ENTREVISTAS EN LA NOR-PAMPA | PEDRO TEJEDOR

“Siento que he dado todo lo aprendido”.

Pedro Tejedor.

Pedro Manuel Tejedor, nació en Pergamino en enero de 1949. Realizó sus estudios primarios en la Escuela Nro.6 “Juan Bautista Alberdi”, los secundarios en la Escuela Nacional de Comercio “Esteban Echeverría”, los terciarios (dos años) en el Profesorado Superior de la Escuela Normal Mixta y los universitarios (tercer año) en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Nacional del Litoral. Los estudios musicales los llevó a cabo en el Conservatorio de Música Grassi de Buenos Aires, donde actualmente se cursan materias y maestrías de la Universidad Nacional de las Artes, obteniendo los títulos de Profesor Superior de Música con especialidad en piano.

También realizó entre, los diversos estudios musicales, el curso de dirección coral con el maestro Ángel Vanasco y se desempeñó como asistente técnico del grupo vocal e instrumental Primera Música y del Coro Polifónico Municipal. Durante el año 2000, fue Director del Coro Italiano.

Se ha desempeñado como docente desde 1967 hasta fines de 2017 y, a partir de1975, es miembro de la Asociación Argentina de Profesores de Música. En ese lapso de 50 años, tiene la satisfacción de haber formado una gran cantidad de músicos en los cuales ha volcado TODO lo que considera haber aprendido en sus largos años de conservatorio y perfeccionamiento. Según sus propias palabras “nada me he guardado, si lo hubiera hecho, mi misión no estaría cumplida”.

 

¿En qué momento sentiste que la música era lo tuyo?
Estoy seguro que desde el vientre materno amo la música y he tenido la fortuna de que por el lado materno, tengo familiares que tuvieron protagonismo en el arte, lo mismo que por mi rama paterna.

Entre mis lejanos recuerdos se encuentra los días de mi niñez en que mi madre tenía encendido el aparato de radio. Encendía la radio desde que comenzaba con sus quehaceres domésticos hasta la hora de acostarse y con música todo el día. Quizá también haya sido la influencia que dio origen a mi vocación y es así que cuando contaba con 5 años de edad, mis padres me llevaron a lo del maestro Armildo Carmelino, quien observó en mí las condiciones para iniciarme en el camino.

¿A quién considerás como tus primeros maestros?
El maestro Carmelino no contaba en ese momento con lugar para incorporarme entre sus alumnos, pero recomendó a mis padres que consiguiera con quién iniciar mis estudios. Es así que el siete de abril de 1954, con solo 5 años, comencé mis estudios musicales con Lelix Ilce Legorburu (lamentablemente fallecida el año pasado). Los continué desde 1957 con el maestro Pedro Ángel Manzoni que estaba a cargo en ese entonces de la filial Pergamino del Conservatorio Grassi. En 1963, obtuve el profesorado de música y en 1966, el de piano. La dedicación y el amor con que mi maestro enseñaba, unido a su ductilidad y buen gusto como intérprete, caló muy hondo en mí y me propuse que algún día iba a ser concertista de piano. Paralelamente a mis estudios terciarios y universitarios, viajé a Rosario para tomar clases de perfeccionamiento pianístico con el maestro Salvador Del Río, un verdadero lujo ya que había sido discípulo en el país del afamado maestro Aldo Romaniello, formador de muchos instrumentistas estelares. En Europa, había sido discípulo destacado de la eminente Alicia de Larrocha en Santiago de Compostela y del no menos célebre Arturo Benedetti Michelangeli en el Conservatorio Santa Cecilia de Roma. Debo confesar que los recursos pianísticos de los que me nutrió el maestro Del Río, me abrieron paso a un sinnúmero de posibilidades con las que me aboqué al estudio de grandes obras de la literatura universal del instrumento. Años más tarde ingresé al Instituto Superior del Arte del Teatro Colón donde seguí con mi perfeccionamiento con el entonces director adscripto del Instituo, maestro Alberto José Casal, discípulo de Adrian Moreo y del célebre pedagogo Alberto Williams.

¿Recordás cuál fue tu primer concierto?
¡Sí que lo recuerdo! Lo recuerdo con precisión, fue en 1968, cuando se me dio la posibilidad de dar mi primer concierto de piano. Un par de años antes había sido preparado para ello por el maestro Manzoni para hacerlo en mi ciudad, Pergamino, pero las autoridades de Bellas Artes de ese momento pusieron miles de trabas y no se pudo realizar. Fui contactado por gente del Departamento Cultural de la Obra Cardenal Ferrari, de Buenos Aires, a quienes les había llegado material mío de grabación y se dio mi primer contrato como pianista para presentarme en el salón auditorio de la Escuela Superior de Periodismo de la Universidad Católica Argentina para el 13 de setiembre del año mencionado. Me preparé concienzudamente y con mis valijas cargadas de ilusiones, partí hacia la Capital Federal. Debo decir que los nervios me socavaban antes de presentarme y ver el auditorio colmado de gente. Cuando hice mis primeros temas del programa, temblaba pero, al sentir los cálidos aplausos de la concurrencia, me solté completamente y finalicé el concierto con una ovación que sacudió mi alma. A partir de allí se me abrieron un sinnúmero de posibilidades que no desaproveché en absoluto. Más tarde ingresé como artista del Fondo Nacional de las Artes, lo que me permitió presentarme en varios escenarios y salas del país. Al mes siguiente de mi debut capitalino, fui contactado por la Biblioteca Domingo F. Sarmiento de la Escuela Normal, quienes me auspiciaron mi primer concierto en mi ciudad, que se dio en la sala de la Escuela de Bellas Artes con lo cual, cumplí un viejo sueño.

Sé que además de interpretar, tenés una obra como compositor ¿Cómo fueron los inicios de esa etapa creativa?
Debo confesar que por mi cabeza, pasa música constantemente y, cuando tenía 14 años y cursaba en el conservatorio, una melodía se presentó en mi mente. Inmediatamente la volqué en el pentagrama y por supuesto, le mostré el trabajo al maestro Manzoni. Luego de ejecutarla, me colmó de felicitaciones, me observó algún detalle de la escritura y me animó a seguir componiendo. A este tema, una zamba, le puso letra mi entrañable y recordado amigo Raúl W. Arballo y se tituló “Para ellos” (nuestros padres) y así se siguieron dando mis composiciones cuyos orígenes jamás se dieron con el piano delante de mí. En mi portafolio nunca me faltó el papel pentagramado ya que muchas veces, o caminando o esperando el ómnibus, me aparecían las ideas e inmediatamente las volcaba en él. Luego, en mi casa y frente al piano, revisaba todo y pasaba en limpio.

¿De esas obras cuál considerás la más destacada?
Mis composiciones siempre han sido sobre nuestra música ya sea rioplatense o telúrica, lo que denomino folklore en un todo. De ellas considero como obra mayor la Suite Argentina para piano y orquesta que consta de cinco movimientos a saber: Canción litoraleña, Galopa, Milonga, Zamba y Malambo que, con instrumentación de mi amigo/hermano José Luis “Pepe” Motta, sirvió de presentación del Festival “Folklorísimo 1º”, que realizara el Club Sport Pergamino en la avenida Alsina, frente a la estación de tren, en los primeros días de noviembre de 1974. Como anécdota cuento que alguien de la comisión directiva del club me comentó que la delegación de la provincia de Catamarca le había puesto coreografía a esta obra mía, lo cual me llenó de indisimulado orgullo.

¿Además del piano te interiorizaste por algún otro instrumento?
Justamente por 1974, inicié mis estudios de violín en la Escuela de Bellas Artes los cuales llevo a cabo en los cinco años siguientes bajo la tutela del maestro Antonio Vilasek, ex primer violín de la Orquesta Sinfónica de Mar del Plata. Este maestro me convocó para formar parte de la Orquesta Municipal de Cámara de Junín, con la cual estuve en los dos años siguientes.

Debo decir que como violinista, también he formado parte del grupo vocal e instrumental “Primera Música”, de la Orquesta de Cámara del Noroeste y de la Camerata Rosario en actuaciones en conjunto con nuestro Coro Polifónico. Otro instrumento que me interesó fue la viola que estudié con Ricardo Bugallo (violista del Cuarteto de cuerdas de la UNNOBA) y he sido violista de la Orquesta de Cámara de Pergamino.

¿A quién considerás como los principales referentes en piano por sobre todo?
Siempre he sido observador de la técnica de los pianistas célebres para poder cotejar si el enfoque que le dan a las obras que interpretan coincide con el que les he dado por mi cuenta cuando las estudio. La obra, cuando la ejecutamos, es como si nos diera un mensaje el cual recogemos en nuestro interior y lo materializamos al interpretarla. Me llena de satisfacción saber que grandes maestros coinciden en ello y así han realizado versiones memorables. Mis referentes en el instrumento son varios a saber: Arthur Rubinstein, Claudio Arrau, Dinu Lipati, Christian Zimerman, Earl Wild y de los nuevos, el que me asombra por su técnica, virtuosismo y musicalidad plena es el pianista ruso Evgeny Kissin. De nuestro país, me agradan Bruno Gelber del cual estuve a punto de ser alumno allá por 1971, pero una de sus tantas giras postergó esa posibilidad. Otros maestros que me marcaron fueron: Daniel Baremboin, Hugo Schuler, Elio Coria, Antonio De Raco y Martha Argerich.

Entre los diversos problemas que debe resolver el artista se encuentran los de la cotidianidad ¿Cómo los sobrellevaste o resolviste esos problemas, sobre todo el económico?
Es bien cierto que el problema económico es una gran cuestión y, por supuesto, existen otros problemas. En mi caso debo decir que he tenido que trabajar duro para sostener a mi familia, de la cual siento un indisimulado orgullo.

Entre esas cuestiones que suelen presentarse recuerdo que antes de nacer mi primera hija, la embajada de la ex Yugoeslavia me patrocinaba una gira de conciertos por Europa de casi treinta días. Consideré prioritario estar presente en el momento que me convirtiera en papá y no estoy para nada arrepentido. Muchos años después, el ante año pasado, pude tocar en España, haciendo dos presentaciones en Soria y Calahorra.

Entre las diferentes cosas que he aprendido de mis maestros se encuentra el saber decidir sobre los más importante, no ser desagradecido y cultivar el perfil bajo. De esa manera lo siento y lo he practicado siempre.

Rafael Restaino

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