MUJERES Y EXILIO

Este es un intento de recuperar las experiencias de mujeres exiliadas que tuvieron que alejarse de Argentina por motivos políticos durante la década de los setenta del siglo pasado, entre el 1976 y 1983.
Para ello se recurre fundamentalmente a algunos testimonios publicados y a un recorrido por los estudios sobre exilios en nuestro país, enfatizando en una necesaria perspectiva de género.
Vaya mi reconocimiento a las compañeras de mi generación, en estas palabras a aquellas exiliadas de la última dictadura argentina.

Así, la salida forzada del país de miles de argentinos fue un resultado directo de las prácticas represivas implementadas desde el aparato estatal y paraestatal, junto con el secuestro, el encarcelamiento, la tortura y la desaparición sistemática y forzada de personas. Por ello, la historia del exilio de ese período presenta características específicas que lo distinguen de cualquier otro proceso demográfico de emigración argentina previa o posterior. En ese contexto es que el exilio es entendido como migración forzada de carácter político, el exilio aparece, para muchos, como la única opción para salvar la propia vida ante la persecución directa o la de familiares y amigos, o como la consecuencia de una política de expulsión por parte del gobierno dictatorial, o simplemente, como el resultado del miedo o la imposibilidad de desarrollar proyectos profesionales o personales en un contexto de censura y silenciamiento. En este sentido, el exilio argentino —partiendo de lo polisémico y complejo de la noción misma por la diversidad de situaciones que alberga— presenta una gran heterogeneidad según la amplitud de los grupos afectados: militantes políticos y sindicales, peronistas revolucionarios y de las distintas izquierdas —armados o no—, profesionales, intelectuales y una gran cantidad de personas sin militancia política significativa. Por otro lado, se caracteriza por haberse producido en forma desorganizada y en oleadas a lo largo de varios años, especialmente entre 1976 y 1980. A pesar de ello, en forma muy general puede decirse que se trata de un proceso que afectó mayoritariamente a grupos de clase media con niveles educativos medios y altos, y cuyos destinos privilegiados fueron México y España, y en menor medida Suecia, Francia, Venezuela, Brasil, Bélgica, Holanda, Estados Unidos, y muy poquitos en países limítrofes. Los números totales son difíciles de establecer por la diversidad de situaciones de salida.

El relato de quienes se exiliaron no estaba legitimado en los primeros años de la democracia, no sólo por la dicotomía de los dos demonios, sino también desde el campo de quienes seguían sosteniendo los ideales revolucionarios. No había una escucha para los exiliados y exiliadas, ya que el simple hecho de haberse ido los y las convertían en privilegiados a los que se les oponía el sufrimiento de quienes se habían quedado. Hay además un vacío referido a las mujeres exiliadas, quienes compusieron la mitad de esta migración forzada.

Paulatinamente se va reconociendo la importancia de un enfoque de género en los estudios de los exilios, que estuvo ausente hasta hace muy poco en nuestro país. Es importante de rescatar, la mirada en trabajos y reflexiones desde espacios del movimiento feminista.

En la mirada de género sobre la memoria, la identidad y el trauma, el exilio aparece en la vida de las mujeres como un estado caracterizado por múltiples pérdidas. Sin embargo, será precisamente la inestabilidad identitaria, causada por estas pérdidas que empujará a estas mujeres a seguir luchando. En tanto será el espacio desde el cual se convierte, en un disparador que apunta a la construcción de una identidad femenina situada en los márgenes, desterritorializadas, las mujeres construyen identidades propias.

Escuchando a mujeres que han estado exiliadas, podemos ver que, entre los aspectos negativos, que aclaran como de una «primera etapa», señalando que la pérdida del núcleo familiar las hizo sentir muy inseguras, por no contar con una red de apoyo. Hablan de las dificultades para solucionar problemas domésticos en un medio diferente. Los hombres se sentían más vulnerables, afirmaban, y «nosotras teníamos que redoblar nuestra atención hacia ellos». Se produce la ruptura de muchas parejas. «El hombre se siente inseguro y quiere entablar nuevas relaciones con mujeres que no lo vieron en su derrota. La nueva pareja lo visualiza como un héroe». También se mencionan las mujeres que no habían sido militantes y deben ir al exilio con sus familias. Entre los aspectos positivos del exilio se puntualiza «que, en una segunda etapa, la mujer se incorpora y toma contacto con otros grupos de mujeres». En ese sentido el participar y reflexionar en grupos feministas aceleran su madurez política, se sienten hermanas con mujeres de otras culturas, y también solidarias con otros movimientos de liberación.

