RAFAEL “FALLI” ZICARELLI, ACTOR, DIRECTOR, TITIRITERO, PAYASO Y PERGAMINENSE

“Soy un artista que reivindica lo popular y no separa lo artístico de la política, ni de la comunidad”

Nos remontamos a aquellos años maravillosos en que la Escuela de Teatro formaba nuevos actores y a principios de los ’70, aparecía un joven de sonrisa ancha y una importante alegría “desparramando” talento desde sus aulas. No fue inadvertido y, al poco tiempo, estaba haciendo con el Grupo de Teatro de Pergamino (emergente de esa escuela) “Historias para ser contadas”, esa obra de Osvaldo Dragún que desnudaba la clase media argentina. «Dirigida por Jorge Abal, Mario Rebottaro y Ana D´Anna”.

Pero el querido Falli fue más allá y encontró sus propias raíces en el barrio, con una historia que denunciaba, más que contar problemas que tenían que ver con la actualidad y las necesidades sociales de los que menos tienen y creó el Grupo Puentehierro. Y así fue, de a poco, trasladándose a la Capital en donde seguiría sus estudios y se inclinaría por todo lo que el teatro tiene de popular y comunitario.

Después de muchos años lo reencontramos. En el medio fue titiritero, clown, payaso y, por sobre todas las cosas, un actor que le quiere contar al mundo lo que pasa en su lugar, su comunidad, en los nuevos movimientos teatrales frente al arte, con esa nariz de payaso que él llama “la máscara más pequeña de todas”.

Para los que lo recuerdan y los que lo van a conocer ahora, aquí esta Rafael “Falli” Zicarelli, uno de los más grandes artistas pergaminenses, que se destaca desde hace muchos años en la gran urbe.

¿Cómo empezó la aventura del teatro para Rafael “Fallí” Zicarelli?

Tuve la gran suerte de que mi madre me acercara al teatro. Así, desde chico, escuché radioteatro, pude ver las obras de Leonardo Rodríguez, como también las obras de la Escuela de Teatro Pergamino, y las del Grupo de Teatro Pergamino.

A los diecisiete años entre en la Escuela de Teatro de Pergamino, y un gran impulsor de ello, fue Rubén Albarracín, vecino de mi casa materna. Y allí me quede hasta terminar la carrera de cuatro años. Aunque yo me quedé cinco, un año más, colaborando en una de las obras que se estaba preparando, “La Cometa Azul”. En esa extraordinaria escuela-taller (es la impresión que tengo ahora de la escuela) comenzó mi aventura del teatro.

También participé, mientras estaba en la escuela, en el Grupo de Teatro Pergamino actuando en “Historias para ser contadas” (de Osvaldo Dragún) y, tanto en la Escuela de Teatro, como en el G.T.P. encontré mi amor y mi pasión por el teatro; y aprendí muchísimo en esos años.

“PUENTEHIERRO”, EL TEATRO SOCIAL

¿Cómo nace “Puentehierro”, grupo icónico de la historia del teatro local?

En el año 1976, la Escuela no se abrió, y decidimos junto a los hermanos Vázquez fundar un grupo de teatro llamado “Puentehierro”.

Teníamos la idea de que debía ser un teatro comprometido con la realidad social, nos atraía la idea de que su sede estuviera en un barrio alejado del centro y que el público nos viniera a ver ahí, y eso hicimos. En el barrio Acevedo, en una biblioteca, armamos esta agrupación, y con la dirección de Alberto Di Lorenzo, pusimos en escena nuestra primera obra, “Nada en Especial”.

A Di Lorenzo lo admiraba, había visto mientras estudiaba, sus actuaciones en la Comuna Baires y me impactaba ese teatro, esa manera de organización, esa estética, y él nos ayudó muchísimo en el proceso creativo. Nos ordenó, nos organizó.

“Puntehierro”, creo que lo mantuvimos dos años, desde el 76 al 78, el segundo espectáculo estaba basado en poesía teatralizadas y el tercero, ”Puchiball”, un espectáculo que no tenía textos, solo escenas donde la palabra no hacía falta, lo presentamos en un festival de Mimo en la ciudad de Rosario.

