CUANDO EL ESTADO MATA, MATA DOS VECES

Foto gentileza Carmen Rolandelli.

“Cuando el Estado mata, mata dos veces”, fue la frase que grito al tribunal con voz tan dolorida como firme el día de la sentencia por el juicio sobre la muerte de su hijo. Ocurrida el 2 de marzo de 2017 en la excomisaria Primera de Pergamino junto a 6 pibes más.

Cristina Gramajo, madre de Sergio Filiberto, víctima de la Masacre, viuda, tres hijos, enfermera, hoy jubilada, siempre cuenta que ese dos, ella se estaba preparando para ir a llevarle la comida como lo hacía todos los días desde el 18 de enero, sólo fueron 28 días para que su hijo hiciera el clik que necesitaba para comenzar su nueva vida, el día anterior 1 de marzo habían hecho en su casa el informe socioambiental que le otorgaría el arresto domiciliario hasta el juicio, ese informe nunca llegó, «Sergio no tuvo la oportunidad de cambiar, no se la dieron».   

A pocos días de ocurrida la masacre, aún con la carne viva por el dolor, Cristina entendió que no había sido una pelea, ni un motín, ni otra protesta, que se trataba de una masacre perpetrada por el Estado a través de sus funcionarios que estaban al cuidado de jóvenes detenidos sin condena, ni juicios. Inmersa en ese giro de 180 grados que había provocado para su familia la muerte de su hijo, su hijo menor, «el más chiquito, el más mimado y protegido», se propuso comenzar el camino por el pedido de justicia, también supo ver que la lucha era desigual, que la corporación policial y judicial no utiliza la misma vara para proteger y castigar y que la lucha y su lucha no era individual sino colectiva. –«Aquí no se trata sólo de mi hijo, son siete los hijos que hemos perdido».

Del mismo modo nace el colectivo «Justicia por los Sie7e» integrado por organizaciones sociales, de DDHH y militantes con el objetivo de acompañar a las familias y lograr justicia, así se tomó la calle, una marcha cada mes, cada 2, durante dos años hasta la espera del juicio oral. Se intentaba torcer la idea imperante en la sociedad conservadora pergaminense que lo ocurrido había marcado a nuestra comunidad, nos había sucedido a todas y todos, porque ante la violencia institucional somos vulnerables. Cristina fue una precursora para el armado del colectivo y sostén de éste.

En el año 1977 en los llamados «años de plomo» para nuestro país, en medio de la dictadura cívico militar, eclesiástica, mediática y económica más atroz del siglo XX, las madres de los jóvenes desaparecidos/as comienzan a reclamar al Estado Argentino la aparición con vida de sus hijas e hijos, decidieron «transformar el dolor en lucha», salieron de sus vidas cotidianas para hacer de esta lucha su motor de subsistencia, de esta manera, se organizaron, se capacitaron, se formaron y nos dejaron el legado más grande de organización y resistencia que conforman la base de las luchas actuales, hoy las madres de víctimas del gatillo fácil, de la violencia policial y estatal también supieron y saben transformar el dolor en lucha, levantando las mismas banderas, de reclamo y pedido de justicia como reparación ante la injustica.

Todas y todos los que conocemos a Cristina Gramajo sabemos la fortaleza, garra e ímpetu que tiene ante la adversidad, porque no la detienen las adversidades a pesar de haber atravesado el dolor más grande que puede vivir una mujer, la pérdida de su hijo, más aún cuando esa muerte se podría haber evitado, como así quedó demostrado en la sentencia del juicio oral a los 6 expolicías encontrados culpables del delito de abandono de persona agravado por su condición de funcionario público. Ella supo transformar el dolor en lucha, transmutar su cotidianeidad a la lucha contra cualquier injusticia y hoy a 5 años de la masacre de la ex Comisaría Primera se convirtió en una referente para Pergamino, acompañando a otras madres, sobrevivientes o víctima contra la violencia institucional; integra colectivos de familiares víctima, y tiene un objetivo claro visibilizar el flagelo del consumo problemático de sustancias en los/as jóvenes que como ella dice «fue el común denominador en nuestros hijos» y lo sigue siendo en un gran porcentaje de pibes que están en situación similar a la que lo toco vivir al suyo.

Así canaliza su dolor «Sé que es difícil entender estas cuestiones, cuando siempre estuvimos aleccionados por el algo habrán hecho, por algo estaban ahí. Si como sociedad no sentimos que eso nos lesiona a todos/as y si lo naturalizamos seguirá pasando como fue la Masacre aquí en nuestra ciudad, al año en Esteban Echeverría 10 víctimas fatales, en 2019 la Masacre de Monte, siempre bajo la tutela del brazo armado del Estado». Cris se aferra a la foto de su hijo en una remera, en un pin, o en el pañuelo que reza la frase Jus7ticia por los 7, para gritar en cada marcha, en cada acto que el «Nunca Más es ni un pibe menos»…

A 5 años de la Masacre de la ex Comisaría Primera seguimos reclamando Justicia, cárcel común para los asesinos, no a la domiciliara, mataron con total impunidad y nunca pisaron un penal. «La Injusticia de la Justicia o cuando el Estado mata, mata dos veces».

Karina Gorordo

A 5 AÑOS DE LA MASACRE.

Las imágenes forman parte de una muestra fotográfica que estará expuesta en el sitio de memoria ex comisaría 1ª durante este aniversario. Las fotos fueron tomadas por Carmen Rolandelli, Andrés Muglia y la CPM.

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