ROMINA OSLÉ

“… Que la vida no se vuelva opaca, que  no me pierda los detalles de lo cotidiano y por sobre todas las cosas, que haya deseo, que siempre haya deseo”

En los contornos del teatro independiente de Buenos Aires, a nadie le cabe la menor duda que Romina Oslé está entre las mejores actrices de su generación y si alguien por cierto “ego”, lo cuestionaba, allí está el Premio Trinidad Guevara de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires, uno de los más prestigiosos del país a la “revelación femenina” por esa “Negra” entrañable que interpretó en “Vago” de Yoska Lázaro.

Romina no deja de trabajar y cada una de sus actuaciones dibuja un instante privilegiado en sus espectadores. Ahora está haciendo “Bailan las almas en llantas” de su amiga Pilar Ruiz y el monólogo “Dulce Marta” bajo la dirección de Ana Laura Suárez Cassino y en los dos casos se instala en actuaciones magníficas.

De sus antecedentes, podemos decir que es actriz, directora y profesora de Artes en Teatro, graduada en la Universidad Nacional de Arte (UNA); estudió con maestros como Cristina Banegas, Agustín Alezzo, Ricardo Bartis, Pompeyo Audivert, Manuel Vicente, Ana Alvarado y Febe Cháves y hace unos años filmó una película maravillosa dirigida por Fabián Díaz en nuestra ciudad: “Hypnöse”, un film exquisito como ella toda.

¿Cómo se te ocurrió ser actriz? Contame de tus inicios

Desde muy chiquita decía que quería ser actriz y cantante.

A los ocho mi mamá me llevó a una audición del “Coro de niños” del Teatro Argentino de La Plata y no quedé. Recuerdo lo que lloré. Mi mamá no me podía calmar. Se arrepintió siempre de haber tomado esa decisión, en lugar de solo llevarme a un taller de canto, por ejemplo.

Creo que esa experiencia me marcó para siempre, aunque suene chistoso. Porque nunca logré tener confianza en mi voz, hasta hace muy pocos años…

Así que me quedaba el “actriz”…

A mis 11 años fallece mi papá; y mi mamá en el intento de que yo esté mejor, empezó a buscar cosas que me darían ganas de hacer. Así llegamos al TEC: Taller de Expresión Creativa del Teatro Coliseo Podestá de La Plata. Mi mamá una grosa para encontrar lugares gratuitos y buenos, pues no teníamos un mango y el taller era municipal.

Así es que arranqué a hacer teatro a mis 11 años y nunca más dejé de hacerlo. En el Coliseo estuve casi nueve años, hasta mis 20. Allí actué en muchísimas obras y mi primera gran maestra, Mercedes Montagnaro, cerca de mis 18 años, también me permitió incursionar en mi primera puesta en escena como directora y coordinadora de un grupo. Por lo que allí también descubrí mi pasión por la docencia.

También me quedaron mis amigas Mery y Pato, desde nuestros 16/18 añitos juntas.

Recuerdo ese lugar y a esas personas con un amor y una alegría inconmensurable.

Una grosa mi mamá.

La primera vez

¿Qué sentiste al estar por primera vez en un escenario y frente al público?

Uff… lo inexplicable hecho cuerpo. Una adrenalina y una felicidad únicas…

Creo que lo que siento allí, no lo siento, ni lo sentí, en ninguna otra vivencia de la vida… Y no digo que no existan o que no haya vivido situaciones en las que haya experimentado una enorme adrenalina o felicidad… si no que es tan singular, que lo vuelve inexplicable e incomparable.  Reside únicamente en la experiencia. Intentar ponerlo en palabras, lo simplifica. Cómo intentar explicar el amor, o el maternar.

Yo siempre digo que arranqué al revés, porque desde la primera vez que actúe, allá por diciembre de 1993, actué en un Teatro como el Coliseo Podestá, con un público de ¡700 personas! Claro, era un taller municipal que ofrecía entradas gratuitas y el teatro se llenaba. Pero sin importar los motivos, actuabas a teatro lleno, en la inmensidad de ese escenario. También una experiencia única.