Fueron años apasionantes pero muy difíciles. Cuando salí del servicio militar, ya me vine a Buenos Aires y el grupo se transformó en otro grupo, con otro nombre, y sé que los Vázquez continuaron esa tarea.

¿Contame de esa partida a la Capital y cuáles son tus inicios allí?

Mi idea era dedicarme al teatro en tiempo completo. Cuando salí del servicio militar en marzo de 1978, decidí irme a Buenos Aires, ya que estaba sin trabajo en Pergamino, y esta idea de dedicarle tiempo completo al teatro me entusiasmaba muchísimo. Me ayudó en esta decisión Ariel Bonomi que había sido mi maestro de Arte Dramático en la Escuela de Teatro de Pergamino y con el que cursé esa materia, durante los cinco años que pasé por la escuela. Por lo tanto, en abril de ese año partí para Buenos Aires.

Creo que ese año comencé a ensayar y a tomar clases de manera particular con un alumno de Augusto Fernández, y al año siguiente, en el 79, ya estaba actuando en “Noche de Huéspedes” una obra de Peter Weiss, en el Teatro Sha y cursando el Seminario en la Escuela de Teatro de Avellaneda, donde estuve dos años. El seminario te proponía algo parecido a lo de la escuela de Pergamino, producir espectáculos y hacer funciones, eso me interesaba muchísimo. Después vinieron otras obras. En el 82 estuve actuando en Teatro Abierto haciendo funciones y en el 83 entré a la Comedia de Avellaneda, donde mi labor teatral paso a ser a tiempo completo.

¿Buenos Aires te resulto una ciudad agresiva o te adaptaste en seguida?

Me costó adaptarme, sin embargo, era tal mi entusiasmo de estar allí, que poco a poco lo fui logrando.

¿Cómo era en ese entonces tu vida entre la Capital y Pergamino, en donde todavía hacías algunas cosas que tenían que ver con el mundo del teatro?

No tengo muy presente esa etapa. Sé que no viajaba muy seguido a Pergamino. A veces pasaban varios meses sin ir.

¿Fuiste titiritero? ¿Cómo fue esa experiencia?

Creo que lo que me atraía del mundo titiritero era la independencia y libertad que ese lenguaje provoca. Por otro lado desde que estaba en Pergamino en la escuela, yo sentía una gran atracción por el circo, por la itinerancia, pensaba en un teatro que fuera en busca de su público, y todo esto lo reunía en cierta forma el teatro de títeres.

Así que sin más me largue en esa aventura, primero de manera solista y después con los Brodianos, que venían de hacer títeres en Perú.

Así nació el Teatro de Títeres “De Aquí y De Allá”, Junto a Mariana Brodiano, y entre 1984 y hasta 1994 mantuvimos esa formación.

En esos años, dedicados a tiempo completos con los títeres recorrimos Perú, Ecuador, Colombia, y nos presentamos en la Ciudad de Buenos Aires y el resto del país en colegios y jardines de infantes de manera ininterrumpida.

También fue en esa época que visitamos Pergamino en varias oportunidades, haciendo funciones en plazas, jardines y colegios. También realice un taller de construcción de títeres con material de desecho que culmino con una bellísima muestra en la Escuela de Bellas Artes.

LO COMUNITARIO Y EL PAYASO

¿Cuándo llega el teatro comunitario y de qué manera?

En el año 1988 conocí a Los Teatreros Ambulantes Los Calandracas, actores, titiriteros, que apostaban al lenguaje de les payases. Yo que venía de hacer títeres durante siete años quería volver al teatro de actores, pero como te dije antes, a un teatro que reivindicara al circo como nacimiento del teatro argentino, que la itinerancia fuera su manera de producción, y además que el humor fuera parte de su propuesta artística. Eso lo reunían Los Calandracas. Ellos necesitaban un actor y ahí entré yo.

Los Calandracas tenían una visión de aquel teatro en los barrios, que yo buscaba en “Puentehierro”.

En un principio juntamos “De Aquí y De Allá “y “Los Calandracas”, después con los años fuimos decidiendo que el proyecto más fuerte era el teatro de actores.

