EMILIA MAZER: «LA FUERZA PARA CONCRETAR PROYECTOS IMPOSIBLES EN UN PAÍS IMPOSIBLE ES EL DESEO»

Emilia Mazer es una de las actrices más talentosas de nuestro país. Docente, dramaturga directora de teatro, Emilia no para; el teatro es su consigna, aunque recordemos con mucho afecto sus trabajos tanto en cine como en televisión, pero en teatro no solo cubre las tareas más importantes, sino que genera espectáculos maravillosos que nacen de su propia pluma y está mucho más cerca del teatro off que del llamado «comercial».

Emilia hace su valija, viaja a Córdoba, Mar del Plata, presenta una obra como artista popular y vuelve a una pequeña sala de la gran Capital para interpretar textos suyos con actores queridos y muchos desconocidos, obras excelentes y riesgosas, porque ese es el teatro que le gusta y la identifica.

En su carrera hay grandes hitos como la puesta en escena de «Juana, sacrificarás/santificarás a tu hija», basada en los documentos que certifican el juicio y condena de Juana de Arco, para la que escribió y dirigió para 22 actores y construyó una sala, como ella dice “en un galpón lleno de ratones”. Y esa es su épica, esas son las mujeres que quiere representar y que custodian su aura.

Emilia tiene una estrecha relación con Pergamino; hasta aquí fue y volvió para dejar un Chejov inolvidable.

Emilia Mazer, de cuerpo y alma. 
-Recuerdo mi primer deseo de ser actriz a los 6 años. Hable con mis viejos, fuimos a hablar a la escuela Lavardén,  pero era muy lejos y no me dejaron. Así que empecé nuevamente a los 16 y ahí sí, iba sola cuando terminaba el colegio

“LA CREACIÓN DE UN PERSONAJE QUE SE PUEDE EXPLICAR, NO SUCEDE”

-¿Cómo construye la actriz sus personajes?

-Compongo el personaje desde los detalles: qué piensa, cómo camina, cómo lleva las uñas, qué piensa de sí mismo, qué ideología tiene, pero mi mayor desafío es lograr lo que vi en pocos actores y lo admiré: que el personaje no se parezca a la persona. Y lo he logrado, a tal punto que algunos periodistas me hacen preguntas como si fuera el personaje. A veces necesitamos catalogar a las personas y les ponemos etiquetas y el personaje, aunque esté imantado a la personalidad del actor, no es el actor ni la actriz. Hoy lo siento como un elogio, pero cuando era muy joven me traía un poco de angustia: me han hecho bajar de un taxi el día de mi cumpleaños, cuando hacía «Nano» (N de la R: hacía de villana); me han gritado loca hija de puta en medio de Recoleta por ese personaje. Me pasó en «Buscando a Madona» que la chica es un poco analfabeta y le costaba leer y una señora me dice: «después de los 40 tenés presbicia»… yo hacía un personaje de 16 años y ya tenía más de 40; la miré y le contesté desde el personaje y ya no dijo más nada. Cuando hice «Los chicos de la guerra», película en la que tuve un desnudo que fue bastante emblemático, salí con un chico que pretendía que le hiciera la escena de la película jajaja. Pero amo crear personajes y soy muy obsesiva con eso. Esto es como el TAO, si se puede explicar no es verdadero. La creación de un personaje que se puede explicar, no sucede. Para esa creación recurro a todo y principalmente, a la observación.

-Siendo una mujer de teatro, contame sobre la televisión con programas inolvidables como "Hombres de ley" o "Verdad/consecuencia", entre otros.

-La televisión fue un momento importante de mi vida, me dio oficio, la oportunidad de trabajar con colegas talentosos que se transformaron en mis maestros cuando estaba ávida de aprender algo. Hoy la sigo haciendo a cuentagotas, pero me siguen teniendo en cuenta. Hace poco grabé un programa con Fabián Vena en un capítulo de «Revelados en blanco y negro» que saldrá por el 7; el año pasado estuve en unos capítulos de Disney…   aquella época de grandes programas, donde tuve papeles maravillosos, hoy sigue dando sus frutos en el contexto en el que estamos, que todo es más reducido. Y también que a los actores cuando vamos dejando se ser demasiado jóvenes, nos tienen menos en cuenta. No sé si siempre fue así, pero está pasando desde hace varios años.

-¿Cómo fue tu estar un tiempo en España y otro acá por aquella época?

-Mi experiencia en España, en principio, fue una elección de tratar de ser feliz y se dio que pude trabajar, además de camarera y otras actividades para ganarme la vida, pude ensayar “El dragón de fuego” de Roma Mahieu que nunca se estrenó, con un actor español que trabajaba con Almodóvar y trabajé con La Zaranda. Lo primero que hice cuando regresé a la Argentina fue “Buscando a Madona” con la que volví a España varios meses después. Me fui en los 90 y también en 2002, cuando trabajé en un espectáculo que se llamó “Memoria y olvido”. Siempre extrañé mucho Argentina, me resulta muy doloroso estar lejos de mis amigos y de mi país; así que volví.

