«DEFENDAMOS LA AUTODETERMINACIÓN LINGÜÍSTICA DE LOS PUEBLOS COMO UN DERECHO HUMANO INALIENABLE»

| MURIÓ NUESTRO COMPAÑERO RODOLFO HACHÉN, UN INTELECTUAL IMPRESCINDIBLE |

El amigo querido, Rodolfo Hachen, el alumno con el que me pasaba mañanas enteras hablando de poesía y literatura. Hoy se fue, seguramente riendo de sí mismo y jugueteando con los finales, como solía hacerlo con ese humor tan personal.

«Fofi» para sus amigos y su familia, Rodolfo, el intelectual exquisito que edito libros extraordinarios que vinieron a cambiar las reglas de la lengua, siempre con esa dialéctica desafiante que lo hacía más inmenso en toda su ternura.

Fernando Crespi, su compañero y amigo lo visitó hace poco, cuando ya había pasado del ACV a la maldita ELA, enfermedad que nos compromete con la muerte inexplicablemente y contaba que «mantenía su humor intacto y se reía de su enfermedad; anticipaba como transcurriría todo en el camino al final, con mucha entereza. Fue muy valiente; tenía ese delicado sentido del humor irónico que lo distinguía y qué decir de su trayectoria que nos enorgullece a todos sus amigos y los que compartimos la adolescencia». El humor trasciende la muerte, ya que dejo «documentado» que a su velatorio todes deberían ir vestidos de blanco, su último deseo.

Rodolfo se fue de Pergamino cuando terminó el secundario en el viejo Nacio; se fue a Rosario. Allí estudio, se casó, tuvo dos hermoses hijes, se separó, escribió, viajó a Europa, dio clases en La Sorbona, se quiso instalar, no le gustó, se volvió y con él sus libros que transitaban las mismas idas y venidas y lo hacían más grande en sus decisiones. Rodolfo es uno de los intelectuales más importantes del país aunque su prestigio se asiente en Rosario y la Provincia de Santa Fe. Allí creo el Centro Cultural Ícaro, un lugar de avanzada desde el que editó varios libros: Agonía del blanco (novela); Contra La Fuerza Del Hábito. En torno a la obra de Adolfo Nigro, Bilingüismo, alfabetización y metacognición: Por el respeto a la diversidad.

Fiel a su rebeldía progresista que lo destacó siempre, creó en Rosario el Congreso de las Lenguas: «Le pusimos Congreso de las Lenguas por el que se va a desarrollar en Rosario a partir de mañana, organizado por la Real Academia Española que es una provocación», ya que «declara a una ciudad como Rosario, que fue un crisol de razas, como capital de la lengua española, y nos dicen de qué manera escribir».

«Buscamos el reconocimiento de Iberoamérica y defendemos la autodeterminación lingüística de los pueblos como un derecho humano inalienable», decía.

El congreso fue abierto por el premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel y tuvo como colaboradores en su organización a Osvaldo Bayer, Eduardo Galeano y Andrés Rivera.

Un intelectual necesario que se dio tiempo a estar en Pergamino cuando publicamos «Puertas abiertas» y ser autor de la ilustración de la «nota prohibida» y ahora, escribiendo para La Banquina. Nunca olvido su ciudad y tuvo a su familia, de origen humilde, en el centro de sus cuidados y caricias.

En los últimos tiempos se había dedicado a la fotografía juntos a sus hijos haciendo retratos de enorme valía.

Se fue Rodolfo y seguramente, en estas horas, sus amigos pasearán de blanco distanciando el tiempo y haciendo pequeños vuelos en el contorno para dejarle una caricia al amigo, al intelectual, a ese «chico» grande que pensaba en que no debíamos permitir que nos dijeran como escribir y que la palabra «boludo», entre otras, era de uso necesario: «La cuestión para mí nunca es cuantas palabras usamos, sino cuantas cosas tenemos para decir. Hay una cuestión que se llama economía de la lengua, que es poder decir la mayor cantidad de cosas posibles con la menor cantidad de elementos posibles. Hay gente con un bagaje enorme de vocabulario que no dice nada, la gente efectivamente, con un ‘boludo’, expresa lo que quiere decir, a mí me parece bárbaro. Me parece que lo importante es persuadir».

Gracias, Rodolfo, te hubiéramos querido tener un rato más, pero nos dejas tanto conocimiento que no nos va a alcanzar la vida para desandarlo. Hasta la eternidad siempre.

De todos tus compañeros de La Banquina y muchos más.

Jorge Sharry

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