TRAJINAR LOS DÍAS

Tiembla todo, todo el tiempo, o casi… y uno se adapta, o no. Pero el movimiento es constante, permanente. Y está bien. Eso es la vida: un moverse todo siempre. Incluso, unx… No se puede estar quieto, aún en la quietud.

Lo que sí, todo siempre trae aparejado consecuencias. Es lógico. Forma parte del mismo movimiento; que las cosas cambien siempre. Y unx con ellas. Mal o bien. Así, en más de una ocasión, se descubren las cosas, o unx a sí mismo. Y la vida va. A veces cuesta mucho, y otras lo contrario.

Pienso en todo esto, tirado en el somier; afuera la ciudad sigue con su ritmo frenético, sin importarle nada, sin esperarme… Y hace bien. Porque no hay que esperar nada, de nada ni nadie. Simplemente, seguir nuestro cauce; con nuestros errores – que son muchos -, nuestras torpezas – que son otras tantas – y algún que otro acierto – siempre pocos, muy pocos – Pero seguir nuestro cauce…

Aunque nos cueste. Desde el movimiento o la quietud – que nunca es tal, cien por ciento, al menos – Sigo pensando en esto, mientras escribo. Vengo de una sesión de fotos para el lanzamiento de una obra nueva, que voy a reestrenar, como actor, en algunas semanas; mi hijo tuvo un examen importante para ver si entra a un determinado colegio secundario, y en unas horas tengo que estar listo para ver la obra de un amigo colega teatrista. Como ven, todo sigue su cauce; no hay forma de evitarlo. Conectemos o no conectemos. Aunque, por momentos, y me hago cargo, desearía no conectar mucho más con nada, o casi. Pero sigo. Pese a mi sinnúmero de torpezas, a todo nivel, y de las que, claramente, no me enorgullezco… Supongo que serán, que están para ir aprendiendo a desterrarlas, creo. Al menos, eso espero. Pero un guerrero no detiene jamás su marcha, como leí alguna vez. Me gusta creer en eso.

Tratar de ir aprendiendo, de todo, sobre todo de aquellas imperfecciones, errores y cosas feas que unx tiene… Para tratar de modificarlas, y ver si en ese proceso vamos a un encuentro con unx un poco menos enrollado, y más placentero. Ojalá. Así el andar será un poco más relajado, y quien te dice, hasta más bello…

Soy un muchacho de acción, aunque nunca me haya destacado como hacedor de proezas, de ninguna índole, nada más lejos que yo de todo eso. Más bien todo lo contrario. Habrá que seguir el cauce, seguir aprendiendo, aceptando, modificando los errores – siempre se puede. Eso creo. O quiero creer, al menos -, y tratar de seguir creciendo… Que la vida es movimiento, y en ella estamos insertos.

Por eso, en un rato, me voy a levantar de la cama, bañarme, y salir rumbo a la función de mi amigo, que el cauce sigue y sigue llevando y trayendo… Y yo voy en ello.

Estoy en eso. Como todxs.

Y que todo siga su compás; allá vamos. Creer o reventar.

Elijo optar por lo primero.

Marcelo Saltal

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