HECHOS DE VACÍO Y DE HISTORIAS

Uno de los términos que está en el título de la nota “hechos”, es un equívoco, juega con una cierta ambigüedad, se tratará de los hechos en tanto sucesos, como sustantivo en un sentido y del uso de verbo “hacer”, en otro. Hay entonces el vacío en el que advendrá la historia como trama de una vida que hace de horizonte o de destino. A veces resulta imprescindible Otra historia.

Pensando la infancia desde La Banquina.

Haciendo uso de la excusa que agosto ofrece, dedico este espacio de escritura a la infancia. Ese tiempo en la vida de cada quien que es un tiempo de construcción y como toda construcción diversa, ardua, con idas, venidas y tropiezos a veces, otras con caminos más llanos sin tantos obstáculos, que posibilitan un tránsito con horizontes más claros.

La transmisión de algún valor, algo que valga la pena o la alegría, es una buena brújula para echar andar una vida. Ahora bien, toda transmisión va mucho más allá de lo que nos dicen, no hay una linealidad entre lo dicho y lo escuchado, lo que hace mella y marca, hay ahí entre uno y otro momento lo imposible de prever, y la insondable decisión del ser, como dice J. Lacan. De ahí que el relato de una vida contenga en su centro un vacío, un agujero, lo imposible de decir, en torno al cual se teje no sólo una trama histórica sino una vida. Es justamente con esos vacíos, que echamos a andar cada unx a su tiempo, un propio camino.

He visto una muy bella película de animación japonesa “El recuerdo de Marnie” [i] (2014, del director Hiromasa Yonebayashi, pertenece a las producciones del Studio Ghibli) y está basada en la novela Cuando Marnie estuvo aquí, de la escritora británica Joan G. Robinson.

El cine como obra artística es un relato con esos fines, hacer arte y más allá. No haré una interpretación de la película, sino que hago un uso de ella, con la orientación de lo que el cine nos enseña, sigo en esto al propio J. Lacan, allí donde en su Homenaje a Marguerite Duras dice que el artista le lleva la delantera al psicoanalista, llegan antes por otras vías, a lo que nosotrxs arribamos por otros rodeos después.

En “El recuerdo de Marnie” el director se toma tiempo para adentrarnos en esta historia; como espectadores nos va dando recortes, fragmentos que en el transcurso van componiendo un escenario en torno a Anna, una niña entrando en su pubertad, con el enigma que conlleva, un cuerpo que no se sabe bien cómo portar, sin amigxs, una gran soledad la envuelve. Tal vez ese detalle hace que sin saberlo nos ubiquemos muy cerca de Anna durante toda la película.

Con pequeñas pinceladas nos sitúa ese mundo donde Anna, viaja a casa de unos tíos, como un intento de quien cuida de ella de dar un poco de aire a ese cuerpo que no le ahorra sufrimiento. Allí entre médanos, conoce a Marnie, quien guarda muchos misterios. En ese encuentro y ese lazo, que trasciende muchos escenarios, transcurrirá gran parte del relato de la película que me cuidaré de espoliar, sólo diré que los temas aludidos serán la amistad, los lazos familiares y la misma soledad.

Como escribí al inicio de estas líneas, toda historia, todo relato se hace sobre un imposible, un vacío y en torno a él se teje, haciendo de los hilos sueltos, de los trozos algo tramado.

Me tienta la resonancia que tuvo para mí el encuentro con esta película y el trayecto de un análisis.

En palabras de otro psicoanalista, J. A. Miller “en la experiencia analítica está la dimensión de contar su vida, sus episodios, de distinguir algunos en tanto implican giros, de ubicar otros en tanto opacos, de volver sobre estos hechos de historia y otorgarles significados distintos hasta llegar a agotar el interés que despertaron”[ii]. ¿Será por esto que escuché en una ocasión decir que pasar por un psicoanálisis es la posibilidad de contarse otra historia?

En un análisis se empieza por un relato que da cuenta de un tiempo lógico, continuo, la historia, en muchos casos, situando allí cierta verdad de la vida de alguien, así hay una continuidad totalitaria que intenta desconocer los huecos, los agujeros. Un análisis da lugar a ese relato Otro, hay una discontinuidad que equivoca la autobiografía, lo que rige la escritura de una vida se trata de otra cosa, un tiempo distinto, donde los sucesos se ordenan de un modo diferente y hacen acontecimiento en tanto inscriben en el cuerpo huellas, marcas.

Casi del mismo modo, podría delinear, el cineasta nos ofrece en la obra de arte que es esta bellísima película, esos dos momentos, el de la historia (a través de imágenes, diálogos de los personajes, paisajes recurrentes, disonancias, vacíos, enigmas) y el de ese relato Otro, nuevo, que aparece desde los restos, que se arma con esos trozos de verdad y de vacío. Entre el recuerdo, restos simbólicos y la reminiscencia (elementos sueltos difusos, confusos) que retorna en fragmentos de real para Anna, hay espacio a los acontecimientos que dejan de tener la dimensión de lo rechazado de una historia y se entraman, dando lugar a nuevas escrituras, haciendo cuerpo, situando los acontecimientos que determinaron su existencia, ligándola a la vida y abriendo la vía del deseo de vivir, allí donde es erradicada de esa soledad absoluta en la que la había dejado el silencio, lo no sabido, lo supuesto en lo no sabido, que paradójicamente la condenaba a la repetición de una generación en otra.

J. Lacan, dice de la familia como el lugar de la transmisión de un deseo que no sea anónimo[iii]. Eso es lo que encuentra Anna al final del recorrido, y lo que la devuelve a la vida, saber de qué deseo es hija.

Se han resignificado los acontecimientos que hicieron a la determinación de su existencia y la reubican en esa ficción. Abandono y soledad, dejan de ser un destino. Hay, al momento de concluir ese viaje que la llevó a ese Otro relato de su historia, la transmisión de un valor, está lo que vale la pena y la alegría fundamentalmente que vivifica claramente su cuerpo. Lo que estaba al principio se reubica al final como horizonte que la enlaza a la vida y le permitirá, podemos intuir, nuevas ficciones.

Deseo a cada niñx, las posibilidades para las mejores historias, las que valen la vida vivir. Y para ello, a quienes dejamos la infancia hace mucho rato ya, alojar a las nuevas generaciones promoviendo un entramado de palabras y de historias, hechos de retazos que alojen el vacío como el buen lugar donde pueda advenir lo diverso.
…………….

[i] El_recuerdo_de_Marnie

[ii] Miller, J.- A. “El ultimísimo Lacan”. Ed. Paidós. Bs. As., 2014, p. 40.

[iii] Lacan, J. “Nota sobre el niño” en Otros Escritos. Ed. Paidos. Bs. As., 2012, p. 393.

Griselda Enrico

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