Recuerdo que esa primera vez, llena de nervios y contradicciones (como hasta el día de hoy) me atravesó una energía vital tan poderosa, que sentí que era lo que quería hacer para siempre. Hasta la fecha lo vengo cumpliendo.

¿Cuál fue el punto que determinó que eligieras el teatro como profesión?

Nunca me lo cuestioné. Simplemente nunca me vi haciendo otra cosa. Llegando al final de la secundaria empecé a buscar dónde estudiar. No sabía cuál sería el título ni en qué universidad, pero estaba segura que existía el lugar indicado.

Cuando conocí la existencia del I.U.N.A (Actual U.N.A – Universidad Nacional de las Artes) me puse feliz. No había dudas, sería allí.

En el 2000 hice el ingreso a la Licenciatura en Actuación y no entré. Mi primer gran fracaso (sin contar el del Coro del Teatro Argentino ja ja ja!). Fue una frustración y un desequilibrio enorme. ¡No tenía qué hacer ese año! Pero como nada sucede porque sí, ese año estuve aún más presente en las actividades del Coliseo Podestá y mi maestra me ofreció coordinar un grupo. Así descubrí un nuevo amor: la docencia.

Al año siguiente hice el ingreso al Profesorado de Artes en Teatro en el I.U.N.A y fue una decisión salvadora. Nunca dude de ella y fue una salida laboral concreta.

¿Se hace muy difícil trabajar como artista en Buenos Aires?

No sé muy bien cómo responder esta pregunta. Para mi la Ciudad de Buenos Aires es un lugar hostil en sí mismo, a no ser que no tengas problemas de dinero. Llena de posibilidades y de propuestas, pero no siempre al alcance de todes.

Ahora, trabajar como artista es difícil acá y en cualquier lado. Sobre todo, si tenemos en cuenta que trabajar es recibir una remuneración económica a cambio. La posta es generar tu propio trabajo; armar red; armar grupos con pares y hacer. No esperar a ser convocada. La remuneración a veces llega, muchas veces no. No es muy diferente a otras profesiones. Ya sabés que ponerle el cuerpo a un hecho artístico que te convoque, muchas veces no da dinero, por eso no queda otra que generar laburo que dé un sueldo y a la vez que te quede tiempo para hacer. La docencia permite mucho eso. Y el placer que te da, cuando recibís guita por actuar en algo que harías de todas maneras, es una sensación maravillosa.

Tenés un espacio -Lugar Otro- donde desarrollás tu talento como profesora, dramaturga y directora. Contame sobre éso y cuáles son tus logros allí.

Mis logros allí fueron todo lo sucedido. Nunca pensé que iba a tener un espacio de formación, fue apareciendo por un devenir de circunstancias en la vida. Así que, de pronto, tenerlo y que empiece a ser habitado, y empiece a generar encuentros y trabajo artístico colectivo (esencia de lo teatral, a mi entender) fue de un logro absoluto.

Por otro lado, en el devenir del hacer y del sostener grupos, fueron apareciendo mis roles como directora y dramaturga. “Haceres” que nunca habría desarrollado por motu propio, no me creía capacitada para ello. Pero al ser una soldadita del hacer, si la tarea lo requería, allí estaba. Y el hacer es aprendizaje. Por lo que LugarOtro fue y es un espacio de descubrimiento y aprendizaje absoluto.  

Al principio tuvimos espacio propio. Armarlo fue muy costoso, pero hermoso. Lo logré gracias a que mi compa Juan Pablo Rodriguez trabajó a la par siempre y luego se fueron sumando colegas amigas, como Pilar Ruiz y María Marta Picasso a coordinar grupos.

LugarOtro fue creciendo y estudiantes fueron ocupando más roles, como Ana Iglesias, que continuó (hasta la fecha) como docente y directora.

