7 | IDENTIKIT

El Comisario se retiró y Carlito quedó atragantado de palabras que pensaba decirle sobre el asunto del orden y desorden que él tiene largamente carburado y que el mejor modo de entenderlo es a través de los pibes y que todo el quilombo que hacen los chicos del “Centro Comunitario”, chicos de entre seis y doce años es porque ahí se sienten presos y para poder almorzar y merendar deben quedarse cuatro horas, vienen de cuatro horas de escuela a la mañana y después los obligan a quedarse cuatro horas más, justificado en eso de que hay que sacar a los pibes de la calle, y que si las cosas deben ser así ese espacio debería pertenecerles, hay que escucharlos, y de a poco que vayan tomando decisiones y que el cambio se debe iniciar desde la cocina y las cocineras que son muy buenas, con pasteles de papas exquisitos y ni qué decir del arroz, entonces, estando bien lo principal, la comida, hay que llevar eso al estado de celebración, que eso se consigue con la amabilidad para servir la comida, tarea que hay que dársela a los chicos mayores, y que esa tarea luego les dará derechos a reclamos y sugerencias y también a nuevos quilombos para seguir mejorando y así, y que lo primero que hay que hacer es desterrar ese cacao berreta recontra dulce que le sirven a los chicos todos los días, que hay que destinar partidas presupuestarias hacia el chocolate Águila en barras y así lograr un chocolate como Dios manda, y si no alcanza para todos los días no importa, que sea un día chocolate y otro matecocido con leche, que es bueno también, y lo siguiente a eliminar es ese jugo de mierda que sirven, compran el más barato y eso no puede ser, consigan naranjas y que los mismos chicos las expriman. La cosa debe comenzar por la calidad del morfi y la celebración, no otra cosa hizo Jesús cuando iba a las fiestas del pueblo y nos dio el mejor de sus milagros, transformar el vino malo en vino bueno, porque no fue de agua a vino, no señor, en ese tiempo en las fiestas se servía un vino más o menos bueno al principio y terriblemente malo en la segunda parte de la fiesta, Jesús, a pedido de su madre, les dio el vino bueno junto a toda la enseñanza que llevaba ese gesto y no puede ser que hoy en día no tengamos en cuenta ese mensaje de celebración.

Todo eso le iba a decir Carlito al Comisario, un Carlito que iba del Carlito acción directa de su hermano al Carlito místico propio de él y también le hubiera hablado del curita Jorge, el obrero que se hizo cura, de papá albañil y mamá sirvienta en estancias inglesas que en 1974 después de la muerte de Perón llega a una parroquia de los suburbios de “La Dormida” y ahí se queda, el curita Jorge, a quien varias veces se lo vio en el cruce de caminos haciendo dedo para el lado de Buenos Aires con un chico en brazos al que llevaba al Hospital Garraham, o el curita de las celebraciones, que todos los integrantes del Centro de Estudios conocían muy bien, y también Carlito tenía a mano para leerlo en el momento adecuado, un escrito del curita, un escrito de su propia mano que a modo de testamento nos dejó, escrito con frases sentenciosas y con muchos puntos suspensivos, y que al presentarlo, Carlito le hubiera cambiado el cariñoso “curita Jorge” por “Compañero Jorge Galli”.

 —En 1976, la jerarquía me saca de la cárcel en Abril, después de nueve días de preso, pero mucho menos logra para aquellos que no aparecen más… La vergüenza de estar vivo.

Me paso los años a disposición del Poder Ejecutivo y a disposición de que cada día vengan a secuestrarme…

Pero me porto bien, me quedo exiliado en Barrio Otero, las Tolderías del Martín Fierro, enseñando a los chicos el catecismo y la Marcha, les enseño como pararse en la cancha de fútbol, organizados para no perder por goleada, que los chicos buenos se vayan a otra iglesia… A los grandes les digo que el fútbol, el vino, los asados, la amistad y los cuartetos cordobeses son un gran invento de Dios para que a pesar de la inseguridad mantengamos la esperanza, y que hay que clandestinizarse en la cultura, en la alegría de cada día, en el vino y en el fútbol bien jugado, en el cariño por los hijitos y en el asado pero que traigan a las mujeres y a los chicos porque la cultura se cuida en familia.

