NICOLÁS IANNONE

Hijo de inmigrantes italianos (padre y abuelo) que, como tantos otros, vinieran corridos por los efectos de las guerras buscando nuevos horizontes; “hacer la América”, decían, en un suelo que les ofrecía sus brazos abiertos. Aunque para ello tuvieran que dejar familiares, su tierra, una vida partida, la vida de un inmigrante, para comenzar otra. Ellos, los inmigrantes, dieron cada uno lo suyo pero todos aportaron sus pasiones, la nobleza y el sudor fruto de su trabajo y su sacrificio con afán de progreso. Por eso y por mucho más, mi gran respeto a todos los inmigrantes que ayudaron a forjar la Argentina. Y en especial a ese gringo laburante, mi padre, quien se apresta a festejar, en días venideros, sus jóvenes 97 años.

Yo, fui un simple muchachito de barrio del sur santafesino, nacido en San Lorenzo y criado en Capitán Bermúdez, al norte de la ciudad de Rosario. Niñez tranquila, sencilla, sin miedos ni peligros. Mi vida transcurría entre el “trabajo” de ir a la escuela nacional 381 de Capitán Bermúdez, y el resto del día, de todos los días, dedicado al disfrute con los amigos de la barra en el “Maracaná”, el que existía justo frente a la casa de mis padres, y más precisamente, entre las dos amahacas de la plaza, separadas unos 50 metros entre sí, y cuyos caños oficiaban de arcos. La canchita más linda del mundo, para nosotros claro. Qué niñez maravillosa… siempre rodeado de amigos, compartiéndolo todo, emociones, alegrías, sueños, y también las disputas, necesarias para ir formando los hombres del mañana. Pero lo que más se compartía… era la primera novia, la de todos: la pelota.

La vida siguió de la misma manera, compartiendo días felices, aún durante la etapa de la educación secundaria en el Colegio San Carlos de San Lorenzo, a pasos del pino histórico y del “campo de la gloria” donde fueron vencidos los conquistadores españoles por las tropas del Gral. San Martín. Más tarde, cursé los estudios agronómicos en la Facultad de Ciencias Agrarias de Rosario, la que me permitiera recibirme de Ingeniero Agrónomo en 1976. Tan hermosa actividad, dedicada a nuestra orgullosa producción agropecuaria, me llevó a Pergamino para comenzar a desarrollarla en 1977, al incorporarme como becario profesional en investigación del prestigioso Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria.

La vida me propuso constituir una familia junto a María Cristina Rivero, cordobesa de Córdoba capital, como acostumbran decir los que viven en la tierra de la coca con fernet y de tantas cosas lindas. Tuvimos tres hijos: Anabella (83), Nicolás Ignacio (85 ) y Luciano Roberto (87). Este último, nacido en USA; lugar donde estuvimos viviendo durante dos años y medio, a fin de realizar un Postgrado a nivel de Maestría, obtenida en la Universidad de Illinois en 1989. De regreso a casa, me reincorporé con ahínco a la investigación sobre manejo integrado de plagas de cultivos extensivos, y posteriormente en producción ecológica u orgánica, sistemas de producción de bajo y nulo impacto ambiental.

La vida en Pergamino me sorprendió también participando de un taller de teatro que ayudó a abrir las puertas de la sensibilidad para cortar invisibles ataduras sobre sentimientos y emociones, que en mayor o menor medida todos tenemos. Sensible y atrapante actividad, que en definitiva contribuye a un mejor conocimiento de nuestro interior, y a exteriorizarlo. Varios años en el “teatro Florentino” también permitió que incursionara en monólogos, cuya preparación de textos comenzó a convencerme sobre la magia y la poesía que nos abraza al intentar plasmar en el papel nuestras pasiones y sentimientos.

Quizás por una casualidad, aunque cada vez creo menos en ellas, empecé a escribir mis sentires sobre la vida cotidiana en formato de relatos cortos, específicamente cuentos, aunque muy tímidamente por cierto. La increíble anécdota del “despertar” de una novel actividad literaria, como todo, siempre tiene un momento de inicio. Y a éste, lo describo en un escrito titulado: “Amanecer de un escritor”, que invito a leer en facebook.

El enamoramiento con el mundo mágico de la escritura fue ganando terreno a medida que experimentaba con un nuevo cuento… Pero siempre con la idea de despuntar el vicio, el único que no merece castigo, el vicio de disfrutar al escribir sobre pasiones y afectos, anécdotas en principio generadas a través de mi histórico grupo de amigos. Y, otra vez la magia propone algo totalmente inesperado, en ocasióm de estar fuera del país. Sí, algo tan emocionante ocurrido durante un viaje programado con mi esposa para visitar a nuestro hijo menor, de unos veinte años por entonces, quien residía en Miami. Allí, al encontrarnos, sobrevino lo impensado. Anécdota transformada en texto, titulado “Mi primer hijo de papel”. Relato que no parecerá real sino ficción, también difundido en mi perfil de facebook.

Pasado tal cimbronazo al corazón, con el tiempo sobrevinieron dos libros:

  • “MAGO DEL UNIVERSO” y diez más. Un libro de Cuentos, como tributo al Dios del fútbol: Diego Armando Maradona.

 

  • “NALDO” Historias, Padiones y Sueños. Novela de reciente aparición.

Ciudad de Pergamino, Buenos Aires, Argentina.

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