ESCENAS DE FÚTBOL INFANTIL | 11

Escena 11.

Está en primer año de la secundaria, pero ya repitió dos veces. En lo que va del año de cursado, se candidatea a repetir de nuevo. Va a la escuela a la mañana y a la tarde hace changas. A la tardecita-noche practica fútbol en un club que le queda lejos de su casa. Se traslada a todos lados en bicicleta. A mitad de año se compra una motito tipo scooter, usada, que suena más de lo que anda y que tira humo como una película de Pino Solanas.

Y se la pasa hablando de fútbol. Además, los fines de semana, cuando no juega con su equipo, está horas jugando al fútbol 5 en una canchita que regentea la hermana de un amigo suyo, que como no la alquila nadie, se las presta a su hermano y sus amigos. Éstos se pasan horas y horas jugando partidos de maravilla, a veces picantes y raspados, y otros con lujos inusitados que quedarán registrados solamente en sus propias memorias.

El lunes, en la escuela, se vuelve a hablar del fulbito del fin de semana, recordando jugadas o peleas. Faltó el docente de las 10 y se arma partido de fútbol con lata de gaseosa aplastada, en el patio cerrado del primer piso. Mucho golpe, mucha barrida incontrolable que pasa de largo peligrosamente, por el solo gusto de deslizarse sobre el patio encerado.

A las 11, en la clase de matemática, hay un olor a chivo casi insoportable en el salón. Los cabellos y las remeras transpiradas y las frentes brillosas de los estudiantes, denotan quienes jugaron. En plena clase se sigue hablando del partido y en su hartazgo, la docente los para:

­–Fútbol, fútbol… y dale con el fútbol. ¡Chicos! ¿no saben que la carrera del jugador de fútbol es corta?! ¿A ver Carlos? ¡Piense en su futuro! ¿Qué va a ser cuando a los treinta y cinco años no pueda jugar más al fútbol?

–Y!… voy a ser técnico, profe!

Lirio Rocha

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