Y no importa que yo me despierte a los gritos, soñando que los militares me vienen a buscar y me corren por los pasillos y los patios de ese enorme convento con los otros curas mirando asombrados porque yo voy con un arma en la mano y mamá y mis diez hermanos quedándose helados y preguntándose “qué habrá hecho”.

Y no me importa que me digan desde la Jefatura Militar de San Nicolás que no junte jóvenes en la iglesia, que no junte gente.

Que yo soy inteligente y sé cuál es mi situación, me dicen y que más vale que los muchachos no hagan el amor del otro lado del paredón de la Iglesia.

Y eso a mí qué me importa si yo me hice cura para juntar a la gente y decirles que si el vino viene, viene la vida, y si creemos en Dios tenemos que defender la risa, y refugiarnos en lo que no nos pueden quitar, que es nuestra cultura, como Martín Fierro en las tolderías, que disimulemos, como el coya, que durmiendo la siesta con el sombrero que le tapa los ojos igual ve, que no nos arriesguemos porque nos van a matar, que tenemos el tiempo a nuestro favor, que hay que jugar un fútbol bien jugado y que yo soy albañil y les ayudo a levantar la casa, y que si alguna chica quedó embarazada, paciencia, qué le va a hacer, que ustedes han hecho un peronista más y que cada chico que nace es una esperanza nueva…

Quién sabe si este negrito no es el tipo que suplante a Perón… Que también Jesús nació pobre en un pesebre y que Herodes mató a todos los chicos, los Santos Inocentes, pensando que entre ellos estaba Jesús, pero Jesús había entrado en la clandestinidad y después, aunque no lo querían los poderosos se la tuvieron que aguantar, y que por eso ser peronista es no perder la esperanza…

Haberlo visto a Perón en Gaspar Campos la alegría todavía nos dura… Porque se la pusimos a la contra.

Y ahora, los que estamos vivos, y aquí, enteros, después de habernos muerto de miedo, muerto de vergüenza por no estar muertos mientras otros morían de verdad, ya tenemos la vida de prestado y nuestra vida no nos pertenece… Somos resucitados y tenemos la responsabilidad de que la esperanza no quede defraudada y que ya volverá Evita y volveremos a ser millones, todos juntos.

Dios puede, ayudémoslo.

O mejor:

Podemos, que Dios nos ayude.

CONTINUARÁ...

INTEGRANTES DEL CENTRO DE ESTUDIOS LA DORMIDA

Don Quintillo, conductor político y social del arroyo para acá.
El Doctor Isea, doctor de todas las disciplinas habidas y por haber y de las indisciplinas también.
Elvira, docente jubilada de autoridad indiscutida en la zona.
Calamuchita, hombre muy leído.
El Profesor Antognoli, director de teatro retirado.
Dominguez, que no se sabe muy bien si es que no terminó de irse del más acá o está volviendo del más allá.
Carlito (sin ese), se presenta singular, pero en realidad son tres hermanos en uno.
El Pity, joven escritor encargado de llevar al papel (lo mejor que se pueda) la oralidad de los integrantes del Centro de Estudios.
El Ruben, levantador de quiniela y tesorero de la Institución.
El Víbora y El Gitano, cuando les conviene son uno solo.
María, una bella e inquieta muchacha con ideas transformadoras.

Roberto Iriarte

Ilustraciones: © Luis Farías: Nació en 1976. Estudió dibujo con Luis Contrera y colabora con Roberto Iriarte en algunas publicaciones. También es profesor de historia.

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