6 | SE ARMÓ LA PODRIDA 2

El análisis de los textos que había mandado el Muchacho de Buenos Aires, más las acciones propias del “Centro de Estudios La Dormida” llevaron a un Estar de asamblea permanente donde el tiempo por momentos se diluía y se confundía también, a tal punto que olvidaron la reserva del salón que hizo Néstor Fabián, un joven vecino de la otra cuadra, para sus ensayos de canciones románticas en karaoke.

Néstor Fabián no entró en razones para postergar el ensayo y por ello acordaron que Néstor Fabián ensaye durante las reuniones del Centro de Estudios, pero con auriculares, cosa que la música la escuche solamente él y que cante bajito, le dijeron.

En una mesa aparte Carlito, esta vez con mandato de su hermano, el de la acción directa, atendía al Comisario Gamarra de la Seccional Tercera, que presentó quejas sobre dos jóvenes del barrio que se estaban haciendo los vivos. —O lo ponen en vereda ustedes o intervengo yo — sentenció el Comisario.

Carlito le dijo: —Despreocúpese Comisario, nosotros los vamos a apalabrar, no son malos, solo que a veces …

—Solo que muchas veces —corrigió el Comisario, y siguió hablando sobre lo difícil que estaba la juventud de hoy en día nada que ver con la de antes y que todo estaba en la buena educación y…

El Comisario quedó como congelado cuando Néstor Fabián, que había comenzado con una canción de Los Galos, concentrado en su interior, le cantó:

—¡Como deseo ser tu amor para poder vibrar así con cada espacio de tuuu cuerpooo…!

Carlito no se percató del suceso y escribió en el pizarrón:

“Elogio de la agitación y el caos”.

—¿Me puede decir qué significa eso? —dijo el Comisario con voz firme.

—Para eso lo escribí Comisario, para explicarle. Preste atención y después me cuenta:

Su oficio es mantener el orden, pero no tienen la exclusividad, las oficinas, las escuelas, los hospitales, los manicomios, los geriátricos, también imponen un orden que muchas veces adormece o mata la vida.

—Fíjese —dijo Carlito, y con tiza blanca dibujó varios círculos en el pizarrón, uno de ellos quedó encerrando aquella frase que escribiera el Víbora: “Certezas dudosas”.

Los círculos, algunos entrelazados, no eran otra cosa que los conceptos de la matemática moderna que aprendió en el primer año de escuela secundaria, conjuntos, subconjuntos, unión, intersección.

—Usted, que combate el desorden tiene la obligación de entenderlo para no hacer cagadas. Hay desordenes y desordenes, por ahí hay un desorden que está preparando él solito, otro orden, más vivo y justo que el anterior, y usted no le da tiempo, se mete, hace cagada y quizás nos perdemos una maravilla. De otro modo, hay un de- sorden que no solo no va a generar nada mejor, sino que está arruinando lo creado y usted se queda rascándose las bolas.

—¡Epa!. —dijo el Comisario. —Es a los efectos de que se entienda mejor la cosa, por favor Comisario, no me malinterprete, además yo lo pongo de ejemplo porque es con usted que estoy hablando, pero sabe que me refiero a asuntos más grandes.

Carlito siguió con sus trazos en el pizarrón que a decir verdad no lograba dejar muy en claro a qué cosa correspondían y dijo: —¡La Anarquía es la máxima expresión del orden! Se produjo una falla en la conexión del equipo de sonido y a todo volumen salió la música y el canto de Néstor Fabián con sus ojos saltones y ademanes excelentemente actuados y apuntando al Comisario:

—¡Liiibreee como el sol cuando amanece yo soy liibreee como el mar liibreee como el ave que escapó de su prisión y puede al fin volar liiibreee…!

El Comisario se paró de un golpe y dijo: —Me tengo que ir. Al rato llegó María, la biblioteca se iluminó y de colores, saludó con un beso a todos, lo tomó de la mano a Don Quintillo, se sentaron, María vio los círculos que dibujó Carlito y a toda sonrisa dijo:

—¡Carlito! ¿Esto es tuyo verdad?

Carlito se acercó a María, María lo invitó a sentarse y participar de algo que se olfateaba importante.

Carlito lo hizo, esta vez con mandato de su otro hermano el de táctica y estrategia.

Conversaron largamente, a Don Quintillo se lo veía preocupado, le exigía a María más precisiones sobre sus planes, Carlito cada tanto decía:

¡Pará María pará revisemos!

María es un cuete y Don Quintillo y Carlito muchas veces llegaban tarde. A María se la ve segura, saca papeles, a veces escribe algo en el pizarrón que entre los cartelitos del Víbora y los círculos o conjuntos de Carlito vaya usted a querer entender algo. Don Quintillo dijo:

—Está bien María, dale para adelante, pero Carlito va con vos.

María intentó decir algo parecido a: Pero ustedes creen que yo no puedo por mí misma.

Don Quintillo le dijo: —Por las dudas, por las dudas.

Acto seguido convocó a los presentes: El Ruben, que estaba en tareas administrativas con los números jugados a la quiniela, el Doctor Isea y Calamuchita que se habían tomado un descanso para hablar solamente de boludeces, y el Víbora, que leía un fascículo de Errico Malatesta: “Amor y Anarquía”.

Y Don Quintillo, emocionado, dijo:

—Cumplo en informarles que María a partir de mañana comenzará la construcción de un sueño anhelado por todos acá. Me refiero a la creación del “Sindicato de Changarines de Oficios Varios”, organización sumamente necesaria para el país en estos tiempos que corren.

Todos aplaudieron. Néstor Fabián, con voz impostada de conductor de radio de FM, micrófono en mano dijo:

—Esta canción va dedicada a vos, María.

Y arrancó: Una muchacha y una guitarra/ para poder cantar esas son cosas que en esta vida/ nunca me han de faltar siempre cantando siempre bailando/ yo quisiera morir de cara al cielo sobre este suelo/ en el que yo nací. No quiero que me lloren/ cuando me vaya a la eternidad quiero que me recuerden/ como a la misma felicidad pues yo estaré en el aire/ entre las piedras y en el palmar estaré entre la arena/ y sobre el viento que agita el mar.

—¿Hablaban de mí? —dijo Dominguez, desde un rincón, y dejándose ver solo para María.

María corrió a abrazarlo.

Y yéndose, María dijo:

—¡Ahora sí, ahora sí, no puede fallar!

Continuará…

INTEGRANTES DEL CENTRO DE ESTUDIOS LA DORMIDA

Don Quintillo, conductor político y social del arroyo para acá.

El Doctor Isea, doctor de todas las disciplinas habidas y por haber y de las indisciplinas también.

Elvira, docente jubilada de autoridad indiscutida en la zona.

Calamuchita, hombre muy leído.

El Profesor Antognoli, director de teatro retirado.

Dominguez, que no se sabe muy bien si es que no terminó de irse del más acá o está volviendo del más allá.

Carlito (sin ese), se presenta singular, pero en realidad son tres hermanos en uno.

El Pity, joven escritor encargado de llevar al papel (lo mejor que se pueda) la oralidad de los integrantes del Centro de Estudios.

El Ruben, levantador de quiniela y tesorero de la Institución.

El Víbora y El Gitano, cuando les conviene son uno solo.

María, una bella e inquieta muchacha con ideas transformadoras.

Roberto Iriarte

Ilustraciones: © Luis Farías: Nació en 1976. Estudió dibujo con Luis Contrera y colabora con Roberto Iriarte en algunas publicaciones. También es profesor de historia.

Compartir en:
Share on facebook
Share on whatsapp
Share on email
Share on twitter
Share on print