DIÁLOGOS CON MARÍA DEL CARMEN CONTARDI (NENINA)

Durante la dictadura genocida lograste salir del país y viajar a Paraguay ¿Cómo fue ese viaje?.

En el 78 tuvimos que irnos del país. A través de contactos realizados por mi suegro con un amigo paraguayo comenzamos nuestro exilio. El viaje fue en auto y salimos por Clorinda, cruzamos ayudados por un contacto en una barcaza. El trayecto de Bs. As. a Clorinda que llevó muchas horas ayudó a sentir que cada km. que hacías era alejarte de tu lugar, de los afectos, de la familia, de todo lo que construiste y con la pregunta constante ¿hasta cuándo?. Desde un lugar la ansiedad de conseguir libertad y por otro dolor por irte de tu tierra.

¿Recordás cuándo fue tu llegada a Paraguay?.

Sí, llegamos en mayo del 78. Recuerdo que al mes siguiente comenzó el mundial, tuvimos la suerte de ser recibidos por una hermosa familia que nos abrió sus brazos y sin preguntas nos incorporó a su vida y a su familia.

¿Qué fue lo que los hizo decidir exiliarse en Paraguay?.

La decisión fue un poco compulsiva por la realidad de sentirnos en peligro de perder la libertad. Leonardo había sido liberado en marzo. Llegan noticias de mi familia que mi casa de Santiago del Estero había sido allanada de nuevo y esta vez lo buscaban a él también. Evaluamos que seguir moviéndonos en el país era peligroso, que podíamos «caer» en cualquier momento o lugar y tomamos la decisión de irnos.

¿Cómo repercutió el exilio en tus padres y en tu familia recién formada?, ¿alguno de los compañeros que tuvieron que irse del país coincidieron en el mismo lugar de ustedes?.

La toma de decisión de irte es dolorosa, personal y a nivel familiar. Yo con mi familia me comunicaba poco y a través de terceros por razones de seguridad por supuesto. La decisión y la partida pasó en una semana más o menos. Yo no pude avisarle ni despedirme de ellos, por razones de seguridad y el tiempo de que me iba era otro dolor más. Eso me produjo una angustia extra durante ese largo viaje.
Mis suegros me hicieron la promesa de viajar a Santiago y contarles personalmente de la decisión y donde estábamos.
En cuanto a compañeros después de un año nos encontramos con un compañero lo que significó una alegría enorme, por fin alguien con quien hablar y compartir momentos, experiencias, charlas políticas, estábamos tan tabicados, eso significó mucho.

Y vos como mujer, ¿cómo viviste el exilio?, ¿cómo influyó esa experiencia en tu vida posterior?.

El exilio me atraviesa, al principio, en medio del reencuentro con mi pareja (años de cárcel) aprendiendo a ser mamá y el comienzo en un lugar desconocido, lejano. De todos modos, creo que lo más difícil fue la nostalgia, el desarraigo… en mi provocó negaciones, hoy a la distancia me doy cuenta de lo tontas o inútiles, pero estaban. Quería preservar por lo menos en mi casa costumbres, modismos argentinos, me negaba a que mis hijas usaran modismos de allá, que hablaran como paraguayas o que usaran palabras en guaraní. Hoy mirando hacia atrás sé que también fuimos felices allá, encontramos afectos muy valiosos y sobre todo estábamos juntos y en libertad. En cuanto al papel de la mujer en la sociedad paraguaya, extremadamente patriarcal, fue otra lucha. Allá la mujer ocupaba un segundo plano, hasta caminaba algo atrás del hombre, nunca se veía un hombre en la calle con su hijo en brazos o llevando una bolsa o paquetes si iba con su mujer, era signo de debilidad en la pareja, así nos lo hizo saber este entrañable hombre paraguayo que nos recibió en su casa. Eran pocas las mujeres realmente independientes, la mayoría asumía su lugar de ama de casa, madre y esposa, hay muchas anécdotas que recuerdo, hoy me río, pero era muy triste ver tanto sometimiento hasta para expresar ideas propias.