También contamos con muches profes en clases complementarias, como Natalia Sachero, pergaminense amiga, que dictó varias clases de clown, Petra Donnerstag, otra amiga y colega, empezó dando clases complementarias y terminó siendo parte de casi todos los grupos y proyectos “otreros”.

Luego de 10 años de sostener espacio propio, llegó el macrismo y no lo pudimos sostener más… esa es otra historia… y otro aprendizaje… porque descubrimos que aún sin espacio propio LugarOtro seguía existiendo y que la posibilidad de generar grupos y haceres teatrales, seguía intacta. Por eso son los cuerpos y no los lugares.

Desde entonces copamos el Teatro Espacio GADÍ, coordinado por el genio de Diego Fernández Ribas que nos abre los brazos cada vez que nos recibe.

Si hay algo que logramos en LugarOtro es sostener la formación y los grupos en el tiempo (hemos llegado a tener un grupo 7 años, pandemia mediante). Creemos que la formación es un proceso, al igual que la construcción de obras. Y todo proceso requiere tiempo. Sostener y transformar el tiempo en un TiempoOtro, han sido los logros más grandes de LugarOtro.

El Trinidad Guevara

¿”Vago” fue tu despegue artístico?

Sí. Porque con “Vago” viví cosas que nunca había vivido hasta el momento, como sostener una obra en cartel tres años y actuar a sala llena durante siete meses.

Fue una experiencia transformadora, con sus aciertos y bemoles. Pero una vez más la grupalidad y el hacer fueron la respuesta.

Aprendí muchísimo. Años de formación iban decantando en cada función. Al segundo año de funciones me seguían cayendo fichas sobre el hacer actoral. Y la Negra, mi personaje, era lo más. Como actriz me saqué las ganas de actuar explosivamente. Eso se lo voy a agradecer siempre a Yoska Lázaro, el director, por ver en mí la capacidad de sostener semejante bestia. Fue tan fuerte todo, que les compas pasaron a ser parte de la vida. Especialmente Yoska, Fernando García Valle y Marcelo Saltal. Con quienes siempre tenemos buenas excusas para cruzarnos, compartir un vino y boquear que la vamos a volver a hacer… Regalos de la profesión.

Haber ganado el muy merecido Premio Trinidad Guevara a la Revelación Femenina por “Vago”, ¿te dio más posibilidades de trabajo?

No, para nada. En su momento pensé que sí, me agarró un subidón por buscar posibilidades. Cosas que no había hecho antes, como buscar un representante. Nadie me dio bola.

Tampoco busqué, ni insistí tanto. Soy medio la anti-actriz. No voy a castings, no tengo book de fotos, ni reel. Me gusta actuar y por suerte, de un tiempo a esta parte nunca dejé de hacerlo, eso me colma y me duermo en todo lo que es  buscar más trabajo.

Mi amiga Pilar Ruiz, ya se cansó de retarme. Creo que por eso me convoca para sus obras, ja ja ja, para no dejarme de garpe y que caiga en que tengo “que buscar trabajo”

Pero no, en concreto el premio no me dio más posibilidades. Por algo las grandes maestras y maestros, siempre han dicho que son espejitos de colores.

Hiciste una película con Fabián Díaz en Pergamino que vi y me pareció muy buena, además de tu actuación sobresaliente ¿Cómo fue esa experiencia que te ligo más a esta ciudad?

Fue hermosa. Ya de por sí, que me haya convocado por verme actuar en “Vago” fue hermoso. Es el sueño de la profesión: que estar trabajando, te traiga más trabajo. También toda la movida de viajar, quedarme en Pergamino, compartir horas y horas con el equipo. Hicimos jornada de filmación en mi casa también y hasta nos metimos en un arroyo. Todo hermoso y estimulante. Y el material que Fabián proponía era super singular. Fue super singular. Con una gran carga poética.

Las jornadas de trabajo siempre fueron muy amenas. Fabián siempre atento a todo, hasta los detalles por fuera de la competencia del director, como bien sucede en el arte independiente.

La vivencia que más atesoro y que siempre recuerdo, es la actitud de Fabián para con su rol y el mío. Mi personaje tenía que meterse en un arroyo de Pergamino, con aguas bien marrones, como buen arroyo, por lo que no se veía el fondo, y con gran cantidad de agua, que me llegaría a la cintura. Fabián no solo no subestimó la acción que había que realizar, si no que, a modo de cuidarme y darme confianza, se metió él primero, tanteó el fondo y me dio la mano para que yo entre al agua con menos impresión.

De él aprendí como directora, a hacerme cargo con mi propio cuerpo de lo que se les pide a los otros cuerpos.

¿Cuáles son las dificultades por las que atraviesa una actriz para componer personajes tan viscerales como los que te hemos visto actuar?

Contar con la energía que conlleva. Muchas veces estás disponible para ello y muchas veces te cuesta el resto del día. Encontrar lo orgánico de un hacer visceral y no pasarse (subrayar, empujar) es una dificultad. También encontrar el equilibrio entre la energía que entregas en ese hacer y poder seguir el resto del día.

¿Sos muy autocrítica con tus trabajos?

Muy. Nunca me gusta lo que hago. Siempre me falta o me sobra. Pero me gusta tanto actuar, que lo sigo haciendo a pesar de mi misma.

Mirando a la Romina Oslé actriz, ¿qué pensás que falta?

Uh, de todo. Recién estoy empezando. Quisiera hacer cien obras más, ya. Hacer cine también. Pero el tiempo es finito. No sé cómo hacen les colegas que sostienen cinco proyectos al mismo tiempo.

La verdad también es, que la docencia y los proyectos artísticos que surgen de ella, ocupan gran parte del tiempo.

La experiencia actoral que más espero, es hacer un Lorca.

¿Qué lugar crees que ocupas en el teatro de Capital?

Diminuto. Soy una hormiguita en la jungla de cemento. Y por suerte; somos miles de teatreres les que conformamos el entramado teatral gigante de Capital. Eso es hermoso.

¿Qué mensaje les das a tus alumnos para que sigan en esta actividad?

No suelo dar mensajes. Para mí es simple: o te gusta o no te gusta hacer teatro. Si te gusta lo vas a hacer y sostener (con todo lo que conlleva), y si no, habrá sido una experiencia más en la vida. Sí, hay cosas que son como mantras:

– El hacer es colectivo.

– La respuesta siempre la tiene el cuerpo.

– Disfrutar. El hacer tiene que ser con disfrute, si no lo hay, no vale la pena.

Y los sueños, sueños son…

¿Cuál es el sueño más preciado de Romina Oslé?

Uff, qué pregunta. Acabo de cumplir cuarenta años y vengo de vivir situaciones que nunca hubiera querido vivir, que me cambiaron para siempre. Estoy más bien en un momento de rearmarme, de saber quién soy. Cuando lo logre supongo que volveré a saber cuál es mi sueño más preciado.

Hoy podría decirte que necesito lograr estar en el presente. Ni atrás, ni adelante, “aquí y ahora” como en escena, para volver a disfrutar de todo (familia, amigues, trabajo, proyectos) y el después… que no me importe el después.

Poner la cualidad del “sueño más preciado” me da vértigo, supongo que siempre tuve muchos sueños. Pero podría decir que deseo con todo mi ser: que la vida no se vuelva opaca, que la “adultez” nunca gane, que de una vez por todas no me pierda los detalles de lo cotidiano y por sobre todas las cosas, que haya deseo, que siempre haya deseo.

¿El que te acompañe desde siempre tu pareja (muchos años juntos y una hija también), te ayuda a ser más fuerte en la profesión?

Juan me ayuda a ser más fuerte en todo. Más de la mitad de mi vida, cada vez que miré a un lado estaba él. Y los últimos años ha sido, además, sostén.

En un momento fue mi gran admirador, pero con los años lo perdí. Creo que fue después de haber ido a ver todas las funciones de “Vago” durante meses. Ahora va a los estrenos y ya. Pero bueno antes éramos dos. Desde que somos tres alguien se tiene que quedar con la niña cuando yo estoy en función.

Él es quien más padece mis tiempos que no alcanzan y mi “yo” lleno de tareas y compromisos, pero es el primero en decirme que agarre lo que me surge, es más manija que yo. Supongo que lo hace porque sabe lo que disfruto y además él gana lo más importante del hacer actoral: la juntada del pos-función, ja ja.

¿Con qué personaje de los que has hecho te quedas y cual que tengas muchas ganas de hacer, aun no hiciste? En ambos casos, dame el porqué.

Me quedaría con La Gladys, de “Bailan las almas en llantas” de Pilar Ruiz, porque además de ser un super personaje, es el que más me ha costado construir. Los ensayos duraron más de un año y fueron justo en un momento de mi vida en el que yo solo quería hacer un hueco en la tierra para meterme y no salir más. Así que me costó. Muuuucho me costó, transitarlo, sostenerlo, y por ende componerlo. Gladys tiene una energía arrolladora, que en ese momento no podía pelar. Ahora, con un año de funciones encima y con un “yo” más resiliente, la estoy disfrutando tanto que no quiero soltarla. Porque, además, me obliga a pelar físicamente cualidades que están bastante alejadas de mí, me obliga a “actuar” y qué mejor que eso.

Y el que aún no hice… Yerma…. Mariana Pineda… porque más allá que me gusta sufrir en el escenario, ja ja, son personajes de un universo poético exquisito y complejo. Yo los deseo, pero me darían un vértigo…

¿Hay alguna pregunta que no te hice y que hubieras querido te haga?

Mientras iba contestando me fue inevitable la mezcla de sensaciones. Por recordar, por re-vivir al contar, y me quedaron varias cosas dándome vuelta:

– Que mi mamá es mi gran mentora. No solo siempre estuvo ahí, si no que siempre fue una gran generadora y sostenedora de mi hacer. Hoy en día lo sigue haciendo. Es mi gran sur, para siempre desear hacer más. Es una mujer que, a pesar de todos los pesares de su vida, siempre está en la búsqueda (del conocimiento, de un mundo más amable, del disfrute). De ella también heredé lo académico. Es una mujer que siempre que quiere hacer algo, primero lo estudia. Ya se habrán dado cuenta que una niña le pidió cantar y actuar y no se anduvo con “chiquitas” a la hora de buscar los lugares. Mi mamá es una hacedora de mundos.

– Que mi hacer teatral me permitió encontrar a mis grandes amigues. Desde el Coliseo Podestá hasta la actualidad, atesoro personas que hoy en día son parte de mí y de mi vida. Son mi familia elegida.

– Que aún siento que me falta todo por hacer. Cuando cumplí cuarenta, parte de mi crisis explotó cuando me di cuenta que nunca iba a ser “bailarina profesional” y más allá de si esto es así o no, en ese gesto me di cuenta que seguía teniendo los mismos pendientes que de niña, que una parte de mi aún estaba esperando el momento de poder hacer lo que hasta ahora no había podido. Y ahí llegó parte de una letra de una canción a enseñarme como un yunque, el peso de lo real: “No todo se puede vivir”… parece que la vida no alcanza para las personas que lo queremos hacer todo. Pero por eso hago teatro, que te posibilita el mundo entero. Muchas vidas, muchos mundos, en un mismo hacer. 

Contame tus proyectos de aquí en más

Estoy en busca de vivir en un entorno más amable, más natural. Cuando lo logre, el proyecto será re-armarme, re-encontrarme en la tarea en un nuevo lugar. Será re-fundar LugarOtro, será buscar nuevas posibilidades. Muchas ganas de hacer cine. Muchas ganas de dirigir cine. En fin, muchas ganas.

Jorge Sharry

Trailer "HYPNÖSE"
Película de Fabián Díaz, protagonizada por Romina Oslé y Ramiro García Lapla.

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