancia, ese mundo donde no importan tanto los sentidos sino las resonancias, el cuerpo entero es una caja abierta al mundo sonoro que nos rodea, nos sobresaltamos de los primeros ruidos y luego nos familiarizamos con algunos y el mundo se divide en más o menos amable según cómo lo oímos.

Y así siendo nombrados y nombradas, habladxs dejamos de entrada la naturaleza y nos adentramos al mundo de lo humano y con él a las palabras y a la escritura.

Tenemos las palabras como la voz en su forma escrita, contamos con ellas para habitarlas y que nos habiten.

Quienes disponen de ese bello arte de escribir, les dan muchas vueltas al asunto y nos transmiten de sus embrollos y las oscuridades que se atraviesan en ocasiones. Una práctica que nos invita a soportar ese vacío de la hoja en blanco y hacer de ella una posibilidad.

Una escritora que leo y admiro, en un pequeño gran libro, un ensayo sobre la escritura dice “Escribir no puedo, nadie puede. Se dice, no puedo y se escribe”[ii]. Así es Marguerite Duras de inmensa.

Otra escritora que me impacta en el cuerpo, aún hoy y haciéndose lugar entre todas las marcas, es Clarice Lispector, ella transmite su elección, su versión de la elección por la escritura “Hay tres cosas por las que nací y por las que doy mi vida. Nací para amar a los otros, nací para escribir y nací para criar a mis hijos. (…) Y nací para escribir. La palabra es mi dominio sobre el mundo (…) para escribir el aprendizaje (necesario) es la propia vida viviendo en nosotros y alrededor de nosotros. Es que no sé estudiar. Y, para escribir, el único estudio es el escribir mismo”; luego suma palabras a esta experiencia que sin ninguna duda la define “Escribir es algo que me puede traicionar y abandonar… En escribir no tengo ninguna garantía”[iii] (p. 80). Y, ¿tenemos alguna garantía en la vida? Eso no está escrito.

Continúo. Roland Barthes en un libro que lleva por título “Variaciones sobre la escritura” nos aproxima de un modo como sabe hacerlo a los inicios de los primeros trazos, nos dice, el “sentido manual de la palabra, la scripción (el acto muscular de escribir, de trazar las letras): ese gesto por el que la mano toma una herramienta (punzón, caña o pluma), la apoya sobre una superficie, avanza apretando o acariciando, y traza formas regulares, recurrentes rítmicas” (p. 87)[iv].

Luego, las derivas posteriores, desde los materiales con los que se hace, la función que va tomando en el mundo como la ligazón al poder y lo económico, sin dejar el lazo a lo más íntimo de lo humano. Dice “La escritura históricamente, es una actividad continuamente contradictoria, articulada sobre una doble pretensión: por una parte, es un objeto estrictamente mercantil, un instrumento de poder y segregación, tomado en la realidad más cruda de las sociedades; y, por otra parte, es una práctica de goce, ligada a las profundidades pulsionales del cuerpo y a las producciones más sutiles y más felices del arte. Esa trama del texto escritural” y agrega casi a modo de una invitación “Aquí no hago más que disponer o exponer sus hilos. El dibujo ha de hacerlo cada cual” (pág. 88)[v].

En La Banquina contamos mes a mes con esa posibilidad, disponer de los hilos y urdir la trama escritural de aquello que nos llama, nos convoca a cada unx, a sabiendas, como dice la querida Marguerite Duras de que “no se puede escribir sin la fuerza del cuerpo”, a lo que se agrega “Puedo decir lo que quiero, nunca descubriré por qué se escribe ni cómo no se escribe[vi].

[i] Lacan, J.  El seminario. Libro 23. El sinthome. Ed. Paidós. BA.
[ii] Duras, M. Escribir. Fabula Tusques Editores. BA.
[iii] Lispector, C. Revelación de un mundo. Ed. AH. BA.
[iV] Barthes, R. Variaciones sobre la escritura. Ed. Paidós. BA.
[v] Idem IV.
[Vi] Idem II.

Griselda Enrico

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