En 1996 fundamos el Circuito Cultural Barracas y comenzamos a hacer teatro con vecinos, Teatro Comunitario. Recuerdo que fuimos a Pergamino con Ricardo Talento, el director del grupo, a dar una charla sobre este proyecto con el fin de entusiasmar a otros en esta idea.

Hoy el Teatro Comunitario tiene un gran desarrollo, una inmensa red.

¿Qué obstáculos encontraste para hacer tu carrera de la forma en que la desarrollaste?

Creo que desarrolle una actividad acorde a lo que yo buscaba del teatro. Para mí, el teatro es para la comunidad, debe buscar al público, llegar a los lugares donde no se ve de manera habitual, las producciones deben estar preparadas para itinerar, todo eso, que es remar contra la corriente, porque no se enseña en ninguna escuela, fue mi gran obstáculo. Tuve o tuvimos que inventar lo que no estaba inventado para que fuera posible llevar adelante mi proyecto, esa carrera como vos decís.

¿Cuál fue el punto más importante de tu trayecto como artista en Capital?

Cuando formé parte de la conducción del Circuito Cultural Barracas y empezamos a producir nuestros espectáculos.

¿Cómo es esto de llegar a ser payaso?  Contame como se llega y se opta.

El payaso o clown es un actor. Dentro del circo es “lo teatral” y dentro de “lo Teatral” este es un lenguaje, con su técnica, y por supuesto que, como todos los lenguajes, cada maestro con su librito. Yo abordo este lenguaje desde lo expresivo, luego voy incorporando la técnica. Desde 2009 llevo adelante “Payasos de Pista”, un proyecto que tiene como principal aliado la inclusión. Cualquiera puede actuar, como en el teatro comunitario, porque parto de lo que cada persona trae, y el humor lo traemos todos, hay que saber encontrarlo y seguramente cada uno/una, tendrá su propio humor. Te diría que todo parte de la nariz colorada, la máscara más pequeña de todas, pero reconocida en todo el mundo, y que le permite al que se la pone, estar en otro estadio, ese es el payaso, el clown, un personaje en un estadio diferente al humano, como los títeres, a quien yo considero sus primos hermanos.

También como los títeres, se piensa que el arte de los payasos/as está dirigido a los niños, pero no es así, es un lenguaje, una forma de expresión para todo público y a veces exclusivamente para los adultos.

Yo al entrar en “Los Calandracas” aprendí con ellos esta manera de actuar y me enamore de ella, tanto que, a partir de allí, no me separé más. En Payasos de pista tenemos un lema, a cada persona que llega le decimos venís vos y te vas con tu payasx.

¿Qué es ser payaso y qué es un payaso?

Ser payaso es un estado de ánimo, una actitud, que te acompaña en la vida.

Muchas veces se usa el término de manera despectiva, igual que cuando se dice “esto es un circo” también despectivamente. Sin embargo, el payaso es un ser frágil, que desnuda situaciones que no se quieren ver, es irreverente, valiente aunque muestra sus debilidades, es un ser desprejuiciado, con una gran necesidad de comunicarse.

¿Desde las distintas opciones que elegiste para transitar el mundo del arte teatral, podrías definir la alegría?

Definir la alegría no me resulta fácil, pero desde las distintas opciones que elegí para transitar el mundo del arte teatral, me aparece ese sentimiento cuando estoy creando o cuando estoy frente al público y siento que estamos comunicados. A veces pasa que fluye ese sentimiento, que podría decir es la alegría. La alegría está relacionada con lo festivo, con lo ceremonial, con el teatro.

¿Qué dejó en el camino Fallí Zicarelli?

Quizás no lo sé definir muy bien de esa manera, te podría decir lo que encontré en este largo trayecto y quizás te responda mejor la pregunta: encontré amigos, familia, amor, verdad, nobleza, solidaridad, esperanza. El arte teatral me abrió la ventana al mundo, descubrí el mundo.

¿Quién es Rafael “Falli” Zicarelli como artista?

Soy un artista que reivindica el arte popular, que creo pensando en el público, que no puedo separar lo artístico de la política, ni de la comunidad, que estoy comprometido con lo que hago, aunque a veces no me convenga ese camino; que me equivoco bastante; que como artista soy demasiado prolijo.

¿Qué cosas te señalan como ex habitante de esta región de la provincia, Pergamino y su zona?, ¿fundamentalmente y qué harías si tenés que volver?

