ALMENDRA. LA FRUTA VIVA

La música Nacional. El Rock más incipiente a finales de los revueltos años 60, llegó a nuestro país a caballo de una revolución cultural mundial. Elvis y Los Beatles. La sombra y la luz eterna de Evita. El Che y la Resistencia Peronista. Los Mayos. La luna y Dylan.  Almendra, liderada por Luis Alberto Spinetta, fue una de las banderas más preciosas de aquel nacimiento.

Luis, Edelmiro, Emilio y Rodolfo. Like a Rolling Stone.

Corría 1980. La última dictadura militar que asoló nuestra Patria comenzaba a extinguirse como toda llama del mal, aunque aún quedaran múltiples dolores colectivos que padecer. Al decir de León Gieco, nuestro amado fútbol se lo había devorado todo.

Nuestra adolescencia reprimida comenzaba con los primeros espasmos de libertad. El pelo largo y las transgresiones de entrecasa. Los desafíos al autoritarismo escolar y los amores de telenovelas rosas, que al decir del hermoso Zitarrosa, parecían escritas por un loco. La coronación del dolor dictatorial con la Guerra de Malvinas. Las primeras miradas sobre las inmensas secuelas del terror.

Mar del Plata, la bella ciudad de la costa Atlántica, no escapaba al manto de plomo que cubría a casi toda América Latina. Ese vuelo tremendo del Cóndor. Donde la ficción de los veranos y las vacaciones parecían querer ahuyentar los más tremendos fantasmas. No lo pudo hacer con la presencia del Almirante Massera, el jerarca del Campo de Concentración que operó en la Escuela de Mecánica de la Armada adueñándose de la vida y los sueños de más de 5.000 Argentinos y Argentinas, quien en aquel Enero del 81 se paseaba impune en medio de turistas sonrientes, bronceados y casi cómplices hasta la imbecilidad. Ya, en ese entonces, mi mirada de semi niño estúpido apenas comenzaba a sospechar…

Para el Mundial 78 la dictadura había construido varios estadios, con la esperanza de que obras faraónicas taparan el horror de sus crímenes más atroces. Uno de ellos fue el Estadio Mundialista de Mar del Plata, una belleza casi inexplicable en medio de tanta pobreza y dolor. Como inexplicable fue el anuncio de la vuelta de Almendra y su recital allí.

No recuerdo como, pero lo cierto es que en aquel verano viví en carne viva y tan propia, la experiencia vital de la música partiendo en dos una época siniestra. Solo recuerdo como en sueños al hermosísimo Spinetta irrumpiendo en la oscuridad del estadio, con la preciosa banda eterna y enfundado, en toda su talentosa flacura, en una camiseta Argentina. Y allí se desató la magia. Que por magia es tenue y persistente recuerdo. Emoción que soltaba las primeras de muchísimas lágrimas por venir. Las bellísimas canciones, la poesía de aquel Artaud criollo, un Quijote de talento entre tanta mierda.

Después vinieron más dolores. La conciencia plena de sabernos frágiles y no tan piolas. El asomar al mundo, a otros mundos. Y siempre la música, la banda de sonido de nuestras vidas, de los cuales el querido Flaco es una de las partes esenciales.

Cuando todo pase, quedará en la memoria viva el fulgor de aquella noche de verano bajo las estrellas marinas y Luis cantando suavecito Las manos de Fermín. Plegarias para tantos niños dormidos.

Y no habrá otra magia que lo emparde.

Fabián Del Core

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