SER OTRO

…el camino baja suave por la pendiente hacia el Paso de las Vacas. Antes, para ir a lo de Ochoa, había que hacer un rodeo por la ruta que va a Salto y entrarle al rancho por la espalda, a través de un camino que moría en el arroyo. Pero ahora como por ese lado la soja ya se comió al camino, no queda otra que ir por el Paso de las Vacas, o a través del basural. Ahí, en el vado, el arroyo es apenas barro y un puñado de piedras, un hilito de agua sin apuro y sin orilla. Pero en época de lluvias se ensancha y llega incluso a taparle los pies a los álamos que están remontando la loma, o que vienen bajando, vaya uno a saber, a veces uno cree que va y resulta que está volviendo.

Para Ochoa más que una dificultad esto resulta una bendición -así nadie viene por pavadas -dice- o a pasar el tiempo al cuete -y agrega- un día apareció un hombre diciendo que nos conocíamos y que andaba buscando no sé qué cosa, y resulta que yo no tenía ni idea de quién era, el asunto es que el tipo me tiró un par de datos más o menos ciertos, vaguedades que bien podrían haber sucedido o no. La cuestión  es que le seguí la corriente y nos pasamos más de dos horas inventando recuerdos. El fulano se fue contento y prometió volver a visitarme, no se llevó lo que buscaba, pero en esas dos horas nos habíamos fabricado un pasado.

Se ve que hacía rato que quería ser otro el pobre…

Eduardo Viti Correa

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