DÍA DEL HISTORIADOR | 1 DE JULIO

A Norberto Galasso.

En marzo de 2002 el Congreso de la Nación declaró el 1 de julio como Día del Historiador. Esta medida se decidió con el fin de homenajear “el sacrificio de todos los escritores, investigadores, profesores y aficionados abocados al estudio y análisis de acontecimientos históricos”.
Aprovechamos esta fecha para recordar a aquellos investigadores de nuestra historia que realizaron y realizan ese significativo trabajo con el compromiso directo con su medio social y político.

El Por qué de la fecha

En primer lugar señalamos que la fecha recuerda que el Deán Gregorio Funes fuera designado para escribir un relato que registrara los sucesos ocurridos en la Revolución de Mayo de 1810 a modo de preservar la memoria de lo que dejó esa Revolución y poner en valor las acciones de aquellos hombres que habían actuado en esos momentos decisivos para nuestra historia. Por este motivo el 1 de julio de 1812 se elaboró un decreto que reunía los acontecimientos de aquellos días. Muchos años después fue tomada esa fecha como fundamento para conmemorar el Día del Historiador.

No está demás señalar que ese relato escrito por el Deán Funes fue criticado con el pasar de los años. En este tema hace muchos años se me presentó el primer conflicto: si se juzga los hechos del pasado o la historia sólo tiene como objetivo reconstruir el pasado como me repetía hasta el cansancio una de mis profesoras.

Nosotros estamos plenamente seguros que se debe reconstruir y juzgar de manera objetiva para descifrar la verdad del país y “recoger la antorcha, siempre encendida, de la lucha de las masas por la emancipación argentina e hispanoamericana” como supo decir Hernández Arregui en su libro Imperialismo y cultura (2005).


Una fecha para recordar

Esta es una fecha para recordar a todos aquellos historiadores que ejercieron su labor desde una posición antiimperialista, que no dudaron en denunciar el poder extranjero en Argentina y en la región; postulando nuevas interpretaciones del problema nacional y nuevos canales de expresión y resistencia. En este sentido no dudo de colocar en primer lugar a los integrantes de FORJA, quienes desarrollaron y practicaron una concepción del intelectual nacionalista, antiimperialista y popular. Enfrentaron esa tradición de ideas ajenas y enajenantes. Son los que llevaron adelante investigaciones sobre los resortes fundamentales de la economía, la problemática del petróleo, los transportes, la electricidad, la deuda externa. Se detuvieron en el nacionalismo popular, la reivindicación del gobierno de Yrigoyen, comprendieron el 17 de Octubre, el peronismo en su real dimensión, entendiendo que fue mucho más que un mero avance en la resolución del problema social argentino.

Fueron los forjistas quienes, decididamente, definieron a la historia, diciendo: “La historia es un arma para manejar los pueblos, para someterlos a los designios de los vencedores, para impedir toda acción libertadora, para dividir y confundir las corrientes de opinión. Por eso la diplomacia inglesa ha impuesto una historia oficial argentina según la cual le somos deudores de la libertad, del progreso y de los capitales que nos prestaron para consolidar el orden y el bienestar”.

La revisión histórica emprendida por FORJA demostró cabalmente que tales asertos son falsos.


Por suerte son muchos

Recordamos a los que iniciaron la lucha contra esa historia que ofrece una visión desde la óptica de la oligarquía, que tuvo su gestor en Bartolomé Mitre y que fuera seguido por tantos otros. Para sostener esa historia denominada oficial se divulgaron libros, artículos, ensayos encomiásticos sobre próceres liberales y ocultaron las obras que cuestionaban. A estos últimos que nos ayudaron a ver la Patria profunda, recordamos e iniciamos un pequeño y arbitrario recorrido con José Hernández, quien puso el cimiento con su Vida del Chacho y seguimos con Ignacio Anzoátegui, Julio Irazusta, Manuel Gálvez, Ernesto Palacios, los integrantes del Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas, el revisionismo de FORJA (Arturo Jauretche, Homero Manzi, Oscar y Guillermo Meana, Luis Dellepiane, Gabriel del Mazo, Atilio García Mellid, Jorge Del Río y Darío Alessandro, Scalabrini Ortiz), quienes denunciaron el Estatuto Legal del coloniaje y levantaron como bandera las cuatro P: Patria, Pan y Poder al Pueblo.

Continuamos con Abelardo Ramos, John William Cooke, Manuel Ugarte, Osvaldo Bayer, Fermín Chávez, José María Rosa, Hernández Arregui y por suerte muchos, muchos otros, pero destaco muy especialmente a Norberto Galasso, quien nos hizo conocer a todos los historiadores que trabajaron y soñaron la Patria Grande. Todos aquellos decididos en esa “línea política que obliga a pensar y dirigir el destino del país en vinculación directa con los intereses de las masas populares, la afirmación de nuestra independencia política en el orden internacional y la aspiración de una realización económica sin sujeción a intereses imperiales dominantes”. (Jauretche, 1973).

Rafael Restaino

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