APUNTES DEL RAFA | SOBRE CULTURA

I

Debemos decir que entendemos por cultura el acto de expresión más originario de un pueblo, en el cual este manifiesta su capacidad de asimilación, constituyendo el tiempo y el espacio donde nos encontramos, donde somos. En esta definición se sintetiza la importancia y se comprende el hecho de porque siempre se ha intentado debilitarla, no dejarla crecer, no dejar que se desarrolle su lengua, su historia, sus valores, los tres pilares que la constituyen. Esto aconteció en el mismo momento en que se decidió marchar como complemento de Inglaterra y de Francia, convirtiéndose en el proyecto más convincente y en el cual trabajaron  muchos de los grandes próceres como Sarmiento (Civilización o Barbarie), Mitre («Confiar en el capital Inglés»), Roca («Todo se debe al capital Inglés»), Pinedo («Esta nación fue hecha con el capital extranjero»). Ellos y muchos otros que tienen su nombre en el bronce y en las calles, bregaron en hacer de la Argentina una réplica de Europa. Esa Europa que deslumbraba con sus adelantos técnicos, económicos, culturales. Esos próceres tan recordados, tan celebrados, no alcanzaron a advertir que se transformaban de esa manera en europeos desterrados, en hombres y mujeres sin historia, ni porvenir, ya que voluntaria o involuntariamente condenaban a verlo todo con ojos ajenos.

II

La admiración por el modelo extranjero fue concretando un pensamiento que denigraba el propio. La civilización, era el progreso, el futuro y era, por sobre todo, Europa; mientras que la barbarie significaba el atraso, el pasado, es decir, todo lo auténtico, todo lo que constituía en esencia al país. De esa manera se fue construyendo una Argentina para pocos, sometida en un todo a los intereses extranjeros que implicó sin esfuerzo la adopción de una cultura ajena, imitativa, que por ende desarrolló una indigencia creativa.

A lo largo de los años los artistas, profesores, escritores, intelectuales de fuste, se encargaron con fruición en consolidar esa cultura, esa educación extranjera que lleva a predisponer las conciencias a favor de la sumisión neocolonial (es interesante realizar un recorrido por las páginas de los suplementos culturales del diario La Nación desde fines del siglo XIX y gran parte del siglo XX para discernir sobre lo que aseguramos en estas líneas).

III

En nuestro apunte de hoy sobre cultura nos parece interesante hacer recordar que las raíces profundas de la colonización se encuentran justamente en la alteración de este aspecto social tan dejado de lado.

A veces creo que es harto conocido este problema y, por momentos, siento ante diferentes comentarios que existe una ignorancia supina sobre qué se entiende realmente por cultura, por nuestras raíces, por nuestro estilo de vida común y observo, sin mucho esfuerzo, como continúa desarrollándose por todos los medios la reproducción de la cultura invasora. Lo hacen a través de la enseñanza curricular, en los centros académicos, en los medios de comunicación. Lo llevan delante de todas las maneras posibles estimulando además la frustración, el descreimiento y, sobre todo, haciendo sentir la imposibilidad de luchar por un mundo mejor.  Lo realizan con tanta profusión y regodeo que permite explicar por qué tantos intelectuales, universitarios, gente del pueblo mismo, tengan esa aversión por los movimientos de raigambre popular.

Ante esto aseguramos que un gobierno nacional y popular debe tener como eje la cultura y debe crear una inmunología cultural con la cual se pueda reponer los tejidos sociales y educativos para fortalecer los valores genuinos y preservar la identidad nacional. Esos son los pasos, indudables, para marchar hacia lo que supo señalar hace ya mucho tiempo Arnold J. Toynbee: «sólo adquiere categoría de nación aquellos pueblos que han sido capaces de elaborar y expresar una cultura propia».

 

Aclaración necesaria: De ninguna manera proponemos en este apunte una cultura meramente folclórica o en cerrar las fronteras a otras expresiones, estableciendo un sistema policíaco de la cultura. Lejos de tamaña insensatez. Lo que decimos es que se hace muy notoria la necesidad de proteger, resguardar y respetar la forma de ser del pueblo, la peculiar manera de ser y de vivir.

A sabiendas de que el mundo se divide en países explotadores y en países explotados no se puede dejar que esa política de expoliación se realice a través de todo lo que implica la cultura.

Rafael Restaino

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