Pareciera que el tema del exilio aún no ha sido abordado en profundidad. Un dato curioso es que en el Nunca Más de 1984 no hay nada referido al tema. ¿Cuál te parece que es la razón? ¿Conocés si hay programas de reparación para los exiliados?.

Sí, es así, el exilio no es un tema tratado como otros de las grandes delitos o violaciones de la dictadura. Creo que ante el horror que significaron las desapariciones, asesinatos, torturas, robo de bebés, cárcel, el exilio fue quedando atrás, los daños fueron otros… desarraigos, perdida de afectos y lazos familiares, trabajos, carreras, identidad sobre todo en los hijos y ante la magnitud e irreversibilidad de lo otro se priorizó la búsqueda de justicia por esos crímenes.
Hay leyes reparatorias por exilio, pero lamentablemente son muy pocos los compañeros que han logrado conseguirlo. Se ponen muchas trabas y exigencias para demostrarlo, es un juicio donde hay que probar fechas lugares, etc. Se hace muy difícil sobre todo dar fechas de salida del país certificadas cuando saliste clandestinamente. En lo personal tengo iniciado el pedido hace más de quince años y no conseguí nada.

Tratá de cerrar los ojos y revivir la imagen del día en que volviste al país, trata de describir la sensación.

Tengo dos imágenes muy significativas, la primera cuando arriba de la barcaza con Florencia en brazos veía la costa de mi país alejarse y con el corazón latiendo fuerte pensar «tengo que volver, voy a volver a mi Patria» y la otra es la de la vuelta después de pasar lo controles mirar la ruta que se abría y pensar estoy en mi país y decirle a mis hijas esto es Argentina pisen, esto es tierra argentina.

LA MIRADA DE UNA HIJA

Florencia, hija de Leonardo de la Valle y Nenina Contardi.

Cuando pienso en exilio, pienso en mis viejos. No pienso en mí, o en mi hermana. Sólo pienso en que lo duro fue sólo para ellos. De alguna manera hicieron magia de esa que hacen los padres y madres para que nuestras vidas sean, al menos, amables.

Así que no puedo hablar de mis recuerdos del exilio. Sí puedo hablar de la avalancha de cosas que vinieron a la vida cuando, ya casi adolescente, mis padres decidieron contarnos «la verdad» de por qué habíamos vivido 6 años en Paraguay.

Y fue terrible. Nos enteramos en un ratito de la dictadura, de que mi viejo había sido preso político, de que mi vieja andaba embarazada escondiéndose, y de que, eventualmente, pudimos y tuvimos que escapar.

Tan tan raro es tener que rearmar en tu cabeza toda tu historia… De repente aparecen conclusiones, como que fuiste al casamiento de tu tío con tus abuelos; como que siempre te visitaban tus abuelos o tíos en Paraguay, pero tus viejos no visitaban a nadie en Argentina; como que de repente un diciembre, de la nada, nos volvimos en un Citroën los 4.

Así que recuerdos del exilio no tengo, tengo recuerdos de mi infancia, rodeada de adultos haciendo magia para que mi hermana y yo tengamos una infancia feliz. Y a tod@s ell@s les agradezco y les hago monumentos mentales y espirituales.

Porque tapar y disimular y ocultar debe haber sido una mochila extra que cargar en todo SU proceso personal.

A veces pienso en todas las miradas que me habré perdido, en los malabares que no noté, o en el jeringoso que hablaban mi mamá y abuela. Ahora caigo, ahora sé que no hablaban de COpoSApas DEpe GRANpaDEpes, hablaban, seguramente, de EpeXIpiLIOpo.

Florencia De la Valle.

Fuentes:
DAVIDOVICH, Karin. 2016. «Voces femeninas. Género, memoria y exilio en las narrativas testimoniales argentinas» en Kamchatka. Revista de análisis cultural 8 (11-22)

JENSEN, Silvina (2005a) «Reflexiones sobre el lugar de las mujeres en la memoria del exilio. Las exiliadas argentinas en Cataluña». En Sara Guardia (comp) op.cit.

Silvana Gerlo

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