EL ODIO SOLO LLEVA A LA EXTINCIÓN

Eran otras épocas, veníamos de una de las dictaduras genocidas más crueles que le toco a Latinoamérica, con prohibiciones, amigos desaparecidos, exiliados, asesinados, presos y horrores que recién ahí empezamos a ver en detalle. Las elecciones del 83 encumbraron a un gran demócrata que, si bien, no coincidía con mis ideas, era el líder necesario para comenzar con esta nueva democracia. Alfonsín se erigió, por los errores del viejo peronismo que llevaba al Luder de la «aniquilación» en el Operativo Independencia y a la violencia manifiesta de la quema de un cajón fúnebre en el que supuestamente iba la UCR. Ni siquiera los peronistas de base lo votamos y nos fuimos con el “Bisonte” Allende que registro apenas una minoría, pero respondía a nuestros ideales.

El triunfo de Alfonsín fue necesario y los jóvenes que lo acompañaban en la militancia eran recién llegados a la política, pero una llegada arrasadora y consciente.

Nos encontrábamos todas las noches, radicales, peronistas, gente de izquierda y debatíamos hasta la madrugada, sabiendo cuales eran las diferencias y los disentimientos, pero aceptando lo que era común a todos. Nos encontrábamos generalmente en la esquina de Mitre y Alem, en donde estaba el inolvidable Old Pub y nuestra cita tenía que ver con la barra (mostrador) del lugar; nos encontrábamos en la calle y hacíamos una parada para debatir nuestra última idea, nos encontrábamos y nos hermanábamos por un país que renacía en democracia. Y nos entendíamos y sabíamos que todos éramos necesarios; todos, los de uno y otro “bando”; sabíamos que al país lo hacíamos entre todos.

Y acompañaba el renacer de los centros de estudiantes secundarios que durante los años del oprobio habían sido sometidos a no pensar, bajo riesgo de ser “chupados” por los detentadores de la muerte. Y acompañaba a los chiques radicales que los conducían y coincidíamos y debatíamos. Todos juntos como debía ser en ese gran país con el que empezábamos a soñar.

En el teatro pasaba lo mismo había diferencias, pero todos tirábamos de la misma soga, sosteniendo coherentemente la ideología de cada uno. Y todos con el mismo objetivo.

Fue una época de amistades que, con muchos, aun conservamos y recordamos amablemente. Con muchos aun debatimos desde ese lugar ganado a la libertad; otros optaron por otras “comodidades” ideológicas.

Nos encontrábamos y generábamos proyectos, todos juntos sin diferencias, como debía ser en aquella primavera alfonsinista. Desde ahí nació el apoyo a un programa de radio, a un periodista y la revista “Puertas Abiertas”, dirigida por Gustavo Pérez Ruiz. Todos con el mismo objetivo.

Solo recuerdos quedan. Hoy todo cambio. Pareciera ser que el país les pertenece a unos o a otros y cada “bando” agrede con minuciosa perversidad al otro. Lamentable es que muchos de esos pibes de ayer (no todos) baten parches por la agresión e invitan a una sola estrategia: sentirse ofendidos, decir que no les interesa la política y lastimarnos el alma, generando rispideces en grupos de amigos o familiares que bien podrían debatir como adultos el destino del país. Todos juntos como corresponden. Y hablan de la grieta, cuando todos sabemos que esa división profunda viene de muy lejos; de cuando esta tierra pertenecía a sus habitantes originarios y vinieron los genocidas europeos a matarlos, desaparecerlos. Y es así desde siempre, llámese colonialismo, mitrismo, rosismo y todos los ismos que le quieran poner. Los que se ofenden son los herederos de los que nos llenaron los libros de mentiras para que nadie sepa cuál es nuestro verdadero devenir; los que ofrendaron su aplauso a los bombardeos del 55 que arraso con un gobierno democrático y asesino más de 300 civiles inocentes. Esos hablan de la grieta y nos acusan de hablar de política, porque lo hacemos con puntos y señales.

Solo eso, que bueno sería volver a aquella “primavera” en la que todos pensábamos en un país donde se educa, se come y se cura; el país justo, libre y soberano que todos queremos. Ojalá volvamos a debatir con fluidez, sabiduría y sin odio; que el odio solo puede llevarnos a nuestra propia extinción.

Jorge Sharry

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