NEOLIBERALISMO Y NEO-COLONIZACIÓN: UN BOTÓN BASTA DE MUESTRA

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial en 1945, en pleno contexto de la «Guerra Fría», comienza una guerra muy particular que podríamos llamar la «Guerra por la hegemonía». Las formas de colonización psicológica a través de los medios, como armas para atacar al enemigo pasaron a ser más importantes que el mismo enfrentamiento armado.

Uno de los fenómenos editoriales más trascendente, expandido a nivel global, no sólo como producto de comunicación masivo, sino como primer y exitoso proyecto de un medio que abarcó casi la totalidad del planeta lo constituye la revista «The Reader’s Digest», que tuvo su origen en Greenwich Village en el año 1922. Sus fundadores, De Witt Wallace y Lila Acheson Wallace lanzaron una publicación en forma de folletín de tamaño bolsillo con la intención de reunir mensualmente en ella treinta artículos extraídos de diferentes revistas, que eran presentados de manera abreviada. Se incluían además, resúmenes de obras de la literatura universal, una sección de humor militar, relatos de lugares exóticos, consejos médicos, vida de religiosos, hazañas de héroes anónimos, anécdotas, juegos, crucigramas, adivinanzas, entre otros. En América Latina se la proyectó con el nombre de «Selecciones» del Reader’s Digest. Llegó a su punto máximo en la década del ´60 y su descenso se produjo a fines de los ´80, continuando aún vigente. Aludiré a ella en tiempo pasado porque haré foco en la línea editorial de los años ´50 y ´60.

El neoliberalismo elige un arma poderosa

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial en 1945, en pleno contexto de la «Guerra Fría», comienza otra guerra muy particular que podríamos llamar «Guerra por la Hegemonía». En la estrategia de «neo-colonización» que Estados Unidos desplegó en los medios de comunicación, las formas discursivas pasaron a ser tanto o más importantes que el enfrentamiento armado mismo.

Entre los aparatos de penetración ideológica y cultural más potentes que contribuyeron a moldear los estereotipos sociales del neoliberalismo se encuentra, sin lugar a dudas, la revista «Selecciones del Reader’s Digest», que no sólo se convirtió en una de las revistas de mayor predominio en el mercado editorial y la más consumida por la clase media, sino que se constituyó en una de las tácticas más poderosas en la disputa del neoliberalismo por la hegemonía cultural y política proyectada en dos direcciones: puertas hacia adentro, enfrentando al capitalismo keynesiano representado por el modelo de Estado de Bienestar, y fronteras hacia afuera combatiendo al fantasma del comunismo.

Su dispositivo comienza a desplegarse sutilmente en el nuevo campo de batalla, el de la captación de subjetividades en territorio de la vida cotidiana. Se la podía encontrar en peluquerías, salas de espera, consultorios médicos y de abogados, oficinas, comercios, en escritorios de empresarios y secretarias, en escuelas, bibliotecas y también compartiendo un lugar privilegiado en el espacio hogareño, junto a otros libros o en la mesita de luz de la mayoría de los hogares de clase media, aún en aquellos que simpatizaban con el modelo de Estado de Bienestar y con el socialismo.

Para acercarnos al rol que desempeñó, resulta muy interesante el perfil de sus fundadores. Peter Canning, un ex-empleado de la revista, los describe con admiración como los típicos «emprendedores» estadounidenses, visionarios, fieles a los principios teológicos presbiterianos (raíces del conservadurismo en Estados Unidos) y conductores paternalistas en su empresa, también manifiesta, con tono ingenuo, su orgullo por la acción «civilizatoria» que tuvo la revista en su relación con la C.I.A., y esto no es un dato menor.

Precisamente, con esta intención «neo-civilizatoria», es que en 1942 la revista se expande al mercado latinoamericano, en el marco del viraje que da Estados Unidos en su política exterior con el objetivo de consolidar la alineación de América Latina y afirmarse como centro hegemónico. A tal fin el Departamento de Estado crea la «Oficina de Coordinación de Asuntos Interamericanos» (OCIAA) que actuaba en relación con la C.I.A. y que estaba presidida por el empresario Nelson Rockefeller, acompañado por un grupo de empresarios, representantes de las multinacionales más influyentes y poderosas del país del Norte. En este proyecto la revista «Selecciones» del Reader’s Digest jugó un papel medular.

La clase media es el objetivo

Entretenida, con formato de libro, con estilo propio, lejos de todas aquellas publicaciones identificadas con «lo intelectual» o asociadas a «lo popular»; en apariencia híbrida e independiente, su objetivo fue producir paulatinamente un cambio en la matriz de pensamiento de la pujante clase media que, como producto del modelo de Estado de Bienestar, pasaba por su mejor momento; e influir de manera subliminar en un cambio de posición hacia las ideas «libertarias» del neoliberalismo. Las notas trataban diversos temas sociales, educativos, económicos, desarrollados como problemáticas a resolver en sí mismas, concluyendo en respuestas y soluciones particulares a cada uno de ellos, sin relación de unos con otros. De esta manera se presentaba a la realidad de manera fragmentada, lo que se traducía en la forma de argumentar posiciones ante temas sociales y políticos, o ante temas de índole moral o ética.


El modelo elegido para el relato de los temas es la parábola, una de las formas de narración más antiguas usada en todas las civilizaciones en relatos infantiles y populares, en ámbitos educativos y religiosos para transmitir contenidos éticos, religiosos y morales por lo que garantizaba, que la matriz mental preexistente en el lector era eficaz para recibir y decodificar sin esfuerzo el contenido de sus mensajes. Como verdaderas parábolas las notas de «Selecciones» son escritas con lenguaje entretenido, ameno, sencillo, sin distracciones, de fácil y rápida lectura. Un ejemplo es un artículo que cuenta la historia de un nieto que presenta a su abuelo la duda sobre la posibilidad de obtener ganancias sin escapar de la condición de asalariado. El abuelo le responde con una carta escrita en forma de parábola en la que le cuenta la historia de un hombre emprendedor que vive en un pequeño pueblito de montaña, de muy pocos habitantes aquejados por un problema grave: la falta de agua. Ante esto, el hombre pone su «ingenio» y su «astucia» en favor de su comunidad, inventa un sistema para obtener agua de la montaña, cobrando a cada vecino una suma dinero. El hombre se transforma en emprendedor exitoso, y por contagio, benefició a todos sus vecinos ya que su ingenio impulsó nuevas iniciativas y ganancias a quienes lo imitaron. De esta manera muchos terminaron pensando empresarialmente escapando al otro destino, beneficiados gracias a la creatividad y esfuerzos individuales sin la intervención del estado. La nota finaliza diciendo: «Este gran principio moral rige lo mismo en las grandes naciones que en la pequeña colectividad aquí imaginada» [comparación falaz si la hay] y continúa: Toda legislación que destruye el aliciente de la ganancia justa y razonable y ponga trabas a la iniciativa del promotor honrado debe ser condenada» (Selecciones, enero 1963).

Entre sus temas centrales se encontraba la crítica al Estado como el gran obstáculo para que los individuos puedan crecer y desarrollarse libremente; la emulación a la libertad de empresa y a la libertad de mercado como motores de la economía; la exaltación de la educación privada por sobre la pública y el rol negativo de las organizaciones sindicales en defensa de los derechos laborales. Esto se traducía en textos como los siguientes:

«El Estado de bienestar […] constituye una solemne ficción según la cual el mundo vive a expensas de los demás»«El Estado está destinado al fracaso porque destruye la iniciativa individual”; “El progreso es la suma de pequeños triunfos individuales». (Selecciones, 1945)

«El gobierno podría hacer más por los pobres aflojando las riendas conque tiene sujeta la economía en lugar de gastar muchos miles de millones más, por ineficiente» (Selecciones, 1966)

«[…] la buena historia, la buena sicología y la buena sociología se combinan para mostrarnos que tratar a los pobres como clase, como una especie de subgénero […] es apartarse del largo camino que se ha venido siguiendo hacia una sociedad de clase media»(Selecciones, marzo 1964)

En la nota titulada “Cuáles son las fuentes de trabajo”, se dirige a los políticos diciendo: “Los empleos existen, no por acción del estado ni por algún fenómeno impersonal y automático, llamado «poder adquisitivo del consumidor», sino porque lo proporcionan los hombres de empresa. Y estos inician nuevos negocios o amplían los ya existentes cuando ven en ellos beneficios proporcionales a los riesgos a que se exponen”. (Selecciones, 1965)

«Comprender las fuerzas que engendran la prosperidad deviene del accionar individual y no desde la acción del Estado […] La empresa privada es esencial para nuestro crecimiento económico […] Es la expresión lógica de la libertad individual; el medio de remunerar proporcionalmente a la gente para mejorar el nivel general; y el único medio no artificial para terminar con la pobreza […] Millones de planes individuales se coordinan mediante el admirable mecanismo de la competencia y el libre mercado». (Selecciones, mayo 1963)

«…los programas iberoamericanos de enseñanza profesional han estado al margen de la política, se han ganado el apoyo del pueblo en general…y funcionan con eficiencia. Una de las razones de ello es que esos programas, aunque dependientes de la hacienda pública, no están administrados por los gobiernos». (Selecciones, 1967)

«Aunque los profesores […], cuidadosamente apolíticos, nunca atacan al comunismo ni predican el capitalismo, la saludable emulación para obtener buenas calificaciones se traduce en el respeto del estudiante por la competencia en los negocios como el medio más rápido y seguro para el progreso de Iberoamérica» (Selecciones, 1966)

Tampoco se ahorraba tinta para sancionar y desacreditar todo lo referente al llamado «mundo soviético» denunciando la falta de libertad, poder único del estado, desaparición de la propiedad privada, la existencia de un «pueblo pobre» y de «funcionarios ricos», etc., etc., para lo cual se apelaba a la ironía o al chiste como éste: «Definición de un comunista: alguien que fracasó en ser capitalista» . (Selecciones,1955)

En un artículo se comienza preguntando: «¿Qué es el comunismo?», y responde con: «En síntesis, es una secta militante y semimilitar, obstinada en guerra incesante, ya manifiesta, ya oculta, contra todas las demás creencias» para luego seguir con una serie de preguntas muy simplistas y tendenciosas como: «¿Es cierto que el comunismo seduce a gran número de neuróticos?» […] «¿Hay capitalistas en el partido?» […] «Pero ¿no odia el comunismo a los negocios?» […] «¿Cómo logran los comunistas atraerse a los intelectuales?» […] «¿Se compone el partido comunista de los Estados Unidos principalmente de trabajadores?» […] «¿No puede cualquiera advertir que el comunismo ruso es más un infierno que un cielo?» […] «¿Cree usted que el partido comunista debe ser declarado ilegal?»

«Usinas de ideas» o «Think tanks» para el proyecto hegemónico.

Quino

En 1945, la revista publicó una versión condensada del libro «El camino a la servidumbre» del fundador de la Sociedad Mont Pelerín, Friedrich von Hayek. Uno de los pasajes publicados expresa: «Es la sumisión del hombre a las fuerzas impersonales del mercado (…) es por la sumisión que participamos cotidianamente en la construcción de algo más grande de lo que nosotros podemos comprender plenamente». Anthony Fisher, impactado por la publicación visitó a Hayek, con la intención de lanzarse a la carrera política para llevar adelante esas ideas. La recomendación de Hayek fue que evitara el camino del activismo político porque las grandes batallas debían ser emprendidas por los intelectuales. Le propone sumar a algunos seguidores para la creación de un instituto de estudios públicos con el objetivo de preparar a intelectuales -juristas, escritores, profesores, periodistas, estudiantes universitarios- con argumentos sólidos para la difusión e instalación de sus ideas en la sociedad civil y ejercer presión sobre los sectores políticos que se verán en la obligación de llevarlas a cabo. 

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A partir de aquí Fischer dedica su vida a creación de institutos de estudios que culmina con la creación de la «Red Atlas», la mayor red transnacional de «Usinas de ideas» ó «Think tanks» libertarias que hasta la actualidad operan en Latinoamérica sostenidas por un conjunto de multinacionales, grupos financieros, centros de estudios y asociaciones civiles. En la actualidad la integran casi seiscientas fundaciones y ONGs. interconectadas con organizaciones a nivel transnacional, regional, nacional y que llegan hasta el nivel local, muchas de las cuales vinculadas con sectores de las extremas derechas que han aportado y aportan a la ejecución de golpes de estado y desestabilizaciones en contra de las democracias en América Latina.

De todo lo dicho, se desprende la necesidad de desentrañar cómo ha operado el neoliberalismo durante ochenta años para llevar adelante el proyecto de hegemonía neoliberal en su real dimensión cultural e histórica desde la Segunda Guerra Mundial, entendiendo por hegemonía lo que Raymond Williams define de la siguiente manera: «La hegemonía no es solamente el nivel articulado de la «ideología», ni sus formas de control consideradas habitualmente como «manipulación» o «adoctrinamiento». Es todo un cuerpo de prácticas y expectativas en relación con la totalidad de la vida: nuestros sentidos y dosis de energía, las percepciones definidas que tenemos de nosotros mismos y de nuestro mundo». Es un sistema vivido de significaciones y valores -constituyentes y constituidos- que en la medida en que son experimentados como prácticas parecen confirmarse de manera recíproca». Desenmarañar su estructura interna es tarea posible, pero no fácil. En primer lugar porque el neoliberalismo no es una mera abstracción sino que es un entramado complejo que ha construido redes de sentido, códigos comunicacionales con ruptura de lazos solidarios, modos competitivos de relaciones sociales, estereotipos de comportamiento individualistas al servicio del mercado y de la acumulación de capital, dando como resultado una sociedad cada vez más desigual, con mensajes desde los medios hegemónicos dirigidos a perforar la confianza en los gobiernos que no se inclinan ante sus demandas. En segundo lugar, porque de una manera u otra, todos estamos marcados por su impronta ya que hemos nacido, nos hemos formado y vivimos dentro de este sistema, por lo que muchas veces, aún de manera inconsciente, se nos presentan contradicciones entre lo que pensamos y hacemos.

De todas maneras, en estos tiempos de pandemia que nos tocan vivir, algo se ha derrumbado, el sistema ha quedado casi al desnudo y sus violentos acólitos piden desesperadamente volver a «su normalidad», tambalean las formas políticas, jurídicas, económicas, aunque no percibamos aún su magnitud y qué consecuencias habrá de cara al futuro. El virus alteró la sólida hegemonía del sistema y aparecieron ante nuestros ojos más debilidades de las que suponíamos y eso juega a nuestro favor en este intento de crear un orden social menos doloroso, más amoroso, más justo y equitativo que posibilite una vida digna para todos y todas. Sin lugar a dudas, es posible.

María Verónica Fekete

Bibliografía

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Forster, Ricardo: Más allá del neoliberalismo: El Estado Social el día después. El Futuro después del COVID 19. Parte 1.

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Mato, Daniel: “Procesos culturales y transformaciones sociopolíticas en América Latina en tiempos de globalización”, 1996. Estudios Latinoamericanos sobre cultura y transformaciones sociales en tiempos de globalización 2 , Buenos Aires. CLACSO – 2001.

Montero, M. y Amodio, E. (coords.): América Latina en tiempos de la globalización, Caracas: UNESCO/Asociación Latinoamericana de Sociología/UCV).

Ulanovsky, Carlos: Paren las rotativas (1920-1969), Buenos Aires, Emecé, 2005.

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