-Trabajaste con el Grupo La Zaranda de Andalucía, un elenco integrado solo por hombres ¿Cómo fue la experiencia?

-La experiencia con la Zaranda fue de aprendizaje, me ayudo a valorarme y hay escenas de una de sus obras, «Perdonen la tristeza» dirigidas por mí. Yo era muy joven y me dieron ese lugar. Me hacían caso y también había escenas de mucho machismo que tienen que ver con que Andalucía es muy musulmán y la mujer camina tres pasos atrás, así como ves a una gitana moler a palos a su marido en plena calle, porque no volvió a dormir. Fue una etapa de mucho aprendizaje y eso quedo en m como una marca importante para mi desarrollo como dramaturga, directora y docente.

-Vale la pena recordar en esta etapa al maestro Agustín Alezzo…

-Vale la pena recordar al maestro, porque es imposible olvidarlo y las personas debemos ser agradecidas de dónde venimos. A veces sucede y a veces no, pero siempre me llama la atención la gente que olvida de donde viene y es válido recordar que no fue todo por generación espontánea y que la primera mano me la dio él. Lo recuerdo en cada clase cuando le hablo a mis alumnos y en cada acto de pasión escénica que realizo. Todo es parte de un aprendizaje, de un entrenamiento que alguna vez tuve de la mano del Maestro Agustín Alezzo.

AQUEL CINE DE INICIOS DE LA DEMOCRACIA

-A mí me suceden cosas con Sentimientos (Mirta de Liniers a Estambul) y sobre todo con respecto a tu excelente trabajo ¿Cómo fue esa experiencia que, en tus comienzos, te hizo filmar un tema que era una herida abierta para los argentinos?

-Me es muy difícil hablar para atrás; en la cabeza de una actriz todo queda como retratado en el pasado. Alguna vez alguien me dijo que iba a quedar como un clásico, «Mirtha…». Muchas veces me preguntan de la película como si yo lo siguiera viendo y queda como un pedazo del corazón de una época de nuestro país y nuestro cine. Tanto Coscia como Norberto ya no están. Y recordarlo me resulta doloroso porque con Norberto fuimos amigos por algunos años. Me trae los mejores recuerdos y los más tristes.

-¿Qué recuerdos tenés de aquellos primeros años de democracia en los que, junto a jóvenes artistas, fuiste protagonista de muy buenas películas del cine nacional?

–Los mejores recuerdos. Me resulta muy atrás en el tiempo y me interesa estar más en el presente. Fueron muy importantes para mi esos primeros pasos. He quedado fotografiada en el cine argentino con películas que fueron emblemáticas como «Mirta…» y «Los chicos de la guerra». Me hubiera gustado seguir haciendo cine; filme después unas 13 o 20 películas con roles similares. Hoy me gustaría seguir haciendo cine en otros roles, pero no ocurre…

LA GENERADORA DE “AVENTURAS” IMPOSIBLES

–Digamos que "Juana…", juicio y proceso a Juana de Arco, fue una aventura casi epopéyica: un elenco de más de 20 personas, sin sala, construiste una, la escribiste, actuaste y dirigiste ¿Qué recuerdos te dejo?

–«Juana…» fue como un trabajo imposible. Fue mucha dedicación y vos lo sabes muy bien. Tuvimos que ensayar mucho, te recuerdo haciendo asados y pintando el teatro. Fue mucho trabajo y un proceso muy complicado que curiosamente termino todo con la debacle del 2001 y tuve que cerrar el teatro. Lo único que me da alegría es saber que no me equivoqué, porque mientras que otros perdían plata con «el corralito», yo la perdí en un proyecto en el que abrí un teatro. Hoy donde había un galpón lleno de ratas, sigue habiendo un teatro. Hubo gente que se bajó en el último tiempo. Los que quedaron son los que resistieron, los que valen. Fue un trabajo muy importante y de mucho aprendizaje para mí. A veces me pregunto con qué necesidad me metí a perder dinero, a armar un teatro y a generar un trabajo con tanta gente y es el deseo que me llevo a eso. Este trabajo está en la memoria de gente como vos y gente que me encuentro por la calle; entonces digo: valió la pena. Hablar de «Juana…» como metáfora de una generación de jóvenes que murieron fue para mí, muy importante.

–Y ratificando tu vínculo con Pergamino dirigiste acá en 2005, una versión de "Tío Vania" de Chéjov llamada "Escenas del campo", una de las mejores puestas en escena que se vieron en Pergamino ¿cómo fue tu experiencia y como lidiaste con la distancia para venir y dirigir acá?

–Cumplo 25 años dando clases; he ido a dar seminarios a Pergamino y pude dirigir «Escenas del campo». Ese verano pude ensayar con ustedes durante todo un verano que no trabajé acá. Iba con mi perra, mi exmarido… encontraba la manera y no son estos tiempos en que está la autopista. Había que tomar la Ruta 8 con el miedo que me da viajar de noche. Muchos de Pergamino vinieron a estudiar acá y devolví con mi trabajo todo lo que me dio esa ciudad. Es algo que ahora, con una hija, me costaría mucho hacer. Fue una experiencia muy buena que recordamos felices, así que misión cumplida.