Mira, yo no parezco un porteño, ni con lo que hago, ni con lo que digo, ni con lo que pienso, más bien si un provinciano a pesar de que hace tantos años que vivo acá.

Muchas personas cuando se relacionan conmigo me preguntan de dónde soy, creo que esas cosas que te digo me señalan como ex habitante de esa región de la provincia.

No me puedo imaginar volviendo a Pergamino, pero si tuviera que volver posiblemente haría algo similar a lo que realizo acá, trabajaría para la comunidad, actuaría, daría talleres; lo que no se es cuál sería el resultado…

¿Cómo ves el panorama del teatro independiente a nivel provincial y “capitalino” en la actualidad?

A nivel provincial no se decirte mucho porque desconozco bastante ese sector, además es tan grande la provincia que seguramente debe haber realidades diferentes.

Sí puedo decir, es mí parecer, que el teatro independiente se debe una reflexión y por supuesto me siento incluido en ella:

¿Para quién hacemos teatro? ¿Cómo lo hacemos? ¿Qué temas abordamos? ¿Qué es lo más importante del teatro? ¿Qué porcentaje de habitantes de nuestro país ven teatro? ¿Qué enseñamos en las universidades y escuelas de teatro tanto privadas como públicas? ¿Cuál es el presupuesto para el teatro, y como lo distribuimos? No para confrontar, sino –repito– para reflexionar.

El teatro es maravilloso como encuentro humano, y no debe perder esa esencia. Debemos estar atentos para que no nos suceda.

Si tuvieras que formar un elenco con director incluido en Pergamino para volver a trabajar con ellos, ¿quiénes serían los elegidos, estén o no corporalmente entre nosotros?

Difícil pensar en esa pregunta, me imagino que ya han llegado nuevas generaciones de actores, actrices, directores y directoras que desconozco. Si puedo contestarte que la dirección sería para Roberto Iriarte, alguien que admiro, respeto y valoro por todo su trabajo realizado y con quien me identifico.

¿Hay alguna pregunta que no te hice y te hubiera gustado contestar?

Sí, quiero decir que estoy agradecido a mi ciudad natal, Pergamino, porque pude estudiar, de manera gratuita, lo que fue después mi profesión, y que siempre me recibió, y me recibe, (esta nota es un ejemplo) con los brazos abiertos…Gracias, gracias, gracias…

“Teatro Para Armar con Los Calandracas”

Háblame de tu trabajo actual y los proyectos

Mi trabajo actual está dividido en docencia, asistencias técnicas, dirección, y actuación. Hago asistencia técnica en el Grupo de Teatro Comunitario Catalinas Sur, en el espectáculo “Carpa Quemada”, también en el Grupo de Teatro Comunitario “Los Pompapetriyasos” de Parque Patricios, en el espectáculo “Lo que la Peste nos dejó”.

Damos un taller junto a Patricia Bontas, mi compañera de la vida desde hace 27 años, en la villa 21-24 de Barracas, un taller para niños de plástica, títeres y teatro que ya cumplió 14 años.

Formo parte de “Los Calandracas” mi grupo madre, con quien realizo “Teatro Para Armar con Los Calandracas” haciendo presentaciones para colegios secundarios.

Llevo adelante el proyecto “Payasos de Pista” en nuestro Taller “Espacio Cayasta 3316” en Barracas que comparto también con Patricia Bontas, donde a veces nos visitan espectáculos, o hacemos los nuestros, ya que lo tenemos abierto a la comunidad. Somos también parte de la Cooperativa a de Servicios Culturales “La Calle de Los Títeres”, donde gestionamos y también realizamos funciones, y tenemos tres espectáculos con los que permanentemente giramos que son “Una de Payaso”, “El Golosinero”, ”Entretíteres” y nuestro Teatro en Miniatura que realizamos con la técnica de Lambe-Lambe. Proyectos como siempre en mi vida tengo muchos, sueños les digo yo. Seguir creciendo con “Payasos de Pista”, un espectáculo por armar con Patricia que ya estamos empezando a ensayar y seguir actuando en el espacio público porque creo firmemente que el arte transforma a las comunidades.

Jorge Sharry

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