ASÍ GERMINÓ, NATURAL

La violencia se fue gestando al amparo de las sombras. Ya palpitaba. Subterránea. Como una semilla que espera su momento en la oscuridad, bajo la tierra, y de repente explota y se abre paso. Inexorable. Hasta que sale a la luz. Así geminó, natural.

No sé cuándo comienza el odio, a partir de qué momento adquiere esa identidad absoluta. Porque no comienza como odio. Comienza como una manera de mirar, de nombrar al que luego va a ser odiado. Primero hay que construirlo. Darle una forma, un color, un olor y por último un nombre. Algo con el que poder identificarlo con facilidad. Que no quepan dudas. Después sólo resta colocarlo ahí, en el lugar del mal. En el lugar del mal absoluto, para después poder odiarlo sin contemplaciones, ni culpa. Quizás cuando ya la indiferencia no alcanza, cuando el ignorarlo ya no es suficiente. Cuando no basta su no existencia porque ya es demasiado tarde, el odio lo llena todo del otro. El odiado se vuelve un todo. Ahí se convierte en sentido. Y no es un «odio irracional», porque si fuese irracional seria entonces efímero. Hablo del odio que perdura en el tiempo, el odio como sistema, el que se convierte en método. Ese odio que para que perdure tuvo que ser antes racionalizado. No hay nada de emocional en eso.

El sistema no se emociona, ejerce la crueldad sin pasión.

Eduardo "Viti" Correa

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