–He sido y soy testigo de tu fortaleza cuando se trata de concretar proyectos propios y no siempre es fácil el "trayecto" ¿de dónde sacas esa fuerza?

–La fuerza para concretar proyectos imposibles en un país imposible es el deseo y cuando pienso que ya no tengo fuerzas y que quiero vivir en una playa en el Norte de Brasil, vuelvo a generar algo. Lo que significa que es algo que me supera. Es difícil, porque siempre hay gente que pone sus propios miedos en la rueda. Alumnos muy avanzados conformaron un grupo y a dos días del estreno con toda la producción hecha, uno de ellos me dice: «no creo que esto lo hagamos» y otros que no pueden ensayar un sábado y otros que no podían tres días por semana. Tres días por semana queríamos; no se pudo, ensayamos dos, pero no pudimos conciliar esos dos ensayos entonces dije me vencieron y abandoné el grupo. Fue la primera vez que abandono algo generado por mí, pero fue muy difícil ensayar durante la pandemia. Ahora arme otro grupo de alumnos, ensayamos tres meses y este año vamos a estrenar en un teatro y haremos dos meses de funciones. Todo eso parece simple, pero es un gran logro, sobre todo ante el bajón que te agarra cuando alguien tira para abajo. En mi estudio, los alumnos aprenden a generar cosas. Generar trabajo y sostenerlo es, a veces, el paso que la gente no decide hacer.

-¿Cómo llegas a concretar "Un encuentro casual" con Alejo García Pintos; vos como autora y codirectora?

-Generamos durante toda la pandemia con un colega, Alejo García Pintos y con un material que yo había escrito un proyecto. Redondee ese material con algunos comentaros de Alejo y estrenamos. Ese proyecto fue tan fluido. Laburar con un par que llega diez minutos antes que yo, que sabe la letra antes que yo y que cuando vamos a un ensayo general –porque dirigimos los dos–, el ya arrancó a trabajar todo… es tan fácil. A veces se trata de con quien uno se junta para potenciar el deseo. El teatro es un laburo en equipo y uno solo no puede hacer nada. Lo más difícil es elegir a la gente que no te tire para atrás. De ahí saco las fuerzas y a veces cuando no las tengo, hay que trabajar.

¿Qué le dirías a una actriz o a un actor que está empezando en esto de trabajar en Buenos Aires o en cualquier lugar?

-Que es un momento muy difícil; está muy caro vivir en Buenos Aires. Vivir de la actuación hoy es una utopía. Hay gente que vive de dar clases, pero para eso hay que tener al menos unos diez años de haber actuado, porque para dar clases hay que haber actuado mucho y no haber hecho solo una obra. Ser actor es una práctica; no es un título. Uno se debe a sus deseos y contra eso no hay consejos que valga. A mí también mis mayores me dijeron que era muy difícil cuando empecé, pero lo pude hacer. Hay que dedicarle mucho tiempo y años. Hoy uno tiene acceso a mostrar su imagen a través de las redes sociales. Cambio el paradigma y con el tiempo no va a ser necesario ni siquiera estudiar actuación, pero algunos locos van a quedar y para esos locos vamos a seguir trabajando.

-¿Proyectos?

– Vamos a hacer «Un barco al infinito», que es una versión libre de las obras de Alejandro Casona y sobre todo de «Siete gritos en el mar». Es una versión libre sobre los últimos días de vida de Alejandro Casona y cómo los personajes de sus obras se van metiendo en su cabeza y, quijotescamente, asume el papel del capitán del barco de «Siete gritos…». Fue óptimo para contar la metáfora de la pandemia, el encierro, la locura y la conciencia de la muerte, contado en tono de humor desopilante.

–¿La escuela de actuación?

–Tengo el placer de tener muchos alumnos que han salido a trabajar, como son tantos que he tenido de Pergamino, gente que ha salido a laburar en sus lugares, o acá en Buenos Aires; que hacen cine, que actúan, que dirigen, dan clases, que se dedican el cien por ciento o el 50 a esto. Y les he dado todas las herramientas para que profesionalmente se puedan manejar. Cursos de casting, técnica corporal, meditación, como hacer un casting, trabajo corporal, relajación, como desempeñarse, como manejarse laboralmente. Siento que la misión está cumplida.

-¿Y el futuro?

Todo está muy difícil hoy y pongo atención de cómo seguir el rumbo. La carrera está difícil, vivir de esto está difícil. A veces pienso que el rumbo esta acá, a veces que está en otro lado y pienso en dejar todo e irme a vivir a una playa que es una posibilidad dentro de unos años. Lo que pasa que, con esa intensidad de deseos, todavía no estoy muy segura de que pueda vivir sin actuar.

Jorge Sharry

Compartir en: