GABINETES E INVENTARIOS

De las diversas acepciones que, según el Diccionario de la Real Academia, tiene la palabra gabinete, transcribo una, que es la que aquí me interesa: (Del it. gabinetto, del lat. cavêa., jaula). 4. Local en que se exhibe una colección de objetos curiosos o destinados al estudio de una ciencia u arte. En los siglos XVI y XVII aparece la llamada pintura de gabinete, en alemán Wunderkammern, es decir cámara de maravillas, salas donde se coleccionaban objetos extraños, invenciones, antigüedades, curiosidades científicas y arte. Por alguna razón misteriosa desde siempre me atrajeron estas imágenes de gabinetes y de quienes los construían, poblaban de objetos y trabajaban en ellos. Los ejemplos son harto numerosos y, como muestra, elegí cuatro.

Uno, el grabado desplegable de Dell'Historia Naturale de Ferrante Imperato (Nápoles, 1599), la primera ilustración de un gabinete de historia natural.
Otro, el Frontispicio de Musei Wormiani Historia que muestra el cuarto de maravillas de Worm.
Otro, Le Cabinet de curiosités, de Domenico Remps, Florencia, 1690.
El último, Kleinodien-Schrank, de Johann Georg Hainz, 1666.

Pero la existencia de estos cuartos o salas de maravillas no se restringe a los citados siglos. 

Basta con recordar el estudio de André Breton…
…y el de Sigmund Freud.

Desde muy temprano esos gabinetes y el inventario de los objetos allí reunidos aparecen de un modo u otro en mis poemas. Transcribo a continuación tres poemas en prosa que lo ejemplifican. Claro, gabinetes imaginarios ahítos de cosas materiales en estrecho vínculo muchas veces con relámpagos, sueños y visiones.

A André Breton

Una caja de madera de haya, vacía. Otra caja, de madera de olmo, en su interior cuatro pinceles de pelo de marta, un trozo de arpillera, tubos de óleo azul de ultramar, amarillo de cromo, carmín y cardenillo. Un ave roja del paraíso, disecada. Lentes, una acromática, una dicromática, una lenticular. Una aceptable reproducción de la Iglesia de Tillington de Constable. Un volumen de relatos de viaje de Alí Bey. Un volumen con grabados de Durero. Varias frutas, de yeso y pintadas, en un plato también de yeso y pintado. Un planisferio, con olor a humedad y ajado, enrollado y atado con una cinta de seda púrpura. Un barómetro de mercurio. Una brújula de geólogo. Una bobina de hilo de seda. Un florero de vidrio, con una flor artificial. Anzuelos de acero. Un maniquí de costura, con un pequeño agujero del lado del corazón. Una flor seca, de magnolia, en un sobre con una anotación en tinta en el dorso, que el tiempo tornó ilegible. Una pluma fuente y un plumín. Un cofrecito metálico cerrado y sin llave a la vista. Una taza de porcelana decorada con una escena de fiesta galante. Una fotografía enmarcada de un hombre y un niño, de espaldas, que contemplan el mar.

A Susana Wald

Piedra divina. Piedra falsa. Piedra infernal. Piedra jabaluna. Piedra de cal. Piedra alumbre. Piedra de moca. Piedra ciega. Piedra filosofal, la que todavía se busca. Piedra de luna. Piedra de águila. Piedra franca. Piedra jaspe. Piedra de chispa. Piedra aguzadera. Piedra palmeada. Piedra amoladera. Piedra rodada. Piedra oscilante. Piedra de la demencia. Piedra viva. Piedra ollar. Piedra terrestre y piedra celeste. Piedra para curar el mal de riñones. Piedra voladora, la que rota en los molinos de aceite. Piedra judaica. Piedras que se levantan. Piedras que hablan. Piedra sobre piedra. Piedra para señalar. Piedra de escándalo. Piedra que cierra la casa. Piedra labrada. Piedra dura. Piedra palmeada. Piedra miliar. Piedra lipis, vitriolo azul. Piedra en la mano: dureza, frialdad, peso, ligereza y aspereza. Piedra roja y diáfana, que el humano estima y no el ave que elige el grano.

Je suis enfin sorti de mon sommeil, je vis.
Paul Eluard.

La luz en la grava, cuando ella anda bajo la única estrella. El libro, del que otra vez levanto la mirada para ver el alba. La tierra y su límite, hasta allí la raíz, el tallo y el vástago. El puro vibrar de la cuerda tensada hacia deseo y verdad. Quien la pulsa, de entre los vivos, descalzo y desnudo. Ciertas palabras, regaliz, fontana, cimiento, en una madera. Quien las grabó, con punzón, un instante antes de la lluvia. La luz en el agua, cuando ella bebe en el instante inefable. Lo que llamamos la belleza y, al fondo, caballos. El polvo que levantan sus patas camino a Bizancio. La casa del marino y la casa del orfebre. Un puerto. Un artificio, dicen, que llegará al cielo. Una gota de sangre en un pétalo. Una gota de rocío. Una moneda dorada. El viento otoñal. Olas. Estrellas fugaces. La hierba. Avellanas. Aromas. El sabor del vino y las lágrimas. Un ensayo de orquesta bajo las olas.

Carlos